El Presidente de Hinterlaces analizó en el programa A Pulso, de VTV, los resultados de sus más recientes estudios de opinión pública, revelando una reconfiguración profunda del mapa político, cultural y emocional de la sociedad venezolana.
La economía, nuevo eje de la identidad nacional
Oscar Schémel, presidente de la firma venezolana de inteligencia, Hinterlaces, afirmó que la economía ha dejado de ser un tema coyuntural para convertirse en un factor definitorio de la nueva cultura nacional popular en Venezuela. Con más de veinte años de seguimiento sistemático del comportamiento político y cultural de la sociedad venezolana —a través de mediciones mensuales y estudios cualitativos mediante grupos focales cada dos meses—, Schémel sostuvo que la realidad económica ha reconfigurado la identidad colectiva del país de manera estructural.
«La nueva economía posrentista no es un tema accidental ni coyuntural. Es un tema que está definiendo nuestra identidad nacional.»
Según los datos de Hinterlaces, los venezolanos nunca antes habían estado tan unidos en torno a un tema fundamental como lo están hoy en relación con la economía. El fenómeno trasciende las divisiones ideológicas históricas. Cuando se les pregunta por la paz, la responden en términos de «tranquilidad» económica; cuando se habla de unión, la expresan como la capacidad de emprender, trabajar y resolver juntos.
«Nunca en la historia contemporánea de este país los venezolanos han estado más unidos que con relación a la economía y los temas fundamentales.»
El fin de la polarización y el surgimiento de una nueva mayoría pragmática
Uno de los hallazgos más significativos que presentó Schémel es lo que describe como el fin definitivo de la polarización política que caracterizó a Venezuela durante las últimas dos décadas. En su lugar, ha emergido un amplio centro político que supera el 60% de la población, compuesto por ciudadanos que se autodefinen como «ni chavistas ni opositores» y que han elaborado una visión de sociedad propia, capaz de atraer a los extremos en lugar de ser disputado por ellos.
«Hoy lo que hay es un inmenso centro político de más del 60% que ha elaborado una visión de sociedad propia, capaz de convocar a la mayoría de los venezolanos. Ya es el factor que cautiva a los extremos, no los extremos cautivan al centro político.»
Este nuevo centro, que Schémel califica de pragmático y resiliente, no responde a coordenadas ideológicas rígidas, sino a la búsqueda concreta de soluciones a los problemas económicos. Quiere Estado, pero también empresa privada. Quiere institucionalidad, paz y unidad. El analista lo sintetizó con una formulación que considera clave para comprender el momento político venezolano: «Los chavistas se dieron cuenta de que el Estado solo no puede. Y los opositores se dieron cuenta de que la empresa privada sola no puede ni debe. Y que juntos deben trabajar en paz y unión.»
«No es desideologización ni despolitización. Es que, dada la urgencia de soluciones, la gente prioriza lo que de la manera más rápida resuelva sus problemas económicos.»
Schémel precisó que este centro político tiene una inclinación relativa hacia el chavismo, no por identificación ideológica plena, sino porque comparte valores construidos durante un cuarto de siglo de hegemonía simbólica, emocional y cultural. Lo denomina una nueva mayoría pragmática: aquella que evalúa a sus líderes no por lo que dicen y prometen, sino por los resultados que demuestran.
Delcy Rodríguez: un liderazgo gerencial con respaldo mayoritario
En el plano del liderazgo político, Schémel presentó datos que apuntan a un sólido posicionamiento de la presidenta encargada Delcy Rodríguez. Más del 70% de los venezolanos tiene una opinión favorable de su gestión, y más del 60% confía en que pueda resolver, al menos en parte, los problemas económicos del país.
«Para la mayoría de los venezolanos, tres de cada cuatro, en este momento solo Delcy Rodríguez puede resolver los problemas económicos del país, frente a una oposición que todavía no termina de convertirse en alternativa.»
El 81% de los encuestados prefiere que Rodríguez continúe como presidenta gestionando los problemas económicos, antes que venga un gobierno de oposición. Lo que los venezolanos valoran de su liderazgo, según Hinterlaces, es su preparación técnica, su carácter, su capacidad para el diálogo y la construcción de consensos, la brevedad y precisión de su discurso, y lo que los estudios recientes identifican como una cualidad gerencial: aproximadamente el 60% la percibe más como gerente que como política.
«Es otro tipo de liderazgo distinto al que conocimos. Es un liderazgo más asociado con la gerencia que con la política.»
