India Covid-19
Lecciones de India sobre la gestión de la COVID-19 en el mundo
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Desesperación y Dolor. Eso causan las imágenes que muestran en la India, hospitales abarrotados, centros que rechazan pacientes y piras funerarias ardiendo las 24 horas del día en los campos de cremación en la capital del estado, Lucknow, y otras ciudades importantes como Varanasi, Kanpur y Allahabad.

India ha registrado hasta la fecha más de 18 millones de infecciones, con 362 mil nuevos casos contabilizados en las últimas 24 horas. De los 18 millones de contagios, seis millones se reportaron en lo que va del mes de abril.

La nueva cepa Covid 19, que impacta de lleno con la dureza de una segunda ola, ataca sobre todo a la franja etaria que va de 30 a 50 años. No hay camas en los hospitales, no hay oxígeno, no hay medicamentos, las consultas online están saturadas y tampoco alcanzan las salas crematorias.

Las piras funerarias arden en todo el país, de forma improvisada y a contrarreloj. Estacionamientos, parques, cualquier área vacía en la capital se usa para las incineraciones.

Los críticos culpan al gobierno estatal, que tiene a Narendra Modi como figura política máxima, y al gobierno federal por no anticipar la segunda ola de contagios y denuncian que se hizo una pausa en los servicios sanitarios, entre septiembre y febrero, desaprovechando la ocasión para crear bancos de oxígeno, abastecerse de medicamentos, robustecer la infraestructura sanitaria y cuidar la salud de la mano de obra: médicos, enfermeros, camilleros, técnicos de laboratorio, trabajadores que hoy están extenuados.

Montañas de basura se apilan en el suelo. Ahí mismo yacen los cadáveres desnudando la grave crisis. No sólo en Nueva Delhi, personas con su sistema respiratorio colapsado mueren en las puertas de los hospitales sin lugar para internarlos.

El colapso sanitario

En los barrios, a veces hay electricidad, no tienen agua corriente ni servicios sanitarios — 58% de la población de la India carece de baños— y miles de almas sobreviven hacinadas en techos improvisados con plásticos, chapas, maderas, lo que se tenga a mano.

La sobrepoblación y la densidad de India hace que sea una incubadora perfecta para que este virus registre mutaciones», dice Ravi Gupta, profesor de microbiología clínica en la Universidad de Cambridge.

Con 240 millones de habitantes, Uttar Pradesh es el estado más poblado de la nacións y uno de los más afectados. Allí sólo hay un centro médico público por cada 9,5 millones de habitantes. Las clínicas privadas, con sus estratosféricos precios son inalcanzables para millones de personas.

Según la Organización Mundial de la Salud, OMS, India tardará al menos 17 años en alcanzar la cota recomendada de un médico por cada mil habitantes —ahora tiene 0,6—. Para lograrlo, tendría que crear, desde cero, 187 escuelas de Medicina.

El hecho, profundamente arraigado en su idiosincracia, de casarse tan jóvenes y tener muchos hijos dispara la mortalidad, explica Sanjay Kumar, director del departamento de Salud de Bihar, un estado que tiene 104 millones de habitantes y una problemática similar a la de Uttar Pradesh.

La muerte como resultado de la política negacionista de Modi

Recorrer las redes sociales en este presente pandémico invita a reflexionar acerca de los motivos por los que aún los Estados no han logrado la unidad que solicita y hasta hace llorar al Doctor Tedros Adhanom, director general de la Organización Mundial de la Salud, unidad imprescindible para salvar nuestras vidas.

India exhibe su ejemplo al mundo: por el abordaje negacionista del gobierno de Modi, se relajaron las restricciones, la distancia de seguridad, el uso de mascarillas y la prevención. Según médicos citados por agencias de noticias, los ciudadanos tenían más miedo a las vacunas que al virus, por las noticias que llegaban desde Europa y Estados Unidos. En enero y febrero en India muy poca gente concurría a los hospitales a vacunarse, tenían dosis de sobra. Hoy no pueden parar y saben que la vacuna es la única arma que tienen para contener la situación actual que ya alcanza dimensión mediática de crisis humanitaria. Mientras la vacuna llega, el oxígeno y las drogas antivirales se acumulan en el mercado negro y personas desesperadas desembolsan miles de rupias para salvarse como pueden.

Hasta al momento, India, con una población de 1.300 millones de habitantes, inyectó 150 millones de personas y a partir de este sábado el programa de vacunación abarcará a todos los adultos. La nación tiene 552 parlamentarios electos por voto popular, el Partido Popular Indio (BJP) es duramente cuestionado, al igual que Modi, por su actuación en la crisis y la realidad muestra al mundo que, un país que produce vacunas anticovid, necesita de la ayuda internacional para sobrellevar este drama.

Esta semana comenzó a llegar esa ayuda: dos aviones de Singapur aterrizaron en Bengala Occidental, con 256 cilindros de oxígeno. Un país de 1.300millones de habitantes recibió 256 cilindros de oxígeno.

Reino Unido, Unión Europea, China, EE.UU., entre otros, prometieron su ayuda. Italia, Nueva Zelanda, Hong Kong, Reino Unido y Estados Unidos prohibieron en tiempo veloz, vuelos directos desde y hasta la India. En Europa ya se detectaron casos de la llamada nueva variante de la India.

El reto mundial que nos deja la covid 19

La emergencia sanitaria mundial nos debe llevar a una profunda reflexión. ONU prevé que, en 2030, los países empobrecidos duplicarán la población urbana y llegarán a triplicar su superficie urbana actual. En los hechos, el centro de gravedad de las megaciudades ya está en esas regiones, y el 79% se encuentra en América Latina, Asia o África.

Según el indicador City600 de The McKenzie Institute, las tres cuartas partes del PIB mundial tienen su origen en los 600 centros urbanos más grandes del planeta. Y 440 de ellos están localizados en las llamadas economías emergentes o en desarrollo.

Resalta City600, que para el año 2025 las 20 principales mega-ciudades estarán ubicadas en estas regiones, encabezados por China e India. Y los barrios, nuestros barrios, son grandes focos de vulnerabilidad y uno de los mayores retos urbanos del presente.

Marcela Heredia

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