La historia de lo que ocurrió el domingo 5 de enero en la Asamblea Nacional venezolana es una narración incompleta. Los medios han contado fragmentos diferentes, que se contradicen y confunden. Presentan una realidad que a todas luces está fragmentada, manipulada para convencer a las audiencias de lo que los medios quieren posicionar.

No es nada nuevo. En Venezuela la polarización política ha impactado también a los medios y sus operadores. No obstante, la discusión sobre la ética y el equilibrio había podido conservar algunas fronteras en años anteriores. Hoy, todas han sido rebasadas.

Hinterlaces.net ha realizado un seguimiento desde finales de 2019 a la cobertura de medios en el parlamento nacional, con interés en cómo se mueven los medios de comunicación, alrededor de la figura de Juan Guaidó, expresidente del Parlamento. Los nuevos medios digitales que transmiten en vivo a través de redes sociales, son una trinchera del dirigente opositor.

A la vista de todos, no solo son complacientes, sino que le soplan datos, acuerdan con sus equipos de prensa detalles de la cobertura y completan las frases que deja sueltas. Ocurre lo contrario cuando un dirigente del chavismo declara, enfilan sus cañones y disparan su artillería más pesada de preguntas.

A pesar del importante apoyo mediático que tiene, Guaidó anunció recientemente acciones contra la multiestatal Telesur, que no está alineada con su línea editorial.

5 de enero, la realidad fragmentada

Que el periodismo fragmenta y arma los hechos para presentar una verdad manipulada, no es un hecho reciente. Se trata de un fenómeno que ocurre a escala mundial. En Venezuela, los dos extremos de la polarización política recurren a este recurso.

Sobre este tema, Hinterlaces.net consultó con Marco Teruggi, sociólogo y corresponsal de prensa de Telesur y Sputnik. «Desde que  Guaidó apareció en el 2019 autoproclamándose como presidente interino de Venezuela, ha existido una  ingeniería permanente y sostenida por parte de grandes corporaciones mediáticas para validar ese discurso. No existiría Guaidó como intento de creación de un Gobierno paralelo desde el año pasado si no hubiera junto, adelante y detrás, una gran arquitectura mediática. Eso se repitió a lo largo del año y se volvió a repetir con lo que sucedió en la Asamblea Nacional el 5 de enero; siempre hay un mecanismo similar que es el de presentar a Guaidó como una persona inocente, demócrata que intenta gobernar contra lo que sería un régimen autoritario y violento», dijo.

A este escenario, la socióloga venezolana, Maryclen Stelling agrega que estamos ante lo que denomina «narrativas polarizantes», que caracterizan a la construcción de discursos en favor de una parcialidad política, acompañados de otro fenómeno al que llama «la política de la fe (…) Por ejemplo en la religión católica hay misterios, un solo Dios y tres divinas personas, tu crees en ese misterio con fe, tienes que tener fe, no puedes cuestionar», explicó.

Para explicar su planteamiento, Stelling también recurre a los hechos del 5 de enero y cómo fueron presentados por los medios; «se han hecho cronologías de la  hora en que Guaidó llegó a la Asamblea, cómo no quiso entrar, se devolvió e hizo el show de subirse a la reja con una actitud de matón, pero que los medios potencian como la de un libertador. Eso lo creen fielmente los sectores más radicales de la oposición. El chavismo hizo una cronología distinta de los hechos, que la han ratificado algunos voceros de oposición, pero es una cuestión de fe. Tú crees en eso y no vas a querer decir que lo otro es cierto, estamos viviendo en la política de la fe en este momento», insistió.

Teruggi, quien estuvo presente en la sesión parlamentaria del 5 de enero, recalca que los medios, «han repetido, amplificado la versión de Guaidó que es una versión que plantea que se le prohibió entrar y la realidad es diferente. Eso va a seguir siendo así, porque como decía al principio, Guaidó no existe sin una gran ingeniería mediática que le da vida, lo protege, le lava la cara con permanencia, para que siga siendo ese personaje de merchandising internacional».

Para Stelling, el objetivo es presentar un acto simbólico que dé a entender que no se ha perdido la Asamblea, «que la trampa está del otro lado, que los seguidores de Guaidó lo vean como una gesta heroica e interpreten a su favor político una serie de gestos simbólicos que realizó. Creo que ahí hubo una muy buena coreografía, creo que eso no es nada azaroso», dijo

No obstante, coincide con Teruggi en que este tipo de narrativas, más allá de captar a un sector polarizado dentro del país, tiene como objetivo llegar a la opinión pública internacional, para «continuar posicionando a Guaidó, seguirnos aislando, estigmatizar aún más la gestión, la figura y el Gobierno de Maduro y de alguna manera irlo encerrando en una burbuja, estigmatizante y demonizadora».

Al acumular pronunciamientos de diversos países, en contra de la supuesta prohibición de entrada al parlamento, Guaidó logra su objetivo. «La narrativa que trascendió los límites de Venezuela es la narrativa de la oposición, en todo lo que ha sucedido en el 2019, las narrativas que se posicionan en el exterior en general, son las narrativas mediáticas o transmedia de la oposición«, ratificó Sttelling.

Agregó sobre este tema, que el sector oficial no ha logrado «romper el bloqueo y posicionar su verdad, la oposición es mucho más exitosa. Claro tienen apoyo externo, tienen financiamiento externo y desde el punto de vista transmedia, son más exitosos». Efectivamente, el enviado de Estados Unidos para Venezuela, Elliot Abrams, en una de sus alocuciones ratificó el financiamiento, no solo a grupos de parlamentarios, sino también a medios de comunicación que denominó como «prensa libre».

Y Fuera de esos polos ¿Qué hay?

Si la estrategia actual de los medios es reforzar la creencia de sus segmentos de audiencia, qué pasa con quienes están fuera de los polos. Según los estudios de Hinterlaces, el segmento de lo que se conoce como «Ni – Nis», o personas que no se identifican con ninguna parcialidad política, son el 53% de la población, es decir, una mayoría importante de venezolanos, que no encuentran un mensaje acorde con su realidad.

«Hay un país en el medio de esos polos, que existe y que no ha logrado imponer su narrativa. Hay algunas voces de oposición que han desmontado el montaje de la agenda Guaidó y la misma oposición los estigmatiza, los segrega. Entonces esa mayoría es víctima de la polarización, en un momento en que las narrativas y las voces despolarizantes estaban encontrando un espacio para el encuentro a través de la solidaridad, la subsistencia y la búsqueda del diálogo».

Durante la entrevista con Hinterlaces.net, Stelling sostuvo que las audiencias están inermes frente al poder transmedia. «De alguna manera somos una sociedad políticamente disociada, transmediáticamente disociada. Entonces allí yo diría que gran peso en cuanto a culpa lo tiene el liderazgo político y el poder transmedia.

Al ser consultada por posibilidades para encontrar versiones apegadas a los hechos, en el país se cuenta con herramientas como las discusiones que se dieron alrededor de la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, que favorecieron el surgimiento de Comités de usuarios, discusiones sobre análisis crítico de medios y otros debates que dan protagonismo a las audiencias frente a los mensajes que transmiten los emisores en sus distintos formatos.

Al momento de hacer las entrevistas para esta nota, durante los primeros días de enero, ocurrieron diversos hechos orientados al tema mediático que refuerzan las hipótesis acá planteadas. El anuncio de Elliot Abrams sobre financiamiento a medios en Venezuela en torno a Guaidó, el bloqueo de cientos de cuentas en la red social Twitter de instituciones y militantes chavistas y las acciones de Juan Guaidó para asumir control de la multiestatal Telesur.

Jessica Sosa