Geopolítica · Análisis Situacional

El acuerdo entre EE.UU. e Irán no es la victoria que proclama Trump: es la evidencia de que la primera potencia militar del mundo falló en todos sus objetivos. El analista internacional Sergio R. Gelfenstein explica por qué este momento redefine el orden global y qué consecuencias tendrá para Venezuela.

Oscar Schémel · Hinterlaces 6 min de lectura Análisis Internacional

Cuarenta días, cero objetivos

Contra todo pronóstico, Irán y Estados Unidos anunciaron un acuerdo luego de cuarenta días de ataques continuos. Donald Trump lo presentó como una victoria. El analista internacional Sergio R. Gelfenstein, consultado en el programa Análisis Situacional, tiene una lectura radicalmente distinta: lo ocurrido es una derrota comparable, en su dimensión simbólica y estratégica, a la de Vietnam.

El primer objetivo de Washington era el cambio de régimen. La hipótesis era que el asesinato del liderazgo religioso desestabilizaría el sistema. Pero Irán no funciona con la lógica occidental de un gobierno que cae cuando cae su cúpula. El líder supremo es elegido por 88 ayatolás. Existe una Asamblea de Discernimiento que rige el Estado desde 1979. Y ante cualquier vacío de poder, hay una sucesión de hasta tres líderes previamente designados. El sistema está construido para ser irrompible.

Los demás objetivos corrieron la misma suerte. No lograron controlar los precios del petróleo. No lograron cerrar el Estrecho de Hormuz. No lograron capturar el programa de uranio iraní —que, por decreto religioso del propio Ayatolá Jameneí, nunca tuvo como fin construir una bomba nuclear. Y la capacidad misilística de Irán permanece intacta. La suma de los fracasos es la respuesta a la pregunta que Gelfenstein formula con precisión: ¿qué es exactamente lo que Trump dice haber ganado?

«Después de 40 días de golpes continuos, duros golpes continuos, aparentemente termina este conflicto, por lo menos en esta etapa. Y Estados Unidos no logra sus objetivos.» — Sergio R. Gelfenstein, analista internacional

El error de creer que el mundo es occidental

Para Gelfenstein, la raíz del fracaso no es táctica sino cultural. Estados Unidos atacó a Irán sin comprender a Irán. Y eso, dice, no es un accidente: es una tendencia estructural del pensamiento occidental que impone sus categorías sobre civilizaciones radicalmente distintas.

Persia tiene 7.000 años de historia. Su concepción de la muerte, la resistencia y el poder no tiene equivalente en la tradición occidental. Cuando los generales iraníes caían abatidos, las declaraciones públicas eran de felicitación a sus familias: habían alcanzado el martirologio, la forma más alta de muerte según el Islam chiíta. No era retórica. Era una lógica política completamente distinta, que hace irrelevante la estrategia de «decapitar» el liderazgo.

El mismo error se repite, señala Gelfenstein, cuando se evalúa a China o al mundo árabe con los parámetros de la democracia liberal. La democracia china tiene una Asamblea Nacional Consultiva ante la que deben rendir cuentas todos los líderes, incluido el presidente. El Islam tiene preceptos jurídicos que son, al mismo tiempo, preceptos religiosos. Imponer la democracia occidental «como si fuera universal», concluye, «está en la raíz de muchos problemas que se generan en el mundo». El resultado práctico en Irán fue una guerra planificada sobre suposiciones falsas.

Un sistema que se rompe desde adentro

Lo de Irán no ocurre en el vacío. Gelfenstein ubica este conflicto como el cuarto de una cadena que comenzó en 2020 y que, en conjunto, está demostrando el agotamiento del orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial. La pandemia reveló que el mundo no pudo unirse frente a un enemigo común porque «primó el lucro y la ganancia por encima de la salvaguarda de la vida». La guerra en Ucrania mostró que, ante la incapacidad de las instituciones internacionales, las potencias recurren a la fuerza. Gaza demostró que el mundo puede observar un genocidio por televisión sin que nadie lo detenga. E Irán confirma que ni la ONU, ni la OMC, ni ningún organismo multilateral tiene hoy capacidad real de regulación: el 38% de la humanidad vive bajo sanciones.

En paralelo, el sistema se está fracturando desde su propio centro. Trump no está siendo erosionado por sus enemigos externos. «No lo está destruyendo ni Fidel Castro, ni Xi Jinping, ni Putin», dice Gelfenstein. Lo está destruyendo el presidente de Estados Unidos, gobernando exclusivamente para el 1% más rico y desmantelando las instituciones que daban legitimidad al modelo capitalista que durante décadas fue presentado como universal.

En cuanto a las alianzas, el analista es categórico: la Guerra Fría terminó y con ella las alianzas ideológicas. Hoy lo que prima es el interés nacional. El caso de Turquía lo ilustra sin ambigüedad: aliada de la OTAN, con excelentes relaciones con Rusia y vendedora de drones a Ucrania. China y Rusia son actores con agendas propias, no bloques solidarios. Quien espere que alguno de ellos actúe por lealtad ideológica —como se esperaba en Venezuela— está leyendo el mundo con categorías que ya no existen.

Las consecuencias del conflicto con Irán ya se sienten en terrenos que parecen lejanos. El Golfo Pérsico concentra el 30% de los fertilizantes del mundo. Durante las semanas de conflicto, los envíos se interrumpieron. El petróleo se recuperará cuando los barcos vuelvan a fluir. Los fertilizantes, no: las cosechas que debían recibirlos ya no los recibirán. La conclusión de Gelfenstein es directa: habrá hambruna en 2026.

En síntesis, lo que ocurrió en Irán no es un episodio más de la política internacional: es una señal de que el modelo unipolar liderado por Washington está en su ocaso. Irán resistió cuarenta días de bombardeos, preservó su sistema político, su programa nuclear pacífico y su capacidad misilística, y salió del conflicto convertido en un actor de influencia global con capacidad de decidir quién transita por el Estrecho de Hormuz. La derrota de EE.UU. no es solo militar; es civilizacional. Y en un mundo donde las alianzas ya no se rigen por ideología sino por interés, el tablero quedó abierto para quienes tengan la lucidez de leer las nuevas reglas.

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Oscar Schémel · Hinterlaces

Análisis Situacional es el programa de análisis político e internacional de Hinterlaces. Este artículo está basado en la entrevista con Sergio R. Gelfenstein, analista internacional, doctor en Estudios Políticos e investigador docente de la Universidad de Shanghai.