COVID-19
Panorama político de una América Latina con COVID-19

Una de las realidades que ha evidenciado la pandemia en América Latina está relacionada con la precariedad de grupos sociales que no tienen acceso a servicios básicos, cada país con sus características diferentes, posee curvas pronunciadas en los índices de pobreza; en resumen, la situación catastrófica es multidimensional: ecológica, económica, social, cultural, moral y política, pero ésta última será la que determine la vida, en sentido literal, de la población de cada país.

Diversos analistas en el continente califican esta crisis como civilizatoria, pues la forma en que el virus golpea y agrede a la ciudadanía, es inherente al modelo de organización económica, productiva y social de cada gobierno, y Latinoamérica y el Caribe empiezan a preocupar a los organismos internacionales. Carissa Etienne, directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), advirtió este martes 29 de junio a AFP que en la región se registrarán más de 400 mil muertes por Covid-19 para el 1 de octubre «si persisten las condiciones actuales».

La situación de algunos países es devastadora, aún así la vida político-electoral no se detiene. En muchos casos la pandemia ha sido la cortina de humo perfecta para ejecutar planes que perjudican a los pueblos, es el caso de Brasil y la privatización de la Amazonía, Colombia y el exterminio de líderes sociales, Bolivia y el gobierno de facto que masacra con hambre al pueblo, hasta un Chile que silencia las protestas al desatender la epidemia y acrecentar la persecución contra dirigentes políticos. Este trabajo pretende poner en primer plano el panorama político de una América Latina con COVID-19.

Bolivia, hacia unas elecciones sin Evo

Bastaron horas, luego del golpe de Estado, para que las conquistas sociales del pueblo boliviano se revirtieran, así de veloz fue el retorno del odio racial en un país cuya población se compone mayoritariamente por aymaras, quechuas y guaraníes. Según el INE 90% de la población rural vivía en pobreza extrema antes que Evo Morales llegara al poder y redujera ese número a 36,4%; hoy Morales no sólo es inhabilitado político, sino que él y sus aliados políticos son perseguidos por quienes se hicieron del poder. En ese contexto, el país celebrará elecciones presidenciales en septiembre próximo. Además de esta particularidad política, los bolivianos enfrentan fuertes medidas de control para evitar la propagación del COVID-19, sin embargo más de 32.000 personas padecen el virus, cifra que es puesta en tela de juicio por medios locales que afirman que por cada caso confirmado pueden existir entre tres y diez no registrados. A pesar de esta realidad no cesan las protestas por falta de alimentos y desempleo, la respuesta gubernamental: encarcelamiento y represión.

Además, los bolivianos denuncian que las autoridades de facto utilizan el mecanismo de lawfare, con el que se pretende detener el ascenso electoral del candidato del MAS, Luis Arce, contra quien se interpuso una denuncia penal ante el Ministerio Público por supuesto daño económico al Estado.

Honduras: más de una década de dictadura consolidada

El 29 de junio de 2009, Manuel Zelaya, el entonces presidente de Honduras, fue sacado del país por la fuerza. Con este golpe de Estado se inaugura una era de agresión a la democracia de la región que se intensificó luego de la muerte del presidente venezolano Hugo Chávez. Desde este momento, el país ha celebrado tres elecciones presidenciales: en 2009, 2013 y 2017, pero eso no ha significado nada en la democracia del país, pues el partido Nacional, (coautor del golpe), con dos fraudes electorales consecutivos, se mantiene en el poder. Según informe de 2018 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), más de 70% de los hondureños vive en situación de pobreza multidimensional, y 48% en situación de pobreza extrema. De acuerdo a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) entre 2010 y 2016, casi 21 mil jóvenes en edad escolar fueron asesinados y entre 2009 y 2017, fueron asesinados 70 periodistas. Frente al COVID-19 la compra de insumos médicos en el país es un misterio, entre tanto, Honduras lleva una semana con un registro de más de 500 nuevos casos diarios.

Ecuador, crónica de una proscripción anunciada

El Ecuador post Revolución Ciudadana, enfrenta el proceso de proscripción del partido liderado por el expresidente del país, Rafael Correa. Esto ocurre a pesar de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) no aprobó la solicitud de eliminación del partido. El secretario ejecutivo del la tolda política Revolución Ciudadana, Virgilio Hernández, dijo que denunciarán el hecho, pues «si se elimina la principal fuerza política, no son elecciones competitivas». Correa, quien anunció que volvería al país para participar en las elecciones de 2021, es víctima de varias causas legales en su contra, que buscan dejarlo fuera del panorama electoral del año próximo. En medio de la pandemia Ecuador se convirtió en el país con las imágenes más aterradoras: cadáveres en las calles y en las viviendas eran portada de los periódicos, sólo en Guayaquil se retiraron casi 1.000 cadáveres de viviendas, mientras, el presidente Lenín Moreno disfrutaba de una «cuarentena» en las Islas Galápagos.

Sólo en Guayaquil se retiraron casi 1.000 cadáveres de viviendas familiares y otro centenar de las calles de la ciudad

Colombia: exterminio de líderes sociales y coronavirus

Colombia se ubica en el puesto 20 de países con más casos de COVID-19, para este 30 de junio se reportaron 97.846 casos y 3334 de muertos. Tras el incremento desproporcionado en sus cifras, el Banco Mundial destinó 700 millones de dólares para que Bogotá pueda combatir el virus; al margen de la capital queda el resto de los departamentos que además del COVID-19 enfrentan el exterminio sistemático de líderes sociales y el terrorismo como arma de guerra de la derecha y del paramilitarismo, para minimizar las luchas políticas de los campesinos y exguerrilleros. Desde la firma de los acuerdo de paz, se ha registrado en Colombia el asesinato de más de 200 integrantes del partido FARC, situación que en medio de la pandemia por coronavirus se acentúa, pues la epidemia funge como cortina para invisibilizar la masacre de los activistas políticos, que se oponen al gobierno de Iván Duque y sus políticas neoliberales. Los ciudadanos además denuncian que las medidas gubernamentales para enfrentar la epidemia no garantizan las necesidades básicas y se ven obligados a salir a trabajar diariamente, con lo que se exponen al contagio.

