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Los llamados bodegones han devenido de exóticos a ser parte del paisaje cotidiano de los venezolanos. Surgidos en el momento más crítico de escasez alrededor de 2016, hoy día evolucionan dando cuenta de los profundos cambios que atraviesa tanto la sociedad como la economía nacional.

Pero ¿se trata de un fenómeno pasajero o llegaron para quedarse? Sin ánimos de hacer futurología, la respuesta parece más cerca de lo segundo que de lo primero. Veamos. 

Los bodegones: hijos de la crisis

Como dijimos, los bodegones surgieron en medio de la crítica escasez de los años 2016-2017. Al principio como una alternativa lujo y legal  para el abastecimiento (contraria a la ilegal y popular representada por los bachaqueros), ofreciendo a precios mucho más altos productos que en los establecimientos tradicionales no se conseguían.

Por lujo no debemos entender necesariamente el acceso a productos suntuarios en sentido clásico, sino más bien a productos de consumo masivo que, debido a la crisis, quedaron fuera del alcance de las mayorías. Desde luego, esto no excluía la venta de exquisiteces tradicionales. Pero en realidad, el “lujo” que comenzaron a ofrecer los bodegones fue el de comprar sin escasez ni colas. Que el target al cual se dirigían fuera de gama alta se explica por encontrarse en éste la mayoría de quienes, en el contexto hiperinflacionario, podían pagar dicho “lujo”. En Caracas, Cine-Citta en Bello Monte es la representación icónica de los bodegones en esta primera etapa.

Bodegones: la segunda generación

Para comprender el fenómeno de los bodegones hay que tener claro que si aparecieron, se han mantenido y evolucionado, es porque dan respuesta a necesidades e intereses concretos, pero también porque responden a cambios fundamentales en el quehacer económico nacional.

La primera etapa de los bodegones vino precedida de reformas importantes en el ámbito del abastecimiento y el consumo, siendo la principal el PAC: Plan de Abastecimiento Complementario, adelantada por la Alcaldía de Caracas y el gobierno nacional a mediados de 2016.

Este plan consistió en colocar a la venta productos de consumo masivo importados de Colombia y Brasil a «precios internacionales». En lo inmediato éste fracasó en su objetivo manifiesto de mejorar el abastecimiento, con el agravante de causar caos  en los sitios donde se instalaron las ventas. Pero a cambio, su “’éxito” fue que sentó un precedente importante para el nacimiento de la bodegoeconomía: fue un bypasseo oficial tanto al control de precios como de cambio. De hecho, a partir de ese momento, dejó de ser sancionado el importar mercancías con divisas privadas para luego ser vendidas a precios mayores a los regulados. En ese momento justo comenzaron a proliferar los primeros bodegones.

La segunda etapa de los bodegones comenzó a partir del recrudecimiento de las sanciones entre mediados de 2017 y principios de 2018. En la medida que en la letra chiquita de las mismas queda claro que las restricciones aplican para el Estado venezolano pero no para los privados, así como que alimentos y medicinas (en el sentido más amplio de los términos) quedan excluidos, el Ejecutivo Nacional optó por delegar la tarea importadora en manos de privados, dado lo cual estableció desde junio de 2018, entre otras medidas, una serie de exoneraciones arancelarias para favorecerla que todavía se mantienen y de hecho han sido prorrogadas recientemente. 

El conjunto de situaciones y decisiones que darían impulso a la bodegoeconomía fueron, en el siguiente orden, los siguientes: 1) la eliminación definitiva del control de precios y del régimen cambiario ocurridas entre finales de 2018 y principios de 2019. 2) los apagones del segundo y tercer trimestre del año 2019. Y 3) la instauración de la política monetaria restrictiva del BCV (recrudecimiento del encaje legal, etc.,) también ocurrida en el primer semestre de 2019. 

Sobre este marco de cosas, la descentralización del bolívar como moneda de curso legal y la disminución de su circulación en términos reales (desbolivarizacion del circulante monetario) forzaron las condiciones para que la dolarización transaccional “espontánea” se impusiera como norma.  

