Un año en cuarentena
¿Han cambiado los venezolanos después de un año en cuarentena?
Tiempo de lectura: 7 minutos.

Una mujer de 41 años y un hombre de 52 que ingresaron al país provenientes de Europa, fueron los primeros portadores de COVID-19 e el país. El hecho encendió las alertas y el 13 de marzo de 2020 se decretó el Estado de Alarma. Unos días después, con la aparición de lo que se denominó como los primeros contagios comunitarios el 17 de marzo, hace exactamente un año, se decretó la cuarentena nacional por primera vez en este contexto.

Los primeros 4 meses fueron radicales en cuanto al cumplimiento de la medida, luego el manejo eficiente de las estrategias para mantener los contagios controlados, así como la urgencia de retomar cierta normalidad en áreas neurálgicas, permitió el relajamiento de las condiciones, así como el surgimiento de iniciativas para reactivar la economía con mecanismos de bioseguridad, como el mecanismo 7 + 7.

Un año después, nos permitimos hacer un mapeo para detectar la posibilidad de cambios significativos en la población venezolana. Por esa razón Hinterlaces.net entrevistó a tres expertos para tener el punto de vista psicológico, sociológico y económico y determinar el impacto de la realidad impuesta por la pandemia y los confinamientos.

Perfil psicológico: estamos saturados y hemos perdido el miedo

Fernando Giuliani, psicólogo social considera que un año después de la primera medida de confinamiento, existe una saturación en la población sobre todo el tema de la cuarentena, quedarse en casa, las restricciones a la movilidad, etcétera.

«Cuando esto comenzó hace un año, privó el temor y la incertidumbre frente a un fenómeno inédito, pero vivir día a día, semana tras semana con una restricción te satura, incluso la conciencia, por la evaluación que hacemos todos de la realidad, al saber que estamos en una pandemia y que esto no se acaba todavía».

Asegura que, si bien por un lado «nos fuimos habituando a esa rutina y lo fuimos manejando, es una situación a la cual no nos vamos a habituar nunca de manera definitiva, es aversiva, demasiado bien se ha manejado». Por esa razón considera que el relajamiento de las medidas que permitió el Gobierno nacional durante el mes de diciembre era necesario, aunque significara después el incremento en los contagios como era de esperarse. «Es insostenible considerar una cuarentena como la que hicimos entre marzo y junio del año pasado, no solo desde el punto de vista económico, también desde el punto de vista psicológico».

Giuliani advierte que a pesar de haberse adaptado bien a las medidas, la población tiene deseos de retomar la vida como la conocía antes de la dinámica actual, «hoy tenemos unos jóvenes con muchos deseos de volver a las clases, retomar la vida social, hay muchos deseos de retomar la vida familiar, a lo largo de un año hemos tenido nacimientos, funerales, y cada uno de estos eventos nos remite nuevamente a la situación difícil de que no nos podemos reunir, aunque habrá quien lo hace».

Agrega que el miedo inicial disminuyó, «la percepción de riesgo bajó porque nos fuimos habituando y porque ha habido una gestión exitosa frente al virus, temíamos que esto se desbordara pero eso no ocurrió en este tiempo. Otro elemento novedoso es el elemento de la vacuna, eso también obviamente opera en la disminución del miedo, es como el náufrago que ve la costa (…) Ahora tenemos una situación que es la llamada variante brasilera y el Gobierno debe luchar contra este relajamiento, no de la medida sino de la percepción del miedo».

Para el psicólogo social, es importante considerar «lo que significa sobrellevar esta circunstancia en la situación económica tan dura que estamos viviendo, en las condiciones de los servicios públicos, soportando y resistiendo un bloqueo implacable y una guerra psicológica que no para nunca, que siempre está generando rumores, frente a todo ello está la constancia de todo un pueblo que sale a rebuscarse como puede a buscar su sustento».

