Asalto al Capitolio: El Ku Klux Trump

El asalto al Capitolio de Estados Unidos recuerda al mundo la irrupción de la violencia supremacista cuando no consiguen lo que desean por medio de los votos. 4 muertos y varios heridos en un hecho sin precedentes en el país que bebe de su propia medicina.

Creado en 1.866 por amigos que querían divertirse, el Ku Klux Klan se convirtió en la organización terrorista que hasta hoy es emblema del odio supremacista blanco en Estados Unidos. En los años veinte tuvo millones de afiliados y simpatizantes, hombres blancos de entre 18 y 35 años de clase media y alta, que eran los damnificados económicos por la abolición de la esclavitud. El Klan hacía asaltos nocturnos a hombres, mujeres y niños de raza negra. Los golpeaban, amenazaban, raptaban con una clara intención de borrarlos de todos los mapas, incluidos los políticos. No tenían derechos sociales en su propia nación quienes nacieron con otro color de piel que no fuera blanca. La violencia aumentaba en épocas electorales. Nada distinto a lo que hoy ocurre con Donald Trump dejando el poder de la Casa Blanca.

Es Trump quien recoge el legado racista, segregacionista y supremacista del Ku Kluk Klan. Sólo que ya no necesita capa blanca, ahora el personaje usa y aprovecha la impunidad de las redes sociales. Sin Twitter ni Facebok, donde fue censurado, Trump no es el mismo. Por eso, hay que prestar atención al tuit de su portavoz, Dan Scovino publicado en la jornada del 07 de enero: Trump dice que es “el mejor mandato presidencial de la historia” y anticipa que es solo el principio de su lucha por hacer a EE.UU. grande de nuevo. Del asalto al Capitolio, ni una palabra. La tarea está hecha.

El falso positivo de Trump

El Presidente Donald Trump sigue sosteniendo que le hicieron fraude en las elecciones 2020 y sus seguidores-adoradores le siguen creyendo. Ha logrado que casi 100 congresistas demócratas apoyen su destitución vía impeachment tras el asalto al Capitolio que dejó cuatro muertos y varios heridos.

La Constitución de Estados Unidos establece que, un presidente “será destituido de su cargo si es acusado en juicio político y condenado por traición, soborno u otros crímenes o delitos graves”.

Según expertos entrevistados por la agencia de noticias Reuters, podrían aparecer en la escena política estadounidense argumentos que indiquen que Trump fomentó la sedición y/o que podría ser investigado y procesado por “deslealtad a la Constitución” o por haber incumplido responsabilidades inherentes a su cargo. También se podría apelar a la aplicación de la Enmienda número 25 de la Constitución para impedir que siga en el cargo hasta el próximo 20 de enero, día en que se juramentaría el presidente electo Joe Biden.

La Enmienda 25 se usaría en el contexto en el cual un mandatario no está capacitado para cumpir con su deber pero tampoco quiere renunciar. Si eso ocurriera, el vicepresidente y una mayoría del gabinete pueden actuar en esa remoción.

El más perjudicado en ese avispero político sería Biden, quien según la consultora Eurasia Group, tiene como principal riesgo geopolítico inaugurar la era de la “presidencia asterisco”. Esta empresa denomina así a “una época en la que el ocupante de la Oficina Oval es visto como ilegítimo por aproximadamente la mitad del país”. Una nación partida en dos: eso es Estados Unidos hoy.

La solitaria levedad de Juan Guaidó

¿Y el ilegítimo venezolano cómo queda en medio de esta cuestión que ocurre más al Norte de Venezuela?

Tras la difusión del comunicado de la Unión Europea donde le retira la calificación de “Presidente Encargado” a Juan Guaidó, el interrogante de qué tratamiento le dará Joe Biden al guaireño comienza a dilucidarse.

Fue Donald Trump, quien en enero 2019 le abrió la puerta al reconocimiento internacional de Guaidó, con una figura fuera de la ley vigente en Venezuela al proclamarlo como presidente interino, medida que fue secundada por varios países europeos y finalmente, por la Unión Europea.

No será Biden quien desarme el monstruo de dos cabezas erigido por Trump en una nación estadounidense partida por la polarización que levanta negocios para el entablishment. Ni en pleno asalto al Capitolio ni después, mercados bursátiles se dan por enterados de la crisis social. El cinismo criminal de la política estadounidense se mueve en su propia danza, arropado por medios de comunicación afines. Así como ocurría en 1866, la impunidad de las clases que ostentan poder financiero recogen lo que siembran: las utilidades de un poder concebido “ut supra”.

Acallado el fuego a lo interno del Capitolio, queda entonces por recoger las voces puertas adentro de la nación venezolana para que llegue la ansiada justicia. Para Guaidó, haber reconocido la victoria de Biden por sobre la de su mentor Trump, debe tener su precio.

Marcela Heredia