Jorge Arreaza: La Ley de Amnistía es el gesto de voluntad política que el país necesitaba

El ejercicio de la política, en su concepción más pura, debería ser el arte de la mediación y la búsqueda del bien común. Sin embargo, cuando las sociedades atraviesan fracturas profundas, la política debe transformarse en una herramienta de sanación. Bajo esta premisa se erige la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, un instrumento que, según el diputado Jorge Arreaza, no solo busca resolver situaciones jurídicas, sino reconstruir el tejido emocional y social de la nación.

Durante su participación en el programa Análisis Situacional al presidente de Hinterlaces, Oscar Schémel, afirmó que el origen de esta ley no es fortuito; responde a un momento de vulnerabilidad institucional donde la paz se vio comprometida. La gestión de este proceso, liderada por la Comisión Especial de la Asamblea Nacional, destaca por un elemento poco común en la técnica legislativa tradicional: la escucha activa. Al integrar las voces de familiares de detenidos, víctimas de violencia política, juristas y diversos partidos, la ley dejó de ser un documento de facción para convertirse en un producto de consenso nacional.

La aprobación por unanimidad de sus 16 artículos simboliza lo que Arreaza denomina un «gesto de ternura» del Poder Legislativo, una metáfora que sugiere que la rigidez de la ley ha cedido ante la necesidad humana de reencuentro.

Uno de los puntos más críticos de cualquier proceso de amnistía es la definición de sus alcances. El ensayo de este modelo venezolano establece una distinción clara entre el perdón político y la impunidad criminal. «El efecto del perdón: el beneficio borra el delito y su registro, permitiendo una reinserción plena».

Destaca que se mantienen fuera del beneficio los crímenes de lesa humanidad, violaciones a derechos humanos, narcotráfico y homicidios.

Con más de 7.700 libertades plenas otorgadas y miles de solicitudes en revisión, las cifras demuestran que la ley no es una declaración de intenciones, sino un mecanismo operativo que está impactando directamente en la demografía carcelaria y en la tranquilidad de miles de familias.

Nuevo modelo de gobernanza

Más allá de lo jurídico, el discurso de Arreaza vincula la amnistía con una visión macro de la soberanía y la economía. La tesis central es que la paz interna es el requisito indispensable para la estabilidad externa. La normalización de relaciones comerciales con potencias globales y el retorno a sistemas financieros internacionales (como el SWIFT) se presentan como el dividendo económico de la reconciliación política.

Finalmente, el proyecto se asienta en la Comuna como estructura base. Al descentralizar el poder y otorgar a las comunidades la capacidad de planificar y administrar, se busca «desmontar el estado burocrático». La amnistía, en este contexto, funciona como el lubricante social que permite que estas estructuras populares operen sin las fricciones del conflicto partidista extremo.

El diputado asegura que la Ley de Amnistía se presenta como un puente sobre aguas turbulentas. Su éxito no dependerá únicamente de los decretos de libertad emitidos, sino de la capacidad de la sociedad venezolana para sostener ese «conversadito», esa cercanía con la gente, que propone el Ejecutivo. En última instancia, el perdón se revela no como un acto de debilidad, sino como una estrategia soberana para evitar la guerra y consolidar un modelo de convivencia que, por primera vez en años, parece poner el interés nacional por encima de la diferencia ideológica.