Otro efecto colateral clave de la política restrictiva aplicada por el BCV, es que en el agregado si bien ésta ralentizó la inflación lo hizo, sin embargo, a un ritmo menor al de la estabilización del tipo de cambio, delay que de hecho sigue presente.  Lo que esto quiere decir es que durante 2019 y también 2020 los precios internos aunque corrieron a un ritmo mucho más lento que el que tuvieron en 2018, lo hicieron, sin embargo,  a un ritmo más rápido que el del tipo de cambio. O dicho en cristiano: desde entonces, los precios de los bienes vienen creciendo más rápido que lo que se devalúa el tipo de cambio, lo que provoca que  éste último se aprecie y, por tanto, importar sea más barato que producir a lo interno.

Si a lo anterior se le suma el resto de las restricciones y costos que genera producir en este momento en Venezuela (falta de combustible, de insumos, energía eléctrica, pago de vacunas, inseguridad, etc.), se explica la prevalencia de las importaciones sobre la producción nacional.  Esto es algo que favorece abiertamente a los bodegones, que a estas alturas en no pocos casos sus precios comenzaron a ser tremendamente competitivos en lo que refieren a bienes de consumo masivo con respecto a establecimientos tradicionales.

Perspectivas:                                                       

En la medida en que la política económica del gobierno nacional no tiene visos de cambiar (más bien lo contrario), que las posibilidades de un cambio de actores en la conducción del país parece frustrada en lo inmediato y las restricciones externas en líneas generales seguirán siendo las mismas (bloqueo, sanciones, crisis global post-covid, etc.,) todo indica que las condiciones para el florecimiento y consolidación de los bodegones seguirán presentes. Adicionalmente, más en concreto, hay que tomar en cuenta lo siguiente:

1. Además de lo ya dicho, el modelo de negocio de los bodegones se aprovecha de otras condiciones. Y una es la opacidad con la cual se realizan buena parte de las actividades económicas en el país en la actualidad. Lo que es un detalle no menor, pues un efecto de las sanciones es que han desestimulado la salida de capitales provenientes de actividades ilícitas, o en todo caso, susceptibles de ser afectados por medidas coercitivas. De tal suerte, el blanqueo y el engorde pareciera estar muy presente en el sector.

2. Por otra parte, el modelo de los bodegones pareciera servir de ariete en la lucha por el control y aprovechamiento de los nichos -viejos o nuevos- de acumulación más provechosos del país. Lo que esto significa es que favorece al gobierno y sectores aliados en la tarea de restarle poder a los actores económicos tradicionales, introduciendo una competencia que los obliga a estos a negociar en posiciones desventajosas y con esa amenaza. Afirmar que esto fue deliberado sería  especular irresponsablemente: pero a efectos prácticos ha sido un efecto. Es posible pues que estemos en presencia de un nuevo capítulo de la guerra economía entre gobierno y sectores económicos tradicionales, capitulo muy distinto al protagonizado hasta el primer semestre de 2018. Ya no se trata de la guerra entre el chavismo atrincherado en las estructuras del Estado contra el oposicionismo atrincherado en el poder económico, guerra que el chavismo perdió. Con un Estado debilitado, desestructurado y muchas de sus funciones tercerizadas (como las importaciones) se trata ahora de una guerra entre sectores emergentes (y otros no tanto) contra los tradicionales por el control del poder económico privado  

3. En cualquier caso, el ventajismo con que corren los bodegones más allá de cualquier consideración política supone una amenaza seria para los actores económicos tradicionales: aquellos pueden mutar de manera más fácil, cargan con menos costos, están sujeto a menos regulaciones (inclusive de la opinión pública) y pueden abarcar ramas muy diversas con mayor flexibilidad. Los sectores manufactureros locales son los primero afectados (por la proliferación de importaciones a bajo precio). Pero también, se ven amenazados otros como el farmacéutico, pues ya se sabe que cada vez más los bodegones están expendiendo medicinas e insumos médicos aprovechando la desregulación oficiosa del sector, favorecida en el último año por la emergencia epidemiológica. Esta misma realidad aplica para las cadenas de supermercado e incluso locales de escala menor como bodegas, licorerías, etc.

En resumen, todo indica que los bodegones, lejos de ser una burbuja, están pasando a convertirse en un protagonista clave del nuevo quehacer económico y político tradicional.    

Cortesía Luis Salas

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