Guiria morbo
Güiria: El morbo como arma política

Si el hombre está hecho a la imagen y semejanza de Dios ¿por qué no se respeta un poco en los seres humanos el soplito de Dios que habita en cada uno, para que seamos hermanos todos? Atahualpa Yupanqui

Güiria, pueblo oriental venezolano de pesca y producción agrícola y gasífera, corazón económico de la península de Paria, puerto, tierra fértil y salida al mar, es hoy el top de la agenda política nacional. Un tema que duele (o debería) a todos, es centro una vez más de las manipulaciones de los mercenarios mediáticos y de quienes buscan rédito político, aún en medio de la tragedia.

Se trata en esta oportunidad de 28 venezolanos que rindieron la vida en el mar. 26 de ellos ya fueron identificados, según declaró este jueves el fiscal General de la República, Tarek William Saab. Les habrían cobrado 150 dólares por trasladarlos entre Güiria y Trinidad. Los responsables de las embarcaciones zozobradas, tienen antecedentes penales por delitos de drogas.

Mediática y xenofobia

El tema ha trascendido las fronteras nacionales, y se impone en el ámbito internacional, desde donde la agenda setting ha posicionado de manera permanente el tema de la migración venezolana en el contexto de la crisis económica del país. La Agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados y la Organización Internacional para las Migraciones, manifestaron este martes su profunda tristeza por la muerte o desaparición en alta mar de estas personas.

Por su parte, el Ministerio del Poder Popular para Relaciones Interiores, Justicia y Paz (Mpprijp), informó la creación de una comisión especial y adelanta la realización de pesquisas sobre la “participación de voceros del extremismo venezolano en la generación de zozobra que han utilizado esta tragedia humana como un dispositivo mediático con fines macabros y perversos”.

En la misma jornada, un juez del Tribunal Superior de Trinidad y Tobago determinó que nueve venezolanos, entre ellos cinco niños, no serán deportados mientras continúa la conmoción y el luto en pueblos considerados hermanos. Sólo 100 km separan a estos países.Desde el comienzo del llamado «éxodo venezolano», a Trinidad y Tobago llegaron más de 40.000 migrantes venezolanos. El país tiene 1,4 millones de habitantes.

Trinidad y Tobago, que en su legislación indica que no acepta a los emigrantes, no cumple con su obligación y responsabilidades, aún cuando son signatarios del acuerdo 51 sobre refugiados. Prefiere, como respuesta, hacer un llamado al Gobierno venezolano a investigar en profundidad lo ocurrido hasta ahora antes que adelantar el cumplimiento de las obligaciones estipuladas por la Organización de Naciones Unidas para este caso específico.

La tragedia de Güiria, lamentablemente, no es el primer caso de este tipo. Antes, en noviembre 2019, 16 niños venezolanos fueron deportados por autoridades trinitarias: los subieron a dos piraguas, de noche, entre el pánico y la ausencia de sus representantes. Así como se hace con los desamparados. Sueltos. Solos. Uno de ellos tenía cuatro meses.

Aunque están prohibidos por Naciones Unidas los retornos en alta mar en violación del principio de no devolución y la prohibición de las expulsiones colectivas» y se deben suspender todos los retornos forzosos durante la pandemia por COVID-19 19, en los hechos esto no se cumple.

Para los que agitaron imágenes, comparaciones con las fotografías del niño sirio ahogado en costas libias, para los zamuros de turno, hay que decir que ya en la tarde del miércoles 25 de noviembre, el canciller venezolano Jorge Arreaza escribió en Twitter que el gobierno nacional convocaba «una necesaria reunión de trabajo para revisar temas de seguridad, movilidad humana, lucha contra la delincuencia y narcotráfico» y afirmó que éste sería el segundo encuentro con Trinidad y Tobago en los últimos 4 meses.

La respuesta del gobierno trinitario fue demoledora y menos replicada en espacios mediáticos: el primer ministro trinitario Keith Rowley dijo expresamente en ese entonces que «la Organización de los Estados Americanos ha sido responsable de desencadenar y alimentar la actual situación venezolana».

En esa misma línea de trabajo, se mantienen ambos gobiernos ahora con Naciones Unidas enviando condolencias y llamando a ambos gobiernos a activar respuestas.

Con un movimiento de migrantes venezolanos en la región, medios hegemónicos globales se han dado un banquete.

Sin mencionar las condiciones en las que sobrevive y lucha un país golpeado por Estados Unidos y potencias imperiales, la prensa carroñera mete el dedo en la llaga con el siempre eterno fin de golpear al gobierno nacional y al partido ganador en las últimas elecciones parlamentarias. Nada dicen los medios de comunicación y redes sociales del fenómeno transnacional llamado trata de personas y nada cuentan de cómo se mueven esas ilegalidades para dinamizar economías y cajas negras ilegales dentro y fuera del territorio venezolano, con mano de obra barata venezolana. Según ONU, la trata de personas en todo el mundo deja ganancias anuales cercanas a los 32 mil millones de dólares. Las formas de explotación humana no nos pueden dejar indiferentes ni agitando lo más perverso de la política porque necesitamos de ella para cruzar respuestas.

Antes fue Cúcuta, hoy las costas venezolanas.

¿Adónde fueron a parar los US$31.5 millones de dólares del Mecanismo Global de Financiamiento Concesional donados al gobierno de Colombia para contribuir con los esfuerzos destinados a facilitar el acceso a empleos y servicios sociales básicos para los migrantes y refugiados de Venezuela, así como para las comunidades que los están acogiendo?. El «yonofuismo» es la respuesta. La Comunidad Internacional no puede replicar esta nefasta experiencia. 

Según el canciller venezolano Jorge Arreaza, «Una conducta usual de los opositores venezolanos desde 2001 es que conspiran, cometen delitos graves, financian o protagonizan acciones violentas y, al fracasar, se victimizan y niegan los hechos. El «YoNoFuismo» estructural para dar lástima y denunciar atropellos en el mundo».

Para muestra, quedaron las fotos del paseo de Angelina Jolie en el año 2009 en una supuesta «visita humanitaria» a migrantes venezolanos en la frontera con Colombia. Justo con el presidente Iván Duque, quien alienta un cerco internacional contra este pueblo, se reunió la actriz dramática.

Los opositores venezolanos que apoyan las sanciones de Estados Unidos y sus aliados contra Venezuela saben el daño que hacen. Peor aún, saben que jugar a la muerte hasta ahora los mantuvo en la impunidad. Esta vez, Güiria nos restriega por el rostro la urgencia de desenmascarar a los amantes del morbo y rechazar a los políticos inescrupulosos que, por no alcanzar votos y amparados por poderes mediáticos buitres, promueven división y violencia.

Marcela Heredia