No obstante sostiene que en Venezuela «y en todas partes han aumentado los problemas de tipo psicológico, situaciones que se pueden ubicar en el plano de la salud mental«, principalmente el recrudecimiento de cuadros que ya venían asomando antes de la pandemia como la violencia intrafamiliar, problemas anímicos; todo esto ha aumentado la necesidad de la atención psicológica, «los problemas agobian, la tensión es grande», insiste.

Giuliani señala que en medio de esta situación, se ha impactado la visión de futuro de la población, sobre todo en materia de empleo, la posibilidad de oportunidades, «Yo creo que como experiencia colectiva, más que cambiar, generó un conjunto de actitudes, conductas, modos de relacionarnos, impactó los imaginarios», reitera.

Perfil económico: Adaptarse para sobrevivir

El economista Elbano Mibelli indica que la realidad económica del venezolano se ha caracterizado por una modificación constante de sus capacidades de adaptación a momentos de crisis. Esta capacidad se encuentra determinada por cuatro variables claves como los ingresos reales de los hogares, con una remuneración mínima fijada en Bs. S 3.600.000/ mes, ingreso equivalente a USD$ 1,98 según una tasa de cambio de Bs. S 1.822.320,28 fijada por el BCV; la capacidad de empleovariación del nivel de precios/inflación (desde diciembre-2017 el país entró en un ciclo hiperinflacionario, que sigue siendo el principal factor que debilita el poder adquisitivo y valor de la moneda local); la posibilidad de acceso a bienes y servicios y la transaccionalidad en divisas, situación que abarca todos los estratos sociales sin discriminación alguna, debido a la pérdida de valor del bolívar, en la actualidad la circulación de divisas es un aspecto común socialmente.  

Más allá de las variables arriba mencionadas, la pandemia del COVID-19 modificó la realidad económica de manera radical, situación que restringió la dinámica comercial y laboral del país, afectando de forma directa los ingresos de los hogares (principalmente aquellos asociados al sector informal y donde lo ingresos se generan de forma diaria) y las empresas (quienes, al reducirse la movilidad nacional y actividades laborales no indispensables, más el ambiente económico contractivo en años anteriores, vieron como el nivel de ventas disminuyó).  

Hoy día existen dos realidades económicas para los venezolanos, la de quienes disponen de ingresos tasados en divisas, lo cual permite una mejor cobertura de las necesidades básicas, pero es una porción pequeña de la población y la de quienes no disponen de ingresos valorados en divisas, y reflejan la realidad de un consumidor con un poder adquisitivo muy mermado. Así mismo, desde el lado de las fuentes de empleo se han visto limitadas no solo desde el nivel de grandes empresas hasta el pequeño comercio debido a la nueva realidad operativa determinada por un esquema de flexibilización y cuarentena, planteamiento que ha venido modificándose de acuerdo al nivel de contagios por la pandemia.  

Luego de un año en pandemia, la sociedad venezolana ha sabido adaptarse a la nueva realidad bajo un esquema de compartir actividades laborales para generar ingresos a través de las redes sociales (como principal medio de oferta de bienes y servicio) y suplir de cierta forma la incapacidad de encontrar nuevas plazas laborales en el sector público y privado. Los ingresos de los hogares han pasado a estar conformados de diversas fuentes (apoyo de las transferencias directas que otorga el gobierno vía bono, más la remuneración mensual de la cabeza de familia e ingreso extras por la venta de servicios o productos de alguno de los integrantes del hogar). 

Para Mibelli, «se configura un panorama social donde existe un grado de desigualdad significativo entre quienes pueden acceder a una remuneración capaz de mantener la nueva línea de gasto básico social y quienes no cuentan con un nivel de ingresos indexado a la nueva transaccionalidad en divisas. Parece que estamos en un solo país, donde cualquier efecto de rebote social llegará a una sola capa de la población. Pero, a nivel macro, una porción importante de la población sigue padeciendo bajo limitantes estructurales básicas».

