En Venezuela, un fenómeno poco común se ha hecho presente: la economía se ha ido distanciado del antagonismo político en buena medida. Anteriormente, el conflicto político paralizaba o atemorizaba la iniciativa económica y el emprendimiento. Pero durante los últimos meses ha ocurrido lo contrario. A pesar de agravarse la confrontación, la economía ha experimentado una dinámica inesperada y han surgido evidencias claras de reanimación económica.

Los venezolanos en general, y los emprendedores en particular, han respondido con una mayor iniciativa productiva y comercial, aprovechando la flexibilización de los controles y la promoción de la actividad privada decidida por el Gobierno Bolivariano.

Así como se ha consolidado una nueva conciencia social y política, también ha surgido una nueva conciencia acerca de la economía: hoy la mayoría esta de acuerdo con un modelo mixto de propiedad, hay una revalorización del sector privado como aliado y ya no como enemigo, se acepta la importancia clave del Estado como conductor de la economía y se exige la sustitución de controles por reglas claras, dentro de un clima de conciliación de intereses, diálogo y articulación de esfuerzos.

Una vez agotado el modelo rentista petrolero, los venezolanos están entendiendo que su bienestar y progreso va a depender más de su propia iniciativa que de los favores del Estado.

Desde mediados del año 2018, el Gobierno del presidente Nicolás Maduro ha dado pasos significativos en la ruta de una considerable apertura en la política económica, la eliminación de controles y mayores libertades para los sectores empresariales. 

La economía no se gobierna por decreto ni a través de controles. Se regula y se conduce pero no se controla, porque depende del comportamiento humano y de las leyes económicas.

Queramos o no, somos una economía de mercado y debemos aprender a gobernar CON el mercado.

El papel del Estado en la economía es fundamental. No ha habido desarrollo exitoso que no haya tenido una participación decisiva y estratégica del Estado. Ninguno de esos procesos se ha dejado de la mano única y exclusiva del mercado.

Pero también el papel del emprendimiento privado es indispensable, insustituible, ineludible. No hay socialismo sin capitalistas, es decir, sin el desarrollo de las fuerzas productivas no es posible alcanzar el bienestar social y el progreso económico.

Para enfrentar el bloqueo financiero y el cerco económico, así como para  recuperar el crecimiento, es urgente el establecimiento de espacios de consensos y diálogo CON EL CAPITAL, para definir el modelo económico alternativo, pos-rentista, productivo y diversificado, que sea compartido con toda Venezuela.

Es más, frente al fin del ciclo neoliberal, el Capital se convierte en un sujeto transformador y necesario para impulsar los cambios sociales que exigen las sociedades modernas.

Igualmente, para derrotar la estrategia de desestabilización emocional y neurotización  de la población, es crucial la construcción de una Cultura del Trabajo y del Compromiso Social, en cuya realización es vital el desarrollo de las Culturas Corporativas.

Estado, Capital y Poder Popular, en una poderosa SINTESIS, son las piezas claves del nuevo tablero en el que nos estamos jugando el Futuro.

Oscar Schémel