Al menos 30 colombianos solicitados por la justicia en su país, han sido capturados en Venezuela, según declaró el presidente Nicolás Maduro. La ruptura de relaciones colombo venezolanas, y la decisión de Colombia al no reconocer al Gobierno venezolano, son hasta ahora un muro infranqueable.

«Estoy dispuesto a restablecer las relaciones a nivel consular para que tengamos relaciones consulares fluidas y todos estos temas se puedan llevar a través de los cónsules: Iván Duque, escúchame», pronunció este miércoles 29 de enero el Presidente venezolano.

El mandatario colombiano insiste en no reconocer al Gobierno constitucional de Venezuela representado por Maduro. Al ser difundida la noticia sobre la captura de la ex congresista Aída Merlano en el estado Zulia, el Ministerio de Justicia de ese país emitió un comunicado que reza, «cuando el juez competente solicite la extradición de la señora Aída Merlano, el Gobierno Nacional hará la solicitud ante el legítimo Gobierno de Venezuela, en cabeza de Juan Guaidó». Tal declaración ha sido objeto de burlas y memes en las redes sociales.

No obstante, el hecho hace pensar en la cantidad de trámites y acciones bilaterales que pudieran estar en el limbo en una frontera tan movida como la que existe entre Colombia y Venezuela, debido a las tensiones actuales entre ambas naciones suramericanas. Por tal razón, Hinterlaces.net entrevistó a Pável Rondón, ex embajador de Venezuela en Colombia y experto en el tema fronterizo.

Lo primero que indica, es que la frontera colombo venezolana, contrario a lo que se cree, es una frontera de convivencia y entendimiento, sobre la que se ha creado un estereotipo que necesitan los vendedores de armas del mundo para aumentar su negocio.

Antecedentes

«Todos los países de América Latina tanto centro como Suramérica, han tenido guerras. Colombia y Venezuela son los únicos dos países en el continente que no han tenido una guerra entre sí. Colombia ha tenido guerras fronterizas con otros países vecinos, Venezuela no ha tenido ninguna con ningún país», afirma Rondón.

Recuerda que sí han existido tensiones importantes, de las que reseña dos: la denominada «incursión del Caldas», cuando Colombia puso una nave militar en aguas territoriales del Golfo de Venezuela, «estuvo apunto de ocurrir un conflicto, los aviones militares venezolanos ya sobrevolaban la zona. A última hora, el presidente Virgilio Barco decidió retirar las naves y no hubo conflicto».

Por otra parte, reseña el caso de la finka Daktari, que implicó el traslado a Caracas de un grupo paramilitar armado proveniente de Colombia, con intenciones de generar acciones terroristas en el país. El grupo criminal fue capturado y entregado a las autoridades colombianas.

A pesar de estos episodios insiste en que se trata de un territorio de paz, donde los habitantes viven de un lado al otro de la frontera de manera rutinaria.

La mayor tensión en 200 años

Para Rondón, quien ha estudiado y atendido el tema binacional, la situación actual de ruptura de relaciones entre los dos países nunca había existido, «éste es el momento de mayor tensión en 200 años. El presidente Hugo Chávez congeló las relaciones pero por días, por algunos incidentes», afirma al recordar, «un agravio al presidente Chávez en noviembre de 2007», al ser excluído sin previo aviso de las conversaciones para un acuerdo humanitario entre las Farc y el Gobierno de Álvaro Uribe, el bombardeo de Colombia a Ecuador en Sucumbíos y la instalación de 9 bases militares estadounidenses en Colombia, considerado por Venezuela como un acto hostil y un riesgo para su seguridad. En todas estas oportunidades hubo congelamiento de las relaciones por poco tiempo y se mantuvo personal consular.

Reseña como hecho notorio el nivel al que los presidentes Hugo Chávez y Juan Manuel Santos llevaron las relaciones bilaterales, al punto en que se incrementó el comercio, se establecieron proyectos conjuntos y eso impactó positivamente la economía de ambas naciones. Al respecto, resalta el acuerdo de evitar lo que llamaron «la diplomacia de los micrófonos», para disminuir las manipulaciones mediáticas en los temas comunes.

