La necesaria cuarentena que cumple Venezuela, consecuencia de la pandemia por COVID-19, sucede en medio de importantes dilemas para el país; uno de los principales es el suministro regular de gasolina, que impacta a otros sectores de la vida nacional, principalmente el transporte de alimentos, de las fuerzas de seguridad del estado e incluso, del personal de salud que atiende las consecuencias del virus en el país. 

La caída de la producción petrolera sumada ahora a la de los precios del crudo en el mercado internacional, y la dificultad para importar insumos, incorporan nuevas restricciones a las ya existentes de cara a la gestión de la crisis. Por ahora, especialistas sugieren al gobierno abrirse a la importación de gasolina por parte de privados, al tiempo que el Ejecutivo ha anunciado que está trabajando en el arranque de la refinería El Palito, cuya capacidad instalada garantizaría la cobertura de un importante porcentaje de la demanda interna actual.

Una de las trabas para la producción del combustible en estos momentos, es la falta de éter metil tert-butílico (MTBE), un aditivo fundamental para la adecuación de la gasolina al parque automotor, el cual no se produce actualmente en el país y cuya importación provenía principalmente de la Costa del Golfo (Luisiana y Texas), y junto a otras empresas, CITGO era quien lo suministraba a PDVSA.

Es importante decir que Venezuela cuenta con la capacidad instalada para producir gasolina. Las dificultades en este panorama apuntan a la situación actual de las refinerías, pues su capacidad de recuperación y producción está impactada por la caída de los precios de crudo, que impide la inversión que necesitan, la falta de mantenimiento y paradas obligatorias. Inversión, conocimiento técnico, gerencia y voluntad política son los ingredientes indispensables y que juntos pueden garantizar la puesta a punto de estas infraestructuras.

En cuanto a las amenazas del entorno que impactan en la recuperación de la capacidad refinadora del país, hay que mencionar la política de los Estados Unidos hacia Venezuela, la cual apunta a seguir avanzando en las sanciones contra el país, con lo cual se puede pensar que el cerco puede extenderse a las importaciones por parte de privados de aditivos o de gasolina. 

Como alternativa, debe pensarse en la modificación de los altos patrones de consumo de combustible en el país, el cual hasta el presente se ha visto estimulado por los bajos precios de la gasolina; la posibilidad de una comercialización diferenciada, donde exista un precio internacional y otro subsidiado lo cual pasaría por una comercialización privada; así como estimular el crecimiento del parque automotor que se abastece de Diesel y de Gas natural para enfrentar la situación.

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