Yenifer pensaba regresar a Venezuela el Día de Las Madres. Desaparecida desde el año pasado, en sus últimos mensajes se quejaba del acoso y maltrato de su pareja, de nacionalidad peruana, con quien vivió casi dos años. 

Como Yenifer decenas de venezolanas migrantes, las cifras varían, han perdido la vida en Panamá, Chile, México, Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, Estados Unidos, Reino Unido y Canadá a manos de sus parejas, de grupos delincuenciales o carteles de la droga.

Si bien el feminicidio, crimen de odio hacia una mujer por razón de género es un fenómeno global, las mujeres migrantes y refugiadas son más vulnerables. A los indicadores de  feminicidio, violencia sexual, trata y esclavitud, violencia psicológica y xenofobia del país al que se emigra, se suma el hecho de estar en un país de tránsito o de acogida, muchas veces sin medios de subsistencia, sin el amparo de la familia y sin ningún tipo de protección. En el caso de la mujer venezolana se incorpora un ingrediente mortal: la satanización mediática.

Los asesinatos por razón de género son la culminación de una serie de actos violentos. Una cadena de eventos culturales, psicológicos, sociales y simbólicos que naturalizan la violencia hasta llegar incluso a justificar la muerte. 

Perú es un buen ejemplo en el que el foco mediático crea las condiciones para que se justifique la agresión y el abuso contra «las venecas». En Octubre del 2019 el Alcalde de un pueblo del valle amazónico peruano ordenó que todos los migrantes venezolanos debían abandonar la ciudad antes del 20 de diciembre. Ya el Diciembre del año anterior, en la economía informal, se habían vendido más de 500 mil prendas interiores con la frase «A la orden mi chamo, soy tu Veneca». En Enero de este año el gobierno peruano anuncia la creación de un grupo elite  para combatir «la delincuencia creada por los venezolanos».

Según el Informe del Observatorio de Igualdad de Género de América Latina y el Caribe de Naciones Unidas al menos 3529 mujeres fueron víctimas de feminicidio a manos de sus parejas o ex parejas en el 2018. En el caso peruano, las organizaciones feministas denunciaron que en Perú cada día se asesina una mujer. El feminicidio es sin duda un crimen de Lesa Humanidad.

Pero del asesinato de las mujeres peruanas poco hablan sus medios. En el cuadro de Google Trends desde el 2018 el interés de los internautas peruanos por la palabra “venezolanos” a la hora de buscar en Google se ha duplicado. Los medios peruanos construyen noticias a partir de notas de terceros como audios, videos y tuits. En la mayoría de las notas los y las venezolanas no tienen nombre pero forman parte del «hampa extranjera».

En más de un medio colombiano se hace referencia a la «invasión de las venecas» en relación al supuesto «arribo masivo de prostitutas», los mismos periódicos que invisibilizan el incremento de los asesinatos de líderes sociales. En medios como Panam Post se debate sobre la emigración actual, llamada la Cuarta Ola, constituida por “marginales y mujeres dispuestas a delinquir». Se va consolidando así una narrativa regional, con intereses políticos y económicos, que justifica la violencia y el abuso, legitimada incluso por el Informe Bachelet, que sin atacar el bloqueo, ni resaltar el papel protagónico de la mujer venezolana en la política social, o su naturaleza de mujer trabajadora y honesta en Venezuela o como migrante, profundiza el discurso xenófobo y degradante; «las venezolanas cambian sexo por comida».

En la mayoría de los casos las venezolanas asesinadas son mujeres jóvenes, entre 21 y 28 años, que salieron del país en el marco de una emigración inducida, buscando mejoras económicas sin conocer la realidad laboral y la desprotección que vive la mujer en ciertos países de la región. 

Los medios que ayer incitaban a la mujer joven a emigrar, hoy la sentencian a muerte activando la xenofobia, el discurso de odio, la naturalización de la violencia, la cultura patriarcal y la misoginia. 

Con 28 años Katherine es asesinada por su esposo en Chile. Como muchas otras mujeres maltratadas y hostigadas por su pareja emigro con él bajo la promesa de un cambio de conducta que nunca llegó. Por el contrario, sin amistades ni familiares a quienes acudir, sin conocimiento de leyes u organismos a donde denunciar, los actos de violencia se incrementaron.

En Venezuela el femicidio es un delito penalizado hasta con 20 años de prisión. Actualmente el debate de la  reforma parcial de la Ley Orgánica por el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia apunta a consolidar un Sistema de Justicia de Género con mayor participación de la comunidad organizada. 

El caso de Yenifer sigue impune. Su ex pareja es hermano de un funcionario policial. Familiares, instituciones y organizaciones de mujeres han estado presionando desde Venezuela. Su hermana fue entrevistada por un medio peruano pero la entrevista nunca salió.

Anahí Arizmendi