Rodolfo Sanz plantea que el desafío económico de Venezuela pasa por desarrollar las fuerzas productivas, aprovechar sus recursos naturales, impulsar la ciencia y la tecnología y superar progresivamente la dependencia de la renta petrolera.
El debate sobre el futuro económico de Venezuela parece entrar en una nueva etapa. Más allá de las categorías tradicionales y de la confrontación ideológica, el desafío central es cómo construir un modelo capaz de generar crecimiento, recuperar la calidad de vida, atraer inversiones y, al mismo tiempo, preservar la soberanía sobre los recursos estratégicos del país.
Durante una nueva edición de Análisis Situacional, el abogado, investigador y diputado a la Asamblea Nacional Rodolfo Sanz analizó el discurso de la presidenta Delcy Rodríguez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas y las transformaciones que, a su juicio, están configurando una nueva agenda política, económica y geopolítica para Venezuela.
Un nuevo escenario internacional
Para Sanz, el contexto internacional ha cambiado profundamente y Venezuela debe interpretar esta transformación desde una perspectiva geopolítica.
El especialista sostiene que el poder mundial se encuentra actualmente más distribuido entre distintas potencias y bloques económicos, mientras que factores como la energía, los minerales estratégicos, el conocimiento y la inteligencia artificial adquieren una importancia creciente.
En este nuevo escenario, Venezuela cuenta con una ventaja estratégica: sus importantes reservas de hidrocarburos y recursos minerales.
Sin embargo, Sanz advierte que disponer de recursos naturales no garantiza por sí mismo el desarrollo. El verdadero desafío consiste en utilizar esas ventajas para construir capacidades productivas, científicas y tecnológicas que permitan transformar los recursos naturales en una plataforma para el desarrollo nacional.
Del rentismo petrolero a una economía diversificada
Uno de los principales temas abordados durante la entrevista fue la necesidad de evitar la repetición de los ciclos históricos del rentismo petrolero venezolano.
Sanz plantea que el petróleo continuará teniendo un papel fundamental en la economía nacional, especialmente ante un eventual incremento de las inversiones y de los ingresos provenientes del sector energético. Pero considera que esos recursos deben utilizarse como una palanca para transformar la estructura productiva.
El objetivo, explica, debería ser aprovechar los ingresos petroleros para desarrollar sectores industriales, tecnológicos y productivos capaces de abastecer el mercado interno y competir en los mercados internacionales.
“El gran desafío es este: cómo usar la renta, cómo usar el nuevo abundante ingreso petrolero que va a venir para desarrollar una economía que en algún momento determinado pueda independizarse de la renta petrolera”.
Para Sanz, el problema no es la existencia de la renta petrolera, sino su utilización. La renta puede convertirse en una herramienta para el desarrollo si se orienta hacia la generación de nuevas capacidades económicas.
¿Qué modelo económico necesita Venezuela?
La discusión conduce inevitablemente a una pregunta: ¿qué modelo económico necesita Venezuela?
Sanz coloca en el centro de la respuesta el concepto de desarrollo de las fuerzas productivas.
Como referencia, destaca la experiencia de China y su proceso de industrialización, basado en el desarrollo científico y tecnológico, la incorporación a la economía mundial y el fortalecimiento de sus capacidades productivas.
Desde su perspectiva, Venezuela tiene la posibilidad de utilizar sus recursos naturales para acelerar ese proceso y reducir progresivamente la dependencia de la exportación petrolera.
La propuesta no se limita a producir más petróleo. Se trata de utilizar la renta para crear una economía con mayor capacidad industrial, tecnológica y científica.
En ese sentido, el debate económico comienza a desplazarse de las etiquetas ideológicas hacia preguntas más concretas: cómo producir, cómo generar empleo, cómo atraer inversión, cómo desarrollar tecnología y cómo distribuir los beneficios del crecimiento.
Ciencia, tecnología y talento humano
Otro de los puntos centrales planteados por Sanz fue la necesidad de evitar la pérdida de talento humano.
