La reconstrucción del orden político en Venezuela

A más de 100 días del inicio de la gestión de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, Venezuela se posiciona como un fenómeno político que desafía los manuales tradicionales de crisis y transición. Lo que para la inteligencia extranjera y los centros de poder global debía ser un colapso inminente, se ha transformado en una ventana de oportunidad estratégica para la redefinición del Estado, bajo una dirección que prioriza la estabilidad frente a la fractura.

Durante su participación en el programa Análisis Situacional al presidente de Hinterlaces, Oscar Schémel, el periodista Diego Sequera revela que el país ha superado la fase de «conmoción y pavor» que buscaba imponer un orden mediante la desintegración nacional. A diferencia de las experiencias traumáticas en el Medio Oriente, la institucionalidad venezolana ha mostrado una plasticidad inédita, logrando una cohesión que impidió que las sanciones económicas —diseñadas para producir un quiebre interno irreversible— cumplieran su objetivo final.

Este «fracaso de la transición» convencional se explica, en gran medida, por el rechazo de una población que ha preferido preservar su normalidad y soberanía frente a los atajos violentos. Venezuela se presenta hoy como un contrasentido histórico: mientras que en el Norte Global los grandes oligopolios tecnológicos y financieros (los llamados Tech Bros) erosionan lo público, el proyecto venezolano intenta blindar el acceso a los bienes comunes, enfrentando una «doble insurgencia» que opera tanto desde el poder corporativo como desde las economías criminales.

Economía: Entre el pragmatismo y el retorno

En el plano económico, la gestión de Rodríguez se enfrenta al reto de reconstruir la casa desde los cimientos. La economía, entendida como el modo en que una sociedad habita su propio espacio, ha dejado de ser una abstracción de indicadores para convertirse en una exigencia de resultados concretos.

La reactivación de la industria petrolera y la discusión de una nueva Ley de Hidrocarburos no son solo medidas técnicas, sino herramientas para generar los retornos necesarios que financien el desarrollo nacional. En este escenario, emerge una mayoría pragmática: un sector social que, aunque no ha abandonado su carga ideológica ni su visión progresista de lo público, exige eficiencia y un Estado capaz de contener la avaricia del capital privado sin renunciar a su papel conductor.

La deuda del relato: Hacia un nuevo bloque histórico

Sin embargo, la estabilidad material no es suficiente. El analista quien es uno de los fundadores de Misión Verdad, sugiere que Venezuela atraviesa una crisis hegemónica donde la vieja gramática política ya no alcanza para explicar el presente. Existe la necesidad urgente de construir un «bloque histórico» gramsciano; una alianza de fuerzas vivas (políticas, económicas y culturales) que genere un nuevo relato nacional.

La Ley de Amnistía y la necesidad de sanar heridas profundas son los ejes sobre los que se juega la próxima etapa. No se trata simplemente de ganar tiempo en el tablero geopolítico, sino de renovar los símbolos y el lenguaje con los que la sociedad venezolana se proyecta hacia el futuro.

Afirma que el desafío actual es transformar la resistencia en una propuesta de mundo donde la cohesión social sea el activo más valioso frente a un orden internacional cada vez más incierto y caótico.