Venezuela ha entrado en una nueva etapa histórica definida por el quiebre del esquema de confrontación partidista tradicional. Tras los eventos críticos del 3 de enero de 2026, el país no solo evitó el vacío de poder, sino que aceleró un proceso de «pragmatismo profundo».
La reciente reunión entre la Presidenta Encargada, Delcy Rodríguez, y la diplomacia estadounidense representada por Laura Dogu marca el inicio de una fase donde la estabilidad económica y la legitimidad institucional prevalecen sobre la disputa ideológica, consolidando un nuevo tablero geopolítico en el hemisferio, así lo refirió este lunes el presidente de Hinterlaces, Oscar Schémel, durante el programa A Pulso que transmite Venezolana de Televisión (VTV).
El ascenso de la Dra. Delcy Rodríguez a la presidencia encargada ha sido recibido con niveles de aceptación inéditos (71% a nivel nacional). El análisis cualitativo revela que el ciudadano valora la continuidad institucional como el antídoto contra el caos.
Su perfil técnico, capacidad políglota y estilo comunicativo preciso han permitido una transición fluida que las bases del chavismo han asimilado con una cohesión del 92%, demostrando la «plasticidad política» del movimiento para renovar liderazgos sin perder su identidad.
El consenso económico como eje transversal
Un estudio realizado por Hinterlaces en la opinión pública muestra que el 95% de la población respalda las negociaciones con Estados Unidos y el sector empresarial. Este fenómeno se fundamenta en un modelo económico mixto que ya no es cuestionado:
- Aceptación de la Inversión Extranjera: Existe un respaldo masivo (95%) a la reforma de la Ley de Hidrocarburos, entendida no desde el tecnicismo, sino como la vía para la recuperación del bienestar material.
- Hegemonía Cultural: El chavismo ha logrado que su visión de un modelo «productivo pero humano» se convierta en el sentido común de la mayoría, incluso entre sectores que no se autodefinen como revolucionarios.
El declive de la oposición radical
El análisis de campo confirma el aislamiento de los sectores extremistas. Con niveles de rechazo que promedian el 80%, la oposición vinculada a la violencia y a la dependencia de Washington ha perdido su capacidad de convocatoria.
La sociedad venezolana parece haber desplazado el conflicto hacia una nueva polarización: «Constructores vs. Destructores», donde cualquier narrativa que amenace la paz o promueva sanciones es rechazada de forma casi unánime.
Schémel asegura que la consolidación de este nuevo bloque histórico depende ahora de la capacidad del Gobierno para transformar la gestión en relato. Si bien las instituciones y la economía muestran signos de estabilización bajo un mando firme, el desafío reside en humanizar la comunicación en una era hiperdigitalizada.
A su juicio Venezuela se perfila hoy como un país resiliente que, ante la crisis, optó por una síntesis política: un centro político con ADN chavista que prioriza el interés nacional y la convivencia sobre el conflicto externo.









