“Globalistas vs Patriotas”: América Latina en el nuevo panorama geopolítico.

Ha pasado treinta años desde que el expresidente George H. W. Bush sentenciara el inicio de “un nuevo orden mundial” con el fin de la llamada Guerra Fría. Con este discurso se anunciaba la victoria del “mundo Occidental” liderado por los Estados Unidos sobre el “campo” de países socialistas que gravitaban alrededor de la Unión Soviética. La gran incógnita que giraba en torno a los círculos intelectuales y políticos norteamericanos era ¿Cuál sería ahora el futuro de la Humanidad?

Para entonces, dos importantes tesis emergentes fueron expuestas en las comunidades políticas e intelectuales norteamericanas. Por un lado, la obra del “Fin de la historia y el último hombre” de Francis Fukuyama que proclamaba el “fin de las ideologías” y brindaba una visión “optimista” que escenificaba la caída del Muro de Berlín como el triunfo ultimo de la visión liberal del mundo moderno. Por otro lado, Samuel Huntington, publicaba un polémico artículo titulado “El choque de civilizaciones”, en donde coincidiendo con Fukuyama, aclamaría el fin de las disputas ideológicas del pasado, pero esgrimiría una visión más “pesimista” en torno a los futuros conflictos geopolíticos.  Para Huntington, el futuro de la humanidad estaría determinado por encarnizados conflictos civilizatorios basados en diferencias culturales.

“El Choque de Civilizaciones” es una visión que no solo contrasta con la idea de un futuro mundo ineludiblemente liberal de Fukuyama o  con la “aldea global” de McLuhan, sino que ubica la geopolítica  futura en el contexto de 7 u 8 grandes civilizaciones en disputa creciente por aéreas de influencia económicas, culturales y demográficas. Ahora bien, la tesis de una proceso de globalización de los valores, culturas, modelos políticos y económicos de Occidente, expuesta victoria culminante liderada por los Estados Unidos, logro ser mucho más persuasiva en las esferas políticas demócratas y republicanas.

En paralelo con la caída de la URSS, se expresaban otros fenómenos políticos y sociales importantes como el declive del Estado de Bienestar europeo, las crisis de las deudas en América Latina y el colapso y agotamiento de las fuerzas agrupadas bajo las ideas de la socialdemocracia tradicional. Esto apuntaba a un debilitamiento de los Estados-nación, las doctrinas proteccionistas y las ideologías nacionalistas. 

Posteriormente, las ideas de Huntington serian retomadas por las elites neocons que respaldaron al presidente  G. W. Bush en el 2001 como efecto del 11 de Septiembre y la guerra de Irak en el 2003. No obstante, la llamada “guerra contra el terrorismo” y la famosa Doctrina de “Guerra Preventiva” fueron expuestas de manera tal que se reafirmara 1) la supremacía mundial de los Estados Unidos  2) el carácter criminal y no político del “enemigo”. Por tanto, la globalización suponía el máximo de apertura posible al mercado global y la máxima adhesión a los valores culturales y políticos por parte de todas las naciones.

Los grupos de izquierda opusieron resistencia, ya no a partir de las clásicas consignas socialistas, sino desde movimientos sociales antiglobalistas, de reafirmación de las identidades nacionales y reivindicando el papel de los Estados-naciones como instrumentos de autodeterminación y desarrollo económico. Estos movimientos tuvieron éxitos importantes en latinoamerica que se concretaron en un bloque de gobiernos de izquierda y centroizquierda en lo que se denominó el “ciclo progresista”. Por otro lado, la violencia generada en el Medio Oriente y en el Norte de África por las guerras de Afganistan, Irak, Libia y Siria vehiculizaría la reafirmación de movimientos asociados al fundamentalismo islámico opuestos a Occidente.  Por último, dentro de la lógica de la globalización económica aparecerían nuevas tensiones con la emergencia de los BRICS en el 2008, aunado a la emergencia de países como Irán y Turquía.

El colapso de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos, que detonaría la crisis financiera internacional del 2008,que afectaría con creces a los países desarrollados Occidentales, conduciría a un lento reacomodo del mundo. El crecimiento permanente de la economía China apunta a disputarle el liderazgo mundial a los Estados Unidos.

