Vivimos tiempos en los que el peso y la influencia de los líderes es superior al peso de las ideologías y de los partidos políticos. No estamos hablando del fin de las ideologías ni mucho menos. Por el contrario hay una vuelta al Estado, la Política y la ideología, cuando asistimos al fin del ciclo neoliberal.

Queremos decir que hoy los líderes persuaden, convencen y convocan a las mayorías, no sólo por sus cualidades personales, sino sobre todo porque encarnan una causa o una ideología, unos valores y creencias, con los cuales los ciudadanos se identifican y se sienten representados.

Para ello, los líderes necesitan contar con una poderosa caja de herramientas que contenga emociones, narrativas, símbolos y gramáticas, que le permitan conectarse profundamente con el sentimiento nacional de una época.

Tengamos siempre presente que la lucha política es una lucha emocional y simbólica, es una batalla lingüística, es una confrontación cultural, con el objetivo de conquistar el corazón y las emociones, la mente y las ideas de los ciudadanos.

En este sentido, las carencias crónicas de la oposición venezolana se agravan por la ausencia entre sus filas de líderes verdaderos y no de liderazgos de probeta, sin cerebro estratégico, sin las herramientas básicas de comunicación política, desprovistos de un mínimo repertorio de símbolos, gramáticas y narrativas.

La derecha venezolana sufre de muy débiles competencias políticas y simbólicas para cambiar la correlación de fuerzas sociales y culturales que hoy favorecen al Chavismo.

Las sucesivas derrotas políticas de la oposición también tienen que ver con la condición de clase de sus dirigentes, en su mayoría provenientes de las clases medias y altas de la sociedad venezolana, en algunos casos con residencia en el exterior. Sus líderes carecen de conexión social, política y territorial con las mayorías populares.

Hoy la oposición está más débil, desarticulada, desconcertada y con una inmensa derrota a cuestas, sin liderazgos auténticos, sin estrategia y sin mensaje, cada vez más sometida a factores internacionales.

Las emociones no son ni han sido nunca atributos superficiales. Muy por el contrario, las emociones abren las puertas del corazón y de la razón, de las motivaciones profundas y las decisiones más sólidas.

Las emociones son la plataforma y el alimento desde las cuales se forman las ideas y las opiniones, las emociones construyen la identidad y modelan nuestras posiciones.

Por ello, Hinterlaces hace tanto énfasis en la interpretación científica de la dimensión emocional, cultural y simbólica del comportamiento político, social y económico, en los repertorios gramaticales y los relatos… y no sólo en el registro tradicional de la opinión pública.

Pensamos lo que sentimos. Y la política se siente, antes de pensarse.

En conclusión, el Chavismo es una identidad de clase, es una cultura política y es principalmente una comunidad emocional, más allá de una gestión de gobierno.

Oscar Schémel