«El mundo actual no enfrenta un conflicto aislado, sino la convergencia de tres crisis terminales»

El diputado Rodolfo Sanz aseguró este domingo en el programa de Análisis Situacional de Oscar Schémel una radiografía profunda de la coyuntura venezolana tras los eventos del 3 de enero de 2026, insertándola en un tablero de ajedrez mundial convulso.

A su juicio el mundo actual no enfrenta un conflicto aislado, sino la convergencia de tres crisis terminales: una civilizatoria, marcada por el agotamiento de recursos y la urgencia de la transición energética; la implosión del orden mundial de la posguerra, donde las instituciones internacionales han perdido su capacidad regulatoria; y la crisis de la hegemonía unipolar estadounidense.

Explica que en este escenario, la administración de Donald Trump ha optado por el camino de la dominación ante la pérdida de influencia del dólar y su rezago en la carrera tecnológica. Venezuela, poseedora de las mayores reservas de hidrocarburos y de minerales críticos esenciales para la inteligencia artificial (IA), se convierte así en el epicentro de la estrategia de seguridad nacional de Washington, que busca asegurar recursos energéticos para ganar la competencia industrial frente a China.

La guerra cognitiva y la resiliencia

Frente a la presión internacional, Sanz introduce el concepto de la «guerra cognitiva» o cerebral como el nuevo campo de batalla. Más allá de la confrontación militar o el bloqueo naval, existe un esfuerzo sistemático por capturar la narrativa y moldear la percepción pública, intentando atribuir cualquier mejora económica futura a la intervención externa y no a la gestión del Estado nación.

Ante este asedio, el analista destaca la naturaleza del chavismo como un sujeto social histórico de profunda organicidad y plasticidad política. Lejos de ser una estructura artificial, el movimiento se define por una suerte de «religiosidad política» que le otorga una cohesión emocional y simbólica capaz de resistir crisis extremas. Esta unidad férrea, manifestada tras los eventos de enero bajo el liderazgo de figuras como Delcy Rodríguez, ha permitido al país mantener su estabilidad institucional y evitar una fractura social, demostrando que el chavismo sigue siendo la fuerza determinante para garantizar la gobernabilidad en un ecosistema de presiones sin precedentes.

La Reforma Petrolera como estrategia de soberanía y futuro

El eje central del análisis recae en la necesidad pragmática de reformar la Ley Orgánica de Hidrocarburos para reactivar el aparato productivo nacional. Sanz argumenta con realismo que Venezuela requiere inversiones masivas, de entre 25.000 y 50.000 millones de dólares, imposibles de generar sin la participación del capital multinacional.

«La flexibilización de las regalías (del 30% al 20% según el proyecto) se presenta no como una concesión, sino como un incentivo necesario para garantizar la rentabilidad del inversor en un mercado global competitivo».

Esta apertura, que contempla la transición de licencias individuales a generales por parte del Tesoro estadounidense, es defendida por el diputado como un acto de soberanía: el petróleo bajo tierra no genera bienestar si no se transforma en riqueza tangible.

Finalmente, Sanz asegura que la visión de futuro se materializa en la propuesta de fondos estratégicos para infraestructura y ahorro intergeneracional, asegurando que los ingresos del «oro negro» no se fuguen, sino que sirvan para reconstruir el estado de bienestar y alcanzar la meta de los 5 millones de barriles diarios.