Para el gobierno demócrata y globalista del presidente Obama, la economía china y estadounidense estaría íntimamente vinculadas, siendo ambos mercados los grandes motores de la economía mundial. Durante los dos periodos de gobierno de Obama, Estados Unidos y China mantuvieron un fuerte intercambio y cooperación internacional, a pesar de las diferencias y tensiones obvias. No obstante, la victoria de Donald Trump cambia el panorama político norteamericano y mundial. El ala extremista republicana que acompaña a Trump favorece una visión que ha sido considerada “aislacionista” y “antiglobalista”.

La “guerra comercial con China” emprendida desde el 2019 por la Administración Trump, las renegociaciones del TLC con Canadá y México, así como la política antimigración de Trump, es una clara muestra de un viraje estratégico en las elites norteamericanas contra el proceso de globalización, que termino afectando la hegemonía norteamericana dándole paso a adversarios más competitivos desde el punto de vista económico.  

Hemos tomado un par de extractos de dos discursos emblemáticos que ilustran la dinámica geopolítica actual:

1)       La intervención del presidente Xi Jinping en el Foro de Davos (2017):

“Lo que deseo decir es que los muchos problemas de este mundo alterado, no han sido provocados en absoluto por la globalización económica. La causa que han provocado estos problemas son el caos de la guerra, los conflictos o los disturbios regionales. (…) La globalización económica es el requerimiento objetivo para el desarrollo de la capacidad de producción de la sociedad y el resultado de la ciencia y el progreso”

2)  El pronunciamiento del presidente Donald Trump en la última Asamblea General de Naciones Unidas (2019):

“Los lideres sabios siempre ponen el bien de su propio pueblo y de su propio país en primer lugar. El futuro no pertenece a globalistas. El futuro pertenece a los patriotas. (…)  En el centro de nuestra visión de renovación nacional se encuentra una ambiciosa campaña para reformar el comercio internacional”

A principios de siglo esto se vería como el mundo al revés. Estados Unidos, quien en otrora se había liderado la globalización, hoy está defendiendo aranceles y luchando contra la globalización y todo lo que esto supone (libre comercio, organismos multilaterales, procesos migratorios). Mientras tanto, la China del Partido Comunista, quien había sido escéptica a la globalización Occidental, hoy la defiende en foros internacionales y la usa como palanca de desarrollo. 

Hoy la tensión geopolítica se desplaza del Medio Oriente hacia China y Estados Unidos. No obstante, los Estados Unidos mantienen actividades militares de mediana envergadura en el Medio Oriente. Ahora bien, según algunos economistas como Nouriel Roubini o firmas como Morgan Stanley esta tensión podría llevar a una gran recesión de la economía global en el 2020.

La política exterior de Donald Trump encarna las tesis de Samuel Huntington, quien se había anticipado a este escenario de confrontación con la civilización confucioniana (China) y proponía ante ello al final de su “Choque de Civilizaciones” que los Estados Unidos debían “Incorporar a Europa y América Latina, cuyas cultura no se opone a la Occidental, promover y mantener relaciones de cooperación con Rusia y Japón, limitar la expansión confucionianos e islámicos”.

Exactamente así, Trump ha buscado aproximarse al bando de los “antiglobalistas” (Rusia, Turquía) a partir de acuerdos parciales sobre tensiones geopolíticas múltiples, debilitar a la Unión Europea (Brexit, Salvini, Orban) en función de lograr mayor influencia en el área y controlar América Latina. Todo ello, buscando un frente común  que debilite los intereses geoestratégicos del proyecto chino y de las corrientes de poder islámicas. Es decir, América Latina hoy se convierte en un gran eje de disputa geopolítica. Por un lado, China realizo importantes inversiones y préstamos en la región, así como rediseñó su proyecto globalista de la Nueva Ruta de la Seda en función de incluir a América Latina dentro del proyecto. Por otro lado, los Estados Unidos buscan realinear a América Latina con su política exterior para haciendo frente a China. La disputa política en cada nación latinoamericana tiene, entre otras cosas, como telón de fondo, este panorama geopolítico