Brasil, la amenaza biológica del continente
Brasil, la amenaza biológica del continente

Brasil, después de ser reconocido como el gigante del sur y una base fundamental para la industria agroalimentaria de América Latina, se ha convertido en una fuerte amenaza biológica para la región a causa de los altos índices de contagios de coronavirus. El país que hoy es dirigido por un ex-militar de extrema derecha, Jair Bolsonaro, ocupa el segundo lugar en el mundo en las cifras de contagios y muertes por el virus, lo que hace que sus vecinos fronterizos, Suriname, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Paraguay, Argentina, Uruguay, y Paraguay enfrenten un peligro mayor ante la epidemia. De esta realidad sólo escapan Ecuador y Chile, que no comparten frontera, sin embargo, estos países enfrentan peligros parecidos por la gestión de sus gobernantes.

Los medios titulan y dedican grandes espacios en sus noticieros a este país por lo dantesco de las imágenes de fosas comunes destinadas para las víctimas mortales del virus, pero también por lo catastróficas que han pasado a ser las declaraciones del presidente Bolsonaro en relación a esta epidemia, que para él ha sido considerada hasta el momento como una «gripesiña» de la que, según voceros de su gobierno, está contagiado. Tras esta realidad, indiscutiblemente grave para los brasileños y los latinoamericanos en general, están otras que la cortina mediática de los escándalos por el COVID-19 invisibilizan. Se trata de la realidad política de este país y de las decisiones políticas que el Presidente desde sus posturas conservadoras sigue tomando en relación a la economía, las comunidades indígenas y sus tierras.

El asesinato y luego revictimización de Marielle Franco en marzo de 2018, figura política reconocida en el país, puso en evidencia la nula investigación y la continuidad de la persecución política de quienes adversan el gobierno fundamentalista de Bolsonaro. Los pueblos indígenas también son objeto de estas prácticas. El acoso a los movimientos sociales y la criminalización de la lucha indígena por el respeto a las tierras de la Amazonía son noticias menos abordadas en la mediática actual, que destina gran porcentaje de sus coberturas al coronavirus.

En medio de la pandemia «saquean el planeta»

Ailton Krenak, líder indígena del pueblo Krenak, ofreció una entrevista a teleSUR, en la que denunció que tras la mediática existen otras realidades invisibilizadas, «en este momento de pandemia las grandes corporaciones están saqueando el planeta, eso como si nos hubiesen puesto a dormir, mientras ellos se roban el planeta. Estamos viviendo en Brasil una situación en la que el gobierno está destruyendo todas las conquistas socioambientales edificantes que fueron construidas en los últimos 30 años».

«Hay mucha gente oportunista que está aprovechándose de esta pandemia para ampliar el asalto a los recursos naturales de aquellos países que no tienen capacidad para protegerse». «Los Estados Unidos y Europa están aprovechando la pandemia para sangrar la periferia del planeta. (…) Están consumiendo dos planetas por año,» dijo con una claridad posible a partir de sus años de militancia por el derecho a la tierra. Para él, el mayor problema no es la pandemia, «sino una actualización del modo de operar en el planeta que las potencias están realizando, se están reposicionando para comernos», agrega.

Autoridades brasileñas no aplican controles sanitarias en sus fronteras

De acuerdo a un informe reciente de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe, en el mes de marzo el gobierno brasileño estableció una serie de medidas para combatir la epidemia, sin embargo estas medidas no han sido aplicadas en la realidad, no han pasado de ser un decreto respaldado por algunos ministerios. Entre las medidas destacan:

  1. Restricciones o prohibiciones de entrada a Brasil de extranjeros. Esta decisión en el contexto actual más bien debería ser aplicada por los países vecinos, que son los afectados por la política de brazos caídos de Bolsonaro ante la pandemia.
  2. Cierres y controles fronterizos. Esta decisión presidencial a través de la Medida Provisoria 926, establece: «la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) recomendará restricciones excepcionales y temporales para ingresar y salir del país y el transporte interestatal e interurbano por carretera, puerto o aeropuerto», pero el mismo texto hace la salvedad que en la práctica, esta legislación entra en conflicto con la autonomía de los estados y municipios «para tomar medidas sobre el control fronterizo a nivel subnacional». Este es el decreto que generó el divorcio entre algunas autoridades locales y el gobierno nacional, al punto que alcaldes y gobernadores empezaron a confrontar las decisiones del presidente sobre el control de la epidemia.
  3. Controles fronterizos. Según el gobierno «solo se ha restringido la circulación de extranjeros en las fronteras», sin embargo, las fronteras con Venezuela son un ejemplo de que esta medida también es letra muerta. El gobierno del presidente Nicolás Maduro ha denunciado en muchas ocasiones que no hay control sanitario en estos territorios comunes entre Brasil y Venezuela.
  4. Restricción o cierre de lugares públicos y reuniones masivas. Con esta medida se establece el aplazamiento y suspensión de procedimientos administrativos relacionados con el tráfico, «para evitar la aglomeración de personas en instituciones públicas», sin embargo el mismo Jair Bolsonaro, en declaraciones burlescas a medios internacionales dijo que realizaría una fiesta en su casa a la que invitaría a cientos de personas.

Los escándalos han encendido la opinión pública y han elevado el nivel de crítica contra la gestión de Bolsonaro, pero también han sido un catalizador de su imagen, y su popularidad ha aumentado. Además ha logrado que su rostro, sus declaraciones y sus polémicas frases, abarroten las portadas de los medios de comunicación en todo el mundo.

Pandemia preludio a otro «fin del mundo»

Algunos científicos brasileños han sugerido que la pandemia es un síntoma propio del modelo de desarrollo que impera en el mundo, esta idea desde la cosmovisión indígena ha estado clara desde el principio, para ellos la pandemia por coronavirus es el preludio, al fin de este mundo como lo conocemos. Ailton recuerda que los pueblos originarios han alertado «a los blancos», que el calentamiento global y las catástrofes naturales, son una respuesta de la tierra, al ritmo que el capitalismo le imprimió al mundo, «la idea de consumo y la banalización de la vida en un modelo de civilización insustentable».

En las narrativas míticas de los pueblos indígenas las transformaciones son catalogadas como «fin del mundo», y el consumo exacerbado de todas las fuentes de energía del planeta podrían llevar a un nuevo colapso. «Ese fin del mundo pone en colapso todas las otras narrativas», explica el líder indígena. Los pueblos índígenas, que ya sobrevivido a otras epidemias, que incluso, han ocasionado genocidios, hoy el coronavirus cambia esta realidad. «Antes quienes morían eran los pueblos nativos, porque los blancos llegaban a nuestras playas y arrastraban la pandemia junto con sus cuerpos. Ellos mataban a los nativos y tomaban las tierras, ahora ellos también están muriendo. Es una tragedia», lamenta.

El Brasil, cuya Amazonía es conocida como el pulmón del planeta, hoy es el foco de una gran controversia que, aunque sólo está centrada en los números de muertos que deja a su paso el coronavirus, hay otras que aunque tiene magnitudes mayores son invisibles. El mundo post pandemia dejará ver lo que hoy la mediática invisibiliza con el problema de moda, y cuando pase la efervescencia del COVID-19, aflorarán esas otras tragedias que ocurrieron tras la cortina de los medios.

Emily Caro