Las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela están transitando por el camino del diálogo y el entendimiento. El nuevo Gobierno de Gustavo Petro junto al Gobierno venezolano encabezado por su máxima autoridad el Presidente Nicolás Maduro, han restablecido mecanismos de comunicación con el objeto de construir una ruta de trabajo que permita atender los intereses en común. Marcando una notable diferencia con la inefable gestión de Iván Duque, el cual fungía como operador político del Gobierno de los Estados Unidos.

Desde Colombia se promovió incursiones de mercenarios en el territorio nacional, ataques a la moneda, contrabando de extracción, entre otras acciones que tenían como propósito fundamental la desestabilización política, económica y social como aporte a la agenda desestabilizadora para un cambio de Gobierno en Venezuela. En agosto del 2015, se procede a restringir la circulación de vehículos en la frontera con Colombia para febrero del 2019, se rompe relaciones diplomáticas con el hermano país.

Dar una revisión a los datos comerciales -importaciones y exportaciones- entre ambos países permite comprender en su justa dimensión el impacto económico que significaría la normalización absoluta de las relaciones comerciales bilaterales especialmente para Colombia, quien se ha encontrado siempre en una posición aventajada respecto de nuestra economía toda vez que la balanza comercial se inclina a su favor ya que exporta más bienes y servicios a Venezuela que los que de ella importa (superávit comercial). Ello, se refleja en cifras oficiales disponibles en el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE) de Colombia. La Balanza Comercial de los últimos 24 años (1999-2022), ha sido superavitaria para la economía colombiana.

Ahora, preguntémonos: qué motivó entonces, a que el hermano país se prestara a cumplir una agenda de injerencia y sanciones. La respuesta es fácil: por un lado, atender al compromiso servil con EEUU y, por el otro, potenciar el flujo comercial que se mueve en la economía de contrabando al evitar todo control, regulación, impuestos o aranceles – lo que igual le permitía colocar su producción dentro de nuestro mercado con mayores ganancias producto de la evasión – al tiempo que debilitaba el tejido productivo venezolano, obteniendo de igual forma grandes ganancias con la seguridad de contar con una gran ventaja: crear la necesidad de mercado que solo ellos pueden satisfacer – producto de la cercanía geográfica – lo que nos genera la emergencia de atender este asunto con visión geoestratégica, no es hora de ingenuidades ni recetas técnicas los intereses de una Nación (la nuestra) están en juego.

Desde luego que normalizar y restablecer formalmente el flujo comercial entre ambas naciones representa una medida no solo de la diplomacia y la economía sino, de la Defensa Integral de la Nación. Una gran victoria política sobre la agenda de EEUU, pero, además, una decisión acertada para normalizar y favorecer el entramado de relaciones – internas y externas – que requiere el actual escenario de crecimiento económico.

En este contexto, resulta necesario la implementación de un programa de recuperación y reimpulso de la actividad productiva que contemple a los estados Táchira, Mérida y Barinas con el objeto de incrementar progresivamente las exportaciones venezolanas hacia el mercado colombiano, generando una potencial fuente de ingresos en divisas – en el corto y mediano plazo – que contribuiría a la estabilidad de las Reservas Internacionales, aunado a la dinámica expansiva del empleo, el consumo y la inversión como elementos de suma importancia para la consolidación del crecimiento económico. Valdría la pena preguntarse si el potencial de esta región podría calificar como ZEE y qué grandes provechos pueden obtenerse si así lograre erigirse, a propósito de la recién promulgada LOZEE en el marco de la política económica integral que a todos nos ocupa. El reto está en no permitir que la agenda de trabajo entre ambas naciones se vea entorpecida por tecnicismos que generen burocracia y ralentización de los procesos.

Por Elio Córdova Zerpa/Cortesía Venezuela News