La historia del Grinch es uno de esos cuentos de la época navideña, provenientes del mundo anglosajón que vemos cada año en sus versiones de cine o televisión. Por lo general, se trata de parábolas o metáforas que reprenden la avaricia, el materialismo o el excesivo apego a la riqueza.

Theodor Seuss Geisel (1904-1991), el autor de ¡Cómo el Grinch se robó la navidad!, ha sido acusado por sus detractores de haber elaborado algunas de sus piezas con el objeto de difundir los principios marxistas, por sus críticas al individualismo.

Además de escribir, Geissel se dedicó también al dibujo de comics y realizó más de 400 caricaturas para un periódico de izquierda de Nueva York, en tiempos de la gran depresión, que respaldaban las políticas sociales de Roosevelt y la alianza con la Unión Soviética y cuestionaban la segregación racial.

Otro personaje de la temporada navideña es el señor Scrooge, creado por la magistral pluma de Charles Dickens (1812-1870) en Un canto de navidad, que se basa en las miserables condiciones de trabajo y de vida de las clases proletarias del Reino Unido durante la revolución industrial. A Scrooge no le importa nadie, sólo sus negocios y el dinero, y ni siquiera en navidad le agradan las dádivas.
En el relato se le anuncia la visita de tres espíritus, representantes de su pasado, de su presente y de su futuro. Uno de esos fantasmas, el del futuro, le muestra la imagen más pavorosa de todas: la de su casa en manos de los pobres.
Es así como, finalmente, cambia su actitud y se abre a la solidaridad.

La Navidad recuerda los valores de la vida en comunidad y las virtudes de la fraternidad, que tienden a olvidarse el resto del año. Muchos piensan que los cuentos de navidad son sólo para niños y tal vez por eso mismo terminan tan aterrorizados como el señor Scrooge, cuando ya es demasiado tarde.

Leopoldo Puchi / Historias del Socialismo, página 148