Pablo Hasél España
España, Pablo Hasél y la opresión Real

La condena a prisión del rapero catalán Pablo Hasél por cantar contra el Rey Emérito Juan Carlos y denunciar la opresión y el fascismo de la monarquía española despiertan una ola de solidaridad mundial y abren debate sobre la libertad de expresión, un derecho consagrado en las Cartas Magnas de Estados de todo el mundo.


El tema que canta Hasél y desemboca en esta cacería como en tiempos de la Inquisición, se llama «Juan Carlos, el bobón».
La canción fue prohibida, silenciada incluso en redes sociales. El rapero respondió que no es su culpa que tengan un Rey que se va de cacería de elefantes con dinero público. O que esté prófugo de la justicia por un caso que la Fiscalía suiza investiga: 65 millones de euros que recibió el rey Juan Carlos, como presunta comisión de Arabia Saudí por haber intervenido en la concesión a empresarios españoles de la construcción de un tren que une Medina y La Meca y que transfirió a su ex amante.

El Rey Emérito no se somete al escrutinio de la Justicia, como cualquier otro ciudadano y según la Casa Real se encuentra en Emiratos Árabes Unidos desde el 3 de agosto del año pasado. Vive impune aunque su hija la infanta Cristina y su esposo preso, Iñaki Urdangarin, no corrieron igual suerte.

Hasél no es el único perseguido por cantar verdades en España.

España es el Estado con más artistas encarcelados en el 2019, según Freemuse, una organización que defiende el derecho a la libre expresión artística en el mundo. La ONG asegura que el Estado español encabeza este ranking con 14 artistas en la prisión, seguido de Irán con 13, Turquía con 9 y Birmania con 8.

Un músico que atraviesa una situación similar a la de Hasél llamado José MIguel Arenas Beltrán, Valtonyc, huyó a Bélgica para evitar la cárcel. Valtonyc fue condenado por el Tribunal Supremo a tres años y medio de prisión por los delitos de enaltecimiento de terrorismo y humillación a las víctimas, injurias al rey Juan Carlos I y amenazas a Jorge Campos del partido Actúa Baleares. Todo eso, por el contenido de las letras de sus canciones.

En pleno siglo XXI, en España, la figura jurídica «enaltecimiento del terrorismo» se utiliza para persecución ideológica. Esto fue denunciado en los últimos días por más de 150 artistas españoles, entre los que destacan Joan Manuel Serrat, Pedro Almodóvar, Fernando Trueba entre otros, quienes en un comunicado compararon a España con Turquía y Marruecos.

La ley Mordaza


La Ley Mordaza aprobada en suelo español en 2015 aprisiona las voces acallando la libertad de expresión. Y lo hace arrasando el bolsillo de quien se reúna por ejemplo, ante un edificio público. Incurrir en ese delito conlleva una multa de entre 100 y 600 euros.

En igual flagrancia incurren quienes cuelguen carteles, lo repartan en las calles, protesten con el rostro tapado, no quieran identificarse ante la autoridad, difundan imágenes de polícias en redes sociales, se solidaricen con un vecino al cual están desalojando y si quien protesta, se encuentra frente a una infraestructura de comunicación, la multa aplicada será de hasta 600 mil euros.

La ley Mordaza, avalada y apoyada por intereses corporativos, contradice 12 artículos de la Constitución Española. Peor aún, hay estudios que muestran que 44 de sus artículos permiten a la polícía tomar decisión sin pasar por los Tribunales. Por esto, miles de activistas que defienden el derecho a la vivienda, el medioambiente que han sido multados por manifestarse o realizar actos de protesta pacíficos, hoy adhieren y protagonizan marchas de apoyo al rapero catalán. A riesgo de que la policía les estalle un ojo como le ocurrió a una joven de sólo 19 años. Los ciudadanos españoles están en las calles para denunciar el franquismo enquistado en sus organismos públicos, en sus fallos judiciales, en su accionar diario que desampara al ciudadano y ensalsa al poder abosluto del Estado sobre la libertad y los derechos individuales.


Ni un indulto a Hasél ni una amnistía como solicitó la consellera de la Presidencia y portavoz del Govern catalán, Meritxell Budó, para todas las personas «represaliadas» por injurias a la Corona, será una solución de fondo. Ir a las bases implica desarticular una Carta Magna vestusta, herencia de la dictadura y cónsona con los intereses como ya dijimos, corporativos.

¿Cómo se entiende que Hasél no pueda rapear «Juan Carlos, el bobón? si los medios de comunicación españoles te ponen el video a disposición para hacerlo?

No es de ahora que la monarquía española va en decadencia. Lo que impacta y nos pega de cerca es que el Estado español le da refugio a Leopoldo López y al hermano de Óscar Pérez, entre otros, erigiéndose como adalid de la democracia. El enaltecimiento del terrorismo que usa la Justicia Española para encarcelar al rapero Hasél pone a los títeres golpistas venezolanos a fagocitarse entre ellos: los Nachos y los fachos levantarán su cosecha.

Marcela Heredia