El investigador considera que un nuevo ciclo de ingresos debe estar acompañado por una fuerte inversión en ciencia, tecnología y formación profesional.
Para ello, propone crear grandes centros de investigación y desarrollo tecnológico donde puedan trabajar los profesionales venezolanos formados en áreas como robótica, matemáticas, computación e inteligencia artificial.
El objetivo sería convertir el conocimiento en una nueva ventaja competitiva para el país.
Sanz advierte que formar profesionales altamente especializados sin generar las condiciones para que desarrollen sus capacidades en Venezuela puede terminar profundizando la pérdida de capital humano.
Por ello, plantea que la inversión en infraestructura científica debe formar parte de cualquier estrategia de desarrollo de largo plazo.
Cooperación por encima de la confrontación
La dimensión económica está acompañada, según Sanz, por un cambio en la manera de relacionarse con el escenario internacional.
Durante la entrevista, destacó especialmente la posibilidad de reconstruir una relación de cooperación entre Venezuela y Estados Unidos, basada en intereses compartidos, particularmente en materia energética.
A su juicio, ambas naciones tienen intereses económicos que pueden generar espacios de cooperación, especialmente en un contexto internacional donde la energía y los minerales estratégicos adquieren mayor relevancia.
Sanz resume esta perspectiva bajo el principio de “ganar-ganar”, entendido como la búsqueda de acuerdos que permitan a las partes obtener beneficios sin renunciar a sus intereses nacionales.
Un discurso menos confrontacional
Otro de los elementos analizados fue la transformación del lenguaje político.
Para Sanz, el discurso presentado por la presidenta Delcy Rodríguez ante la ONU no significa la desaparición de las posiciones ideológicas. Por el contrario, considera que conceptos como soberanía, justicia social y humanismo continúan presentes.
La diferencia estaría en el tono y en la prioridad otorgada a la búsqueda de soluciones.
En este sentido, sostiene que los problemas económicos deben abordarse fundamentalmente desde soluciones económicas y que la confrontación verbal permanente no necesariamente contribuye a resolver las dificultades concretas de una sociedad.
La política, desde esta perspectiva, debe acompañar la transformación económica en lugar de sustituirla.
China y Cuba como referencias diferentes
Al comparar las experiencias de China y Cuba, Sanz identifica dos aprendizajes distintos.
De China destaca el desarrollo de las fuerzas productivas, la inversión en ciencia y tecnología, la inserción en la economía global y la construcción de capacidades industriales.
De Cuba rescata, fundamentalmente, la experiencia de un país pequeño y con recursos limitados que ha desarrollado capacidades propias en distintos ámbitos.
Sin embargo, también considera que el contexto internacional actual hace cada vez más difícil reproducir los modelos de confrontación propios de la Guerra Fría y plantea la vía democrática y electoral como el escenario fundamental para los procesos políticos latinoamericanos.
El desafío: construir un nuevo equilibrio
La discusión planteada en Análisis Situacional apunta finalmente a un dilema que trasciende las categorías tradicionales de capitalismo y socialismo.
El desafío venezolano consiste en encontrar un equilibrio entre Estado y mercado, inversión pública y privada, soberanía sobre los recursos naturales y apertura económica, crecimiento y distribución, renta petrolera y diversificación productiva.
Para Rodolfo Sanz, el punto de partida debe ser el desarrollo de las fuerzas productivas y la capacidad del país para transformar sus ventajas naturales en ventajas competitivas.
Venezuela enfrenta así una nueva discusión sobre su modelo económico: cómo aprovechar sus recursos estratégicos sin reproducir el rentismo, cómo atraer capital y tecnología sin perder soberanía, y cómo convertir el crecimiento económico en bienestar para la población.
Más allá de las etiquetas, el debate apunta a una pregunta fundamental: ¿puede Venezuela utilizar su riqueza petrolera y mineral para construir una economía productiva, diversificada y basada en el conocimiento?
Ese es, según el análisis planteado por Sanz, uno de los grandes desafíos de la nueva etapa venezolana.









