Carvativir
Carvativir: Un producto científico objeto de manipulación política
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¿Por qué rechina la industria farmacéutica mundial cuando Venezuela hace un anuncio médico-científico?, ¿qué hay detrás de las letras minúsculas que usan, quienes denostran al gobierno del Presidente Maduro, para nombrar a las «gotitas milagrosas»?.

El Carvativir, conocidas como las gotas milagrosas o las gotas del Doctor José Gregorio Hernández, en sus fases preclínicas de ensayo, contaron con el in vitro (Placa de Petri), desarrollado por el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) y Laboratorios Carmed (Turquía). Hasta ahora se han cumplido tres fases, como exige la normativa internacional, vigilados y acompañados por el Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel y un comité de bioética integrado por 14 especialistas de diversas áreas.

“Es un estudio multicéntrico, aleatorio y con placebo”, explicó a un diario de circulación nacional Raúl Ojeda Rondón, el investigador principal del proyecto Carvativir. Se utilizó el análisis estadístico Kaplan-Meier, que es el que empleado por la Universidad de Oxford y por los rusos.

“Es un sistema que permite evaluar la data y establecer cómo fue el comportamiento de ciertos parámetros clínicos con respecto de un medicamento, una molécula y un placebo”, dijo y agregó que “Esta es una investigación científica, no política. Se hicieron pruebas en Turquía, en Irán y en Estados Unidos”, reafirmó Ojeda Rondón.

Fue suficiente que el Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, lo anunciara en cadena nacional para que la plataforma YouTube censurara la intervención del presidente venezolano el pasado domingo #24Ene, en la que explicaba las bondades de la medicina y anunciaba que el Estado Nacional lo distribuirá por miles en el sistema sanitario público y privado porque está comprobado que es un poderoso antiviral complementario para lograr la sanación de COVID-19.

El futuro de Venezuela, según distintas fuentes gubernamentales, incluye aumentar producción en el sector de la industria farmacéutica tal como lo hacen Irán y Cuba. Y a juzgar por el recibimiento dado por la prensa hegemónica mundial al Carvativir, la demonización política del avance médico-científico será igual al que aplican contra esos países bloqueados por Estados Unidos y sus aliados, que ni aún en plena pandemia bajaron intensidad a sus medidas de coerción unilateral.

India, Sudáfrica, Tailandia, Brasil y Malasia también han sufrido presiones por parte de las transnacionales farmacéuticas en casos de innovación médica. El rol de esos conglomerados es buscar la manera de influir en forma permanente en las normas del comercio internacional para beneficiarse y levantar más ganancias, aún incluso si perjudican la salud pública. En estas cuestiones también influye si un país es pobre o rico. Y con qué aliados cuenta.

Venezuela se metió en la boca del lobo

Aunque las farmacéuticas lucran con las investigaciones que hacen los laboratorios gubernamentales y universitarios, donde se originan la mayoría de los nuevos medicamentos, hay que recalcar que los contribuyentes somos los que pagamos con nuestros impuestos esos avances y resultados científicos.

Las «devoradoras de corazones y de bolsillos» reciben créditos fiscales e incentivos financieros para reducir su riesgo de inversión en Investigación y Desarrollo, luego privatizan y patentan los medicamentos resultantes y el final del cuento indica que, nos desangran cobrándonos precios especulativos a los gobiernos y a los pacientes.

Le preguntamos al profesor y farmaceuta Eduardo Samán si desarrollar medicamentos es tan costoso como nos dicen las farmacéuticas. Y nos respondió lo siguiente:

«Es un discurso de las farmacéuticas transnacionales para justificar el alto precio de los medicamentos con las consecuentes ganancias exorbitantes, la inmensa mayoría de los medicamentos presentados como innovadores no son más que ligeras modificaciones de los existentes, son pequeñas variaciones en la molécula que lleva a medicamentos con la misma actividad terapéutica del existente, es decir no representan novedades terapéuticas, por ejemplo «los sartanes»:  losartan, valsartan, irbesartan o «los prazoles»: omeprazol, pantoprazol, esomeprazol, etc cambios en las dosis 500 mg, 650 mg (forte), 800 mg etc, cambios en las sales o en los cristales, ejemplo diclofenaco sódico, diclofenaco potásico.

