¿Cómo explicar a las nuevas generaciones el éxtasis de suspensiones de garantías constitucionales que duraban más de tres años? ¿O el método jubiloso de recuperar la mayoría parlamentaria ilegalizando a la oposición? ¿O la delicia de sufragar bajo el principio de “Acta mata Voto”? ¿Hubo mayor gozadera que manifestar cuando Betancourt ordenaba: “Disparen primero y averigüen después”? ¿Qué escribir para la prensa cuando clausuraban periódicos y el hijo de Andrés Eloy Blanco los censuraba? ¿Que saber a Venezuela sembrada de Teatros de Operaciones, campos de concentración donde se torturaba y desaparecía a cuanto ciudadano exigiera un cambio? ¿Donde diez mil compatriotas fueron asesinados en dos décadas por los cuerpos represivos? ¿Donde varios millares fueron inmolados el 27 de febrero de 1989 por protestar contra el Fondo Monetario Internacional? ¿Donde hasta el Presidente tuvo que ser encarcelado por ratero?
 
¿Será que la memoria es ingrata? ¿Pasará que no evocamos lo bueno? ¿Olvidamos el goce de cuando nos negaban el acceso a un club, un restaurante o una discoteca por ser morenos? ¿Añoraremos los buenos tiempos, cuando en los medios solo se aceptaban mulatos en papeles de cachifos, brujos, policías o malandros? ¿Cómo describir el júbilo en un país con más de millón y medio de analfabetos, donde solo tres de cada cien niños ingresados a primaria llegaba a educación superior? ¿Hubo regodeo mayor que el de una deserción escolar que entre 1990 y 1992 alcanzaba a 1.173.058 estudiantes, con repitencia acumulada que llegaba a 997.853? ¿Brillaron más la Moral y las Luces que cuando Caldera allanó a la Universidad Central con tanquetas, le quitó la autonomía y la ocupó por años? ¿Qué cuando retiró la Historia, la Geografía y la Educación Cívica de los programas de primaria por mandato de Estados Unidos? ¿Es imaginable mayor dicha que saber que a fines de los noventa se iba a aplicar un proyecto del Banco Mundial para acabar con la gratuidad de la educación universitaria?
 
¿Quiénes añoran esos tiempos, merecen vivirlos de nuevo? ¿Eran felices, y no lo sabían? ¿O eran felices, porque no sabían?

Luis Britto García