El discurso
Schémel señaló que el discurso del 3 de enero y el mensaje a la nación más reciente de la presidenta encargada representan dos momentos dentro de una arquitectura discursiva capaz de avanzar en la construcción de un liderazgo diferenciado.
El primero mostró a una líder capaz de gestionar la crisis institucional. El segundo, a una líder que ejerce el poder y define el rumbo del país. «Pasamos de un liderazgo circunstancial, accidental pero constitucional, a un liderazgo verdadero de conducción, de interpretación, de propuestas, de horizontes», afirmó.
Por otra parte, el discurso presidencial convierte a la economía en el terreno central de la definición de la nación y la legitimidad política. Esta operación es coherente con el hallazgo transversal de los estudios de Hinterlaces: el pragmatismo social profundo que hoy define el comportamiento social venezolano. De hecho, el discurso de la presidenta Rodríguez ya no habla principalmente en términos ideológicos sino en términos de indicadores, tendencias, compromisos de gestión y soluciones.
La oposición: capitaliza el descontento pero no se convierte en alternativa
El análisis de Schémel sobre la oposición es categórico: sus dirigentes más visibles registran niveles de rechazo de entre el 80% y el 90% de la población. Nombres como Leopoldo López, Juan Guaidó, Julio Borges y Antonio Ledezma encabezan la lista de los líderes más impopulares del país.
Las razones que expone el consultor en comunicaciones son estructurales, no coyunturales. La oposición venezolana, en su lectura, nunca ha presentado un proyecto de país, nunca ha dibujado un horizonte, nunca ha convocado emocionalmente a la mayoría. Ha operado beneficiándose del descontento, sin transformarlo en propuesta.
«La oposición capitaliza el descontento, pero no termina de convertirse en alternativa.»
Schémel identifica en la desconexión social un factor determinante. Buena parte del liderazgo opositor radical proviene de sectores acomodados de la sociedad venezolana, sin contacto orgánico ni emocional con las aspiraciones populares. A ello se suma su llamado a las sanciones internacionales, la promoción de intervenciones militares y el aislamiento internacional, posiciones que chocan frontalmente con una población que reclama paz, unión y prosperidad.
El bloqueo como eje articulador del discurso nacional
Schémel dedicó parte de su análisis al papel del «bloqueo» —las medidas coercitivas unilaterales aplicadas contra Venezuela— como significante central en el discurso político actual. Nueve de cada diez venezolanos rechazan la aplicación de sanciones contra el país, un porcentaje que el analista califica de rechazo casi unánime.
«Es quizás una de las pocas veces donde el bloqueo aparece como eje unificador, como eje significante de la realidad económica.»
El presidente de Hinterlaces señaló además que en el pasado reciente no existió un relato suficientemente certero y articulado que explicara el impacto de las sanciones sobre la vida cotidiana de los venezolanos. Destacó también que las mujeres son el sector más afectado —y el que más resiente— los efectos del bloqueo económico, por su rol central en la organización del hogar, la alimentación familiar y el sostenimiento de la economía doméstica.
«Entre hombres y mujeres, las mujeres resienten más el bloqueo. Son las que alimentan, organizan el mercado, dirigen el hogar.»
Una oportunidad histórica y sus riesgos
Schémel cerró su análisis señalando que el chavismo enfrenta una oportunidad histórica: liderar la comprensión y apropiación de los nuevos códigos culturales, del nuevo sentido común venezolano. Pero advirtió que esa oportunidad tiene una condición: traducirse en resultados económicos tangibles para las familias.
«Lo que hay que temer es que si no hay respuestas suficientes y contundentes, la población o un sector de ella pueda frustrarse y eso genere demandas de cambio radical, como ha ocurrido en otros países de América Latina.»
La hegemonía, recordó, no es un estado estático. Obliga a adaptarse, a mutar, a resintonizar con la sociedad. El analista fue claro en que el principal adversario del chavismo no es la oposición, sino la economía. Y que a partir del desempeño económico, la ciudadanía evaluará —y condicionará— su respaldo político y social.
«El chavismo ha sido durante los últimos 25 años la principal fuerza hegemónica, simbólica, emocional, cultural. Pero la hegemonía es un proceso dinámico que obliga a adaptarse, a transformarse, a resintonizar con las sociedades permanentemente. Resulta estratégico entonces renovar los relatos y apropiarse del lenguaje preponderante.»