Hoy, considera que existe una «diplomacia de Twitter (…) hemos visto que por lo menos hasta diciembre, al menos una vez a la semana ha habido declaraciones de ambos países, funcionarios, presidentes, cancilleres, en algunos casos adjetivándose. Realmente en una forma inconveniente, poco diplomática, poco política y poco seria, porque se pueden defender los derechos de cada país y esa es la función de los organismos públicos, pero con cierto lenguaje, eso puede profundizar las diferencias».

El caso Merlano reabre las heridas

Según las reseñas de la prensa local colombiana ylos medios internacionales, la corrupción electoral es común en Colombia. Sin embargo, Aída Merlano, electa como senadora al Congreso de ese país, es la primera a quien se le ha podido comprobar el delito; fue condenada a 15 años de prisión, por haber pagado alrededor de 1,7 millones de dólares en la compra de votos.

Merlano habría escapado de las autoridades en una visita al odontólogo y capturada por cuerpos de seguridad venezolanos en El Milagro, estado Zulia. «La captura de la senadora evidencia una realidad fronteriza, las personas perseguidas siempre buscan refugio en el otro lado. Lo peculiar en este caso es que el Gobierno de Colombia no tenga información respecto al papel de (Juan) Guaidó. ¿Cómo le va a pedir a Guaidó a una persona que está detenida, a la orden de los tribunales venezolanos, en cárceles venezolanas? ¿cómo cree que en Caracas va un diputado de la Asamblea Nacional a tramitar ese procedimiento? hay una postura fuera de la realidad. Duque está fuera de la realidad y de la política», reafirma.

Retomar las relaciones, a pesar de las diferencias

Para Rondón, el planteamiento que hizo el presidente Maduro «podría ser el inicio de una restitución de las relaciones que es lo más conveniente, aunque sigan las diferencias. Restituir las relaciones significaría reconocer las instituciones venezolanas, pero es el camino que queda, no hay otro. Las posibilidades de conflicto hay que rechazarlas».

Sostiene que la a primera medida a adoptar por parte de Venezuela es quitar los obstáculos de la vía, «restringir el paso, pero sin esos obstáculos. Y luego abrir totalmente los pasos en frontera, porque ese cierre no ha resuelto nada».

Rondón ofrece esta entrevista desde el estado Táchira y advierte que , desde el punto de vista de la seguridad, con los obstáculos en el paso fronterizo, se generan nuevos delitos, «la gente sigue pasando por debajo del puente, y hay quienes cobran por pasarlos, se deben pagar en este momento unos 10 mil pesos».

Como ejemplo de la necesidad de una apertura de fronteras, asegura que buena parte de los negocios en San Antonio del Táchira han debido cerrar, pues hay un alto grado de complementariedad entre las ciudades fronterizas, «una de las mejores industrias del cuero de América Latina era la de San Antonio, pero muchos insumos venían de Colombia. Al cerrar el paso fronterizo no llegan los insumos; han cerrado esas empresas y muchos empresarios han debido instalarse en Cúcuta. Eso ha hecho que se incremente hasta el momento la actividad económica en esa ciudad en 30% y haya caído en 80% para san Antonio y Ureña. Es decir, que ha sido contraproducente para la economía venezolana», explica.

El ex embajador venezolano manifiesta que estas tensiones son entre Caracas y Bogotá, «los presidentes pueden mantener sus diferencias políticas, pero la vida en la frontera no es de declaraciones, todos los días en la mañana los niños tienen que ir al colegio y cruzan la frontera de un lado a otro, los trabajadores deben cruzar para venir a trabajar acá. A cada momento se enferma un familiar, las familias están divididas, viven entre el lado colombiano y venezolano. Necesitan las relaciones de manera permanente, así ha sido desde siempre. No hay razón para que se impida eso». Añade que es inhumana la situación actual, pues entre los obstáculos puestos por las vías oficiales, queda un espacio de unos 90 centímetros, por donde pasa la gente por miles a diario de ida y vuelta.

Sobre problemas como el contrabando de gasolina, refiere que el país pierde más combustible por el contrabando que existe hacia las islas del Caribe, que lo que sale por la frontera con Colombia. «En un barco que sale hasta con 5 millones de barrilles de petróleo y llega a esas islas, representa dos años de gasolina que llegan al Táchira en gandolas».

Sentencia que el conflicto actual es una guerra de declaraciones, pues la gente en la frontera encuentra las maneras de continuar con su rutina diaria que incluye circulación permanente hacia los dos lados de la línea imaginaria.

Jessica Sosa