Perfil sociológico: Punto de inflexión

El sociólogo Damián Alifa refiere al líder ruso Vladimir Lenín, «hay décadas dónde no pasa nada; y hay semanas dónde pasan décadas». Para Alifa este año de pandemia, de implementación del 5G, de explosión de las posibilidades de la inteligencia artificial y de nuevas configuraciones en el liderazgo global puede entenderse como un año/década, «tal vez puede llegar a ser considerado, por historiadores en el futuro, como el hito que marque el verdadero inicio del siglo XXI».

Asegura que las pestes han sido históricamente desencadenantes de grandes transformaciones demográficas, económicas, sociales, psicológica y simbólicas, «no obstante, esos cambios se van mineralizando con el paso del tiempo y se tienden a estudiar en pasado. En este sentido, las ciencias sociales se ha visto interpeladas como nunca y frente a un gran reto que es responder sobre el futuro».

En ese contexto considera que para los científicos sociales venezolanos el reto es doble, «pues aunado a los cambios mundiales que ocurren por la confluencia de nuevas tecnológicas, nuevas fuerzas geopolíticas y nuevas tecnologías, se le agrega que el país vive un profundo punto de inflexión, un cambio muy significativo en cuando a su transición hacia ser un país no petrolero, con menos peso relativo del Estado, con una inédita vocación migrante y un proceso de hiperinflación que ha destruido el 80% de las fuerzas productivas del país. Es decir, nos toca aproximarnos a comprender la confluencia de cambios mundiales y nacionales, que tienen diversas causas, diferentes efectos, pero que se interrelacionan en el entramado social».

Añade que, cualquier estudio de comportamientos debe tener presente la recepción y apropiación de estos nuevos elementos de manera diferenciada por estratos sociales, niveles de instrucción, zonas del país en las que se habitan, géneros, entre otras variables a tomar en cuenta.

El sociólogo puntualiza que en términos generales, en el mundo se han desencadenado los siguientes fenómenos:

  • Una revalorización del rol del Estado y su autoridad como garante de la seguridad y la salud.
  • Una tensión entre el ejercicio de los derechos ciudadanos y las medidas restrictivas contra la pandemia.
  • La experimentación de tecnologías de inteligencia artificial para el control de la pandemia.
  • Un aumento del trabajo en casa y de la horas de conexión promedio de los trabajadores.
  • Mayor flexibilización laboral.
  • Se han disparado los efectos nocivos de noticias falsas, cadenas de rumores y posteridad.
  • Se ha hecho evidente los patrones de desigualdad social y comienzan a ser cada vez más parte de la agenda pública.
  • Ultimamente aparecen expresiones de llamados a la corresponsabilidad entre empresarios y Estado en la aplicación de medidas sanitarias.
  • Menos credibilidad en organismos internacionales, ante la ausencia o demora de respuestas y más expectativa en torno a soluciones dentro del enclave nacional.

Cuando se refiere al escenario Venezuela, indica que vemos:

  • Un ciudadano más independiente del Estado.
  • El venezolano está asumiendo el tema del contagio como una responsabilidad individual y familiar.
  • Menos preocupación por los debates ideológicos y la polarizacion y más apego a la búsqueda de soluciones compartidas.
  • Revalorización en los esfuerzos de autogestión comunitaria.
  • Mayor flexibilización económica y laboral.
  • Recrudecimiento de la desigualdad.
  • Mayor disposición a generar emprendimientos económicos o fuentes alternativas de ingreso.

​Evidentemente el panorama no es claro respecto a lo que ocurrirá este año, sin embargo el impacto real de la vacunación frente a la pandemia y las decisiones políticas y económicas que se tomen en el país, serán determinantes para afrontar la realidad que se ha configurado o incluso acelerado en el año transcurrido entre el 17 de marzo de 2020 y la misma fecha del 2021.

Jessica Sosa

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