Refiere que incluso las moléculas que son realmente novedosas, muchas son desarrolladas en Centros de Investigación que reciben fondos públicos o universidades y luego su patente es cedida o licenciada a un laboratorio transnacional. Este discurso está totalmente desmontado en el libro de Merril Goozner: La píldora  de los  800 millones de dólares; La verdad sobre el costo de las nuevas drogas.

Ahí radica otro gran desafío para producir medicamentos en Venezuela: lograr precios asquibles compitiendo con las fauces del lobo feroz: las transnacionales.

Cortar las cadenas de sumisión a las transnacionales farmacéuticas con la producción del Carvativir implica que medios de comunicación hegemónicos como Clarín por ejemplo, desde Argentina, trate con sorna la noticia que se regó por el mundo. La razón, según Samán, es porque «el principio activo del Carvativir es el isotimol y carvacrol, son compuestos de origen natural que no pueden ser objeto de una patente.

El gran mérito de sus investigadores es demostrar la eficacia terapéutica en humanos así como su seguridad, eso allana el camino para que todos, a nivel mundial, puedan producir el medicamento sin el pago de una regalía sobre la propiedad intelectual. Generalmente cuando una farmacéutica se topa con un producto natural con actividad terapéutica no usa directamente la molécula, ya que no la puede patentar, sino que prepara derivados sintéticos llamados prodrogas, que una vez consumidos por la persona son hidrolizados en el estómago y liberada la droga original y otras veces comercializan el metabolito activo, que es la sustancia que actúa cuando la droga (principio activo) sufre una transformación en el cuerpo. En pocas palabras usan artilugios para evadir la legislación de patentes que impide la apropiación de la naturaleza».

¿Qué viene ahora para producir el Carvativir?

«Viene la fase 4: la producción en masa del medicamento y un proceso de farmacovigilancia. Vamos a evaluar cómo se comporta el medicamento en la población general. Nos vamos a abrir a todas las comunidades científicas del país y del extranjero para que vean lo que hemos obtenido hasta el día de hoy» dijo a EFE el investigador principal Ojeda Rondón.

Desnudar las mentiras del negoción de las grandes farmaceúticas que aseguran que necesitan grandes beneficios para poder invertir en innovación es la gran tarea ciudadana en medio de una pandemia mundial. Las farmacéuticas gastan más en ventas, en marketing y en recomprar acciones para aumentar los precios de lo que producen que en la inversión inicial. Y tienen un modelo sostenible para su negocio mientras la población esté enferma.

Por eso también aplican las llamadas ‘patentes perennes’ o ‘patentes imperecederas’ a las que se refiere el Profesor Samán. Esto consiste en solicitar una patente adicional sobre un pequeño cambio hecho sobre los medicamentos existentes, prolongando su monopolio y bloqueando los medicamentos genéricos asequibles, los que podemos pagar los ciudadanos con bajo poder adquisitivo o mejor dicho, los medicamentos que nos cuestan menos.

El rol del ALBA

Mientras la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, reciben la investigación hecha en Venezuela con las evidencias clínicas y paraclínicas para validar y/o certificar el Carvativir, según el protocolo establecido, la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América, Tratado de Comercio de los Pueblos ( ALBA-TCP), fue mencionada por el presidente Nicolás Maduro como receptor del medicamento viral anticovid 19. Por lo que, es ésta una innovación científica para contrarrestar los efectos médicos de la pandemia, no sólo en Venezuela sino en la región, y se uniría a las ya anunciadas de la molécula DR-10, el suero equino y la ozonoterapia.

Gobiernos de todo el mundo con la Unión Europea como motor de presión, legisla para que las farmacéuticas les cumplan en tiempo y forma con la cantidad de dosis de vacunas anti COVID-19 pactadas con las transnacionales farmacéuticas que se han convertido en autoridades «ut supra» de los Estados nacionales.

Por todo esto, poner a la orden de los pueblos del globo un insumo médico como el Carvativir, un inmunomodulador, que además de inhibir al virus pueda contrarrestar sus efectos ya instalado, constituye una afrenta a las transnacionales del sector que ya están en una danza rota. Más de 101,6 millones de contagios y más de 2,1 millones de muertos en todo el mundo muestran la dimensión del problema.

Marcela Heredia