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La dependencia de la renta petrolera, la falta de decisiones jerárquicas en materia hacia el pago de la deuda externa y la falta de control tributario, han hecho avanzar el colapso económico que actualmente atraviesa Venezuela.

La necesidad de una transición económica que se apoye en la negociación del conflicto político, es vital para la nueva estructura económica del país. A ello se le suma el poco olfato político para controlar la sobreoferta petrolera que se fue creando y la poca demanda en el mercado energético, que ha buscado refugiarse en motores económicos que se han refugiado en la hiperinflación.

Esta situación que se ha venido agudizando desde 2017, se ha visto más afectada por las sanciones económicas, que ha generado más allá de la crisis política una crisis social. Sumado a esto hay un estancamiento visible en la resolución del conflicto interno que mantiene vivo el malestar social.

La voluntad política se mantiene en todos los escenarios, sin embargo, el desconocimiento y la falta de interés de negociación impide el desarrollo de nuevas posibilidades políticas para el país. Sumado a esto está el permanente desconocimiento de EE.UU. y la unión europea, al gobierno actual que trae como consecuencia que se de cualquier tipo de apoyo o financiamiento internacional.

Otro factor a destacar, es la ausencia de una política tributaria racional que permita al Estado aproximarse a compensar el hueco fiscal para salir de la presión tributaria en la que está estancada.

Mientras no se solucione el conflicto político, no se podrá dar paso a una transición económica que supere las sanciones aplicadas, ni a corto ni a mediano plazo.

A su vez el conflicto político no se resolverá hasta que Estados Unidos no acepte el liderazgo de Nicolás Maduro sobre la región.

Prensa Hinterlaces.

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