Ocho femicidios sacudieron Venezuela durante los primeros días del año. Aún no finaliza el primer mes del año y ya se cuentan 19 casos en todos el país, por lo que se dispararon las alarmas de las autoridades involucradas con el tema, así como de las Organizaciones no Gubernamentales que trabajan en pro de los derechos de la mujer y la igualdad de género,desde donde opinan, no solo que aumentan las cifras de los asesinatos, sino que también se han hecho mucho más crueles.

Milagros Castillo (35 años) fue asesinada el 1 de enero por su concubino en su casa en la Colonia Tovar, estado Aragua; Lisanny Hernández (18 años) fue golpeada y ahorcada por su exnovio en Petare, estado Miranda; Elsa Tambo (40 años) fue asesinada de dos disparos por su pareja en el estado Falcón; a Migdalia Silva la mató a puñaladas su esposo el pasado 5 de enero en el estado Lara; en Mérida se registraron los feminicidios de Anubis Contreras (9 años), quien fue violada y asesinada con una tijera por un joven de 16 años; y  Geraldine Quintero (16 años) quien fue violada, asesinada y calcinada. La lista fatídica la cierra en Miranda, Yuleimar Prieto (35 años) quien perdió la vida luego de recibir tres disparos por la espalda en presencia de sus hijos en el sector El Ingenio de Guatire, a manos de su esposo que pertenece a la Policía del Municipio Salias y Yuliana Leota Borges asesinada por su pareja en el marco de una discusión en Carabobo.

Según el monitor de feminicidios, el año pasado ocurrieron en Venezuela 167 casos y las regiones donde más se produjeron fueron Zulia, con 25 crímenes; Miranda con 22; Distrito Capital y Lara con 14; Bolívar con 13; mientras que en Aragua, Carabobo y Anzoátegui se produjeron 12 femicidios en cada uno.

Las regiones donde hubo menos casos de violencia criminal contra de las mujeres fueron Delta Amacuro, Nueva Esparta, Barinas y Amazonas, donde afortunadamente se produjo un solo caso; y Sucre y Falcón donde hubo sólo dos en cada una de ellos.

De estos 167 casos, 74 víctimas tenían entre 21 y 35 años (44,31%); 53 femicidios fueron perpetrados con armas de fuego (31,73%), le siguen 49 casos con armas blancas (29,34%), 24 por asfixia mecánica (14,37%) y 20 por golpes (11,97%).

Las soluciones posibles

El tema ha sido motivo alerta, tanto por parte del Estado como de las organizaciones feministas, pero los esfuerzos siempre han estado divorciados. Actualmente existe una búsqueda por superar esta situación, a través de una mesa de trabajo que funciona en el Tribunal Supremo de Justicia desde noviembre de 2019 en la que también participa la Fiscalía General de la República.

Daniela Inojosa, de la agrupación feminista Tinta Violeta, señala que hay conciencia de la magnitud del problema y de la necesidad de encontrar una solución, pero que la solución no es tan sencilla porque pasa por la formación y concientización de funcionarios que de manera inconsciente pertenecen a un sistema patriarcal, que deben desaprender la conducta machista.

Sin embargo, aseguró tener esperanza de que la situación mejore. El primer paso es lograr que funcione el sistema de recepción de denuncias, ya que, según afirma, los funcionarios no terminan entienden que una simple amenaza es un delito «y no reciben las denuncias si no hay un ojo morado o señales evidentes de la violencia».

Quedamos en recoger las estadísticas sobre casos de acosos y hostigamientos no recibidos en su primera oportunidad por las autoridades, a fin de trabajar en su solución, toda vez que sabemos que muchos casos de feminicidios se pudieron haber evitado si hubiesen funcionado los organismos del Estado que deben velar  por la correcta aplicación de las leyes”, dijo Inojosa.

Cosificación y clases sociales

“Hemos venido observando con preocupación no solamente el aumento de la violencia contra las mujeres, sino principalmente la crueldad de los crímenes, especialmente en los casos visibles de femicidio y violación. Crueldad significa generar dolor y sufrimiento en otro ser viviente, se trata de una violencia con ensañamiento. También es crueldad presenciar y ver el dolor ajeno con indiferencia e insensibilidad”, manifestó Alba Carosio, integrante de la organización La Araña Feminista.

Carosio aclara que la violencia no afecta a todas las personas por igual, sino que los femicidios ocurren en mayor medida con las mujeres jóvenes más pobres, “en nuestra América, la historia de la desigualdad, imperialismo y colonialismo, se inscribe en el cuerpo de las mujeres. El cuerpo femenino cuenta la historia de desigualdad, y refleja un sistema jerárquico de género, edad, raza», asegura. 

La militante feminista estima que a partir de la cosificación y la desvalorización, el escenario está listo para cualquier tipo de violencia directa, que se legitima y con la que se culpa a la víctima. Al respecto, pone como ejemplo que “si una mujer/adolescente/niña es violada se pregunta qué hacía en ese lugar; si es víctima de trata, por qué fue tan confiada; o si su pareja la mató, por qué aceptó su presencia y no tomó medidas antes”.

A su juicio, esa culpabilización no es gratis, sino que es inducida con la intención de evitar la solidaridad con las víctimas, “las humilla y encubre todas las formas de dominación, abuso y crueldad. Se ejerce violencia cruel porque se tiene poder, y la crueldad expresa un mensaje que asegura el poder: cuídense porque pueden terminar en dolor y muerte. Así se va estableciendo la tolerancia social hacia la violencia contra las mujeres, que da base a la violencia social general. Asesinar es legal si quien mata tiene el poder suficiente para tener de su lado a ley. El dominio sobre determinadas personas habilita condiciones para que aumente la disposición a la agresión y a la crueldad”.

Asimismo, Corusio establece que “en las sociedades altamente desiguales, se va produciendo una crueldad sistémica que se manifiesta en la indiferencia y falta de atención a las víctimas. En la violencia de género es evidente la apatía e indolencia de las instituciones y las comunidades, y en esto está la base y puerta de entrada a la violencia social generalizada”.

De hecho muchas de las víctimas de femicidios han dejado en alguna gaveta, copias de las varias denuncias no atendidas con la responsabilidad debida, formuladas ante la policía y los organismos de justicia. 

Vanguardia de los movimientos feministas

La desigualdad y la violencia de género son recurrentes en la historia de las sociedades. Los femicidios siempre han existido, sólo que ahora se hacen más visibles con el avance de los movimientos feministas en el mundo. A esta clase de homicidios se le considera una de las formas de expresión más violentas y graves del machismo.

Ahora bien, cualquier asesinato de una mujer no puede ser considerado como un femicidio, ya que éste es fundamentalmente el tipo de homicidio específico en el que un hombre asesina a una mujer, por el sólo hecho de ser de sexo femenino. Suelen ocurrir en el hogar, por ejemplo, como consecuencia de la violencia de género. La propuesta actual introducida por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, habla del feminicidio, en el que se incorpora la variable de impunidad que suele acompañar estos casos o la inacción por parte del Estado.

Si se revisan las cifras mundiales, un escalofrío terminará por recorrer los cuerpos. Se calcula que cada año se perpetran aproximadamente unos 66 mil femicidios en el mundo, El Salvador, Jamaica, Guatemala, Sudáfrica y Rusia son los países con las tasas más altas del mundo, pero encontramos que más de la mitad de los 25 países con mayor tasa de femicidios están en América; entre ellos se encuentran Honduras, Colombia, Bolivia, Venezuela, Brasil, República Dominicana, Argentina, Perú y Ecuador.

Wilmer Poleo Zerpa