Chile, el contagio masivo como solución a la pandemia

Aunque el presidente chileno Sebastián Piñera declaró que su país era uno de los mejor preparados para enfrentar la pandemia, las cifras de contagios y muertes lo contradicen. Santiago es la cuarta ciudad del mundo con más casos de COVID-19. En un país tan socialmente desigual, el riesgo de de contagio aumenta exponencialmente, y más cuando tenían como ministro de Salud a Jaime Mañalich, quien declaró a los medios nacionales en abril pasado, que lo ideal era que todos se contagiaran del virus. “El esfuerzo no es que nadie se contagie, sino que la mayor cantidad de gente se contagie de una manera lenta», en esto coincide la actual subsecretaria de Salud, Paula Daza, quien dijo que hay que lograr “que las personas vayan enfermando progresivamente”.

Aunque estas declaraciones fueron desmentidas, las nulas políticas de tratamiento de la epidemia, evidencian la despreocupación del gobierno nacional por el virus y las muertes y desigualdades sociales que está generando. En un informe reciente, la Universidad de Chile indica que el grado de desigualdad es mayor de acuerdo a la posibilidad de cumplir la cuarentena y a la «exposición mayor a contagiarse de COVID-19», los grupos más vulnerables resultaron ser los de menores niveles educacionales, los de menores ingresos y las mujeres. Aunque la recomendación de este informe fue, «generar las condiciones necesarias para el cumplimiento de las cuarentenas a través de subsidios directos», esta no es la realidad y la desigualdad es la constante en el Chile de Piñera.

Brasil ocupa el segundo lugar de países con más contagios en el mundo

Brasil, la amenaza biológica de Latinoamérica

Brasil registra hasta este 30 de junio 1 millón 408 mil 485 casos de coronavirus y 59.656 muertos, cifra que lo ubica en el segundo puesto de países con más contagios en el mundo. Aunque estos números son alarmantes para la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el presidente, Jair Bolsonaro sigue siendo una “gripe”, y como tal es el tratamiento. La dimisión de dos ministros de Salud en menos de un mes y el rechazo de la ciudadanía, las protestas de médicos por no contar con las medidas de protección necesarias y la negativa de gobiernos locales a seguir las escasas medidas planteadas por Bolsonaro son apenas la punta del iceberg de una situación que convierte al país en una amenaza biológica potencial, pues, salvo Ecuador y Chile, este país limita con todos los países de la región.

Pero el mal manejo de la epidemia es la distracción de aspectos igual de graves, el pasado 24 de junio, el Senado, por solicitud del presidente, aprobó un proyecto que agiliza la privatización de las empresas estatales de agua y saneamiento, el último de los sectores básicos que no había sido privatizado, un servicio público tan vital como el agua pasa a manos privadas en un momento crucial, en el que muchos países lamentan haber tomado la misma decisión. Asimismo, avanzan proyectos de ley que permitirían la minería, agricultura y energía hidroeléctrica en la Amazonía, tierras que anteriormente eran protegidas por ser la selva tropical más grande del mundo.

Venezuela, asedio político y coronavirus

Venezuela es uno de los países suramericanos que han emprendido acciones más efectivas contra la pandemia, al establecer una cuarentena total desde el 16 marzo, situación que para un país bajo asedio político y económico de Estados Unidos es toda una proeza, sin embargo, este récord ha venido decayendo por la cantidad de contagiados que ingresan al país por las fronteras con Colombia y Brasil. En medio de esta compleja situación el gobierno venezolano adelanta los preparativos para unas elecciones parlamentarias que consolidarían la democracia venezolana y cuya base es la Mesa de Diálogo Nacional compuesta por el gobierno de Nicolás Maduro y los partidos de oposición. No obstante, el ala radical de la derecha en el país, insiste en la vía violenta y de las sanciones para lograr un cambio político, aún en medio de la situación sanitaria.

COVID-19, catalizador de más desigualdad en AL

En relación al panorama en la región, Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América y el Caribe (CEPAL), dijo en una Reunión virtual de alto nivel sobre la erradicación de la pobreza, que América Latina (AL) continúa siendo la región más desigual del mundo en cuanto a la distribución de ingresos y que 53,1% de los trabajadores están ocupados en el sector informal. Asimismo advirtió que la pobreza y la desigualdad tienen rostro de mujer.

Según Bárcena los efectos de la pandemia generarán en América Latina y el Caribe, «la recesión más grande que ha sufrido la región desde 1914 y 1930, con un crecimiento proyectado de -5,3%», lo que generaría 12 millones más de desempleados y un aumento de casi 30 millones de pobres. «Además, la pobreza extrema aumentará en 2,6 puntos porcentuales (15,9 millones de personas más), lo que afectará a un total de 83,4 millones de personas que corren riesgo de caer también en una crisis alimentaria», agrega. Estos indicadores convierten al COVID-19 en un catalizador que agudiza las contradicciones sociales en la región y que allanan el camino a una era con más desigualdad.

Emily Caro