Castillo Perú
El primer presidente "pobre" de Perú

Más de cuarenta días tuvo que esperar Pedro Castillo, presidente electo de Perú, para que la autoridad electoral proclamara su triunfo en segunda vuelta. Ganó los comicios por poco más de 44.000 votos y por estos días le cambia el rostro a sus compatriotas.

Campesino, maestro rural y sindicalista es la antítesis de su contendora, Keiko Fujimori, quien a regañadientes aceptó resultado electorales con palabras que más bien suenan a afrenta.

¿Cómo arranca su plan de trabajo?

«No más pobres en un país rico» ha sido su lema de campaña electoral ratificado en su primer discurso como presidente electo.

Desde su plataforma electoral plantea tres ejes centrales para cimentar gobernabilidad: salud, educación y agricultura. El agro es punto central en la propuesta porque 7 de 33 millones de sus conciudadanos viven en el campo.

A la promesa de crear un millón de puestos de trabajo, hay que sumarle el anuncio de la realización de una Asamblea Nacional Constituyente que reemplace a la actual Carta Magna que antepone la economía de mercado por sobre la vida de los peruanos.

Por las dudas, medios económicos locales aliados con transnacionales resaltan sus palabras: «No somos chavistas, no somos comunistas, nadie ha venido a desestabilizar a este país, somos trabajadores, somos luchadores, somos emprendedores». No vaya a ser cosa, que pensar en bienestar común se asocie al comunismo y huyan las transnacionales que tantas ganancias le expoliaron al Perú.

Pedro Francke, principal asesor económico de Pedro Castillo, ha dicho a la agencia internacional de noticias AFP: «No haremos expropiaciones, no haremos estatizaciones, no haremos controles de precios generalizados, no haremos un control de cambios que haga que no puedas comprar y vender dólares y sacar los dólares del país».

Excepto el nombramiento de Julio Velarde en el Banco Central, hasta ahora, no hay más líneas de cómo será entonces el «capitalismo más solidario» al que alude el presidente electo Castillo. Porque ya se sabe que dos grandes proyectos mineros, Tía María y Conga, «no van» y que se renegociarán los contratos con empresas transnacionales que operan en el país para que el 80% de las utilidades permanezca en Perú y el resto se quede en manos de las firmas.

Teniendo en cuenta que siete compañías con mayor facturación en el país: Alicorp, BCP, Inkafarma, Antamina, Ferreycorp, Trafigura y Scotiabank están identificadas como subsidiarias o tienen filiales en territorios de opacidad tributaria, llamados paraísos fiscales», habrá que ver cuánto puede avanzar en justicia tributaria el también llamado «presidente pobre de Perú», porque el sistema de conexiones políticas y los apoyos financieros que brindaron al partido de Keiko Fujimori está ahora fuera de eje.

El Perú profundo minero le dio a Castillo el 80% de los votos para que se revisen aspectos de base del sistema económico y sobre todo, aplaste la corrupción masiva de la cúpula política.

Keiko Fujimori: ¿la gran piedra de tranca?

El rol que ocupe Keiko Fujimori será de gran importancia para el destino democrático peruano. La dirigente complicó y mucho al Congreso con bancas ganadas en su elección en el mandato anterior. Esas bancas representaron un desafío constante al Ejecutivo. El avance de los movimientos de ultra derecha y los discursos anticomunistas en la política nacional peruana ya hacen parte de la realidad cotidiana en los medios de comunicación locales.

El destino judicial de Keiko entraña otro misterio al cual debemos estar atentos. La gestión presidencial de su padre, Alberto Fujimori disolvió el Congreso y estuvo estoqueada de principio a fin por la corrupción. La solidez institucional que busca Castillo podrá estar en jaque con una Keiko Fujimori que al Perú inclusivo lo quiere sólo en fotos para las redes sociales.

Los vientos de Latinoamérica con justicia social se transforman en tempestades en aquellos pueblos que están en línea con el gran hegemón del Norte. Enfrentarse a los poderosos en Perú podría provocar un tsunami político en un país en permanente torbellino.

Marcela Heredia