Venezuela madurez
Venezuela: La madurez alcanzable

El título es tomado, pero con un sentido inverso, del artículo de Alfredo Toro Hardy: “Venezuela: La madurez inalcanzable”. Al hacerlo, el objetivo no es refutar la argumentación presentada en ese texto, sino que al tener un carácter sugerente permite darle vuelo a la perspectiva de un destino, la madurez, cuya materialización no debemos descartar, por más que se nos presente como horizonte inaccesible.

Condensa Toro Hardy nuestra historia en una fatalidad, la recurrente ruptura con el pasado. “En Venezuela cuanto antecede a un régimen político emergente es desechable, digno de olvido. Cada nuevo régimen entraña la descalificación y la afirmación por contraste del anterior”. Una suerte de anhelo de “formulación de un proyecto nacional virginal”, de “un comenzar de cero”, como “el primer día de la creación”.

VIRGINAL

En una larga cadena de rupturas, desde la Independencia, la sucesión de Bolívar por Páez, la salida del gomecismo, el Pacto de Punto Fijo y el más reciente proceso iniciado en 1989, se ha cuestionado no solo lo malo del período anterior, sino todas las realizaciones. Una especie de corte permanente que ha creado una historia discontinua, el eterno retorno que entraña el inicio de una nueva época.

Estas reflexiones sirven de marco a Toro Hardy para aproximarse a la situación presente y observar, con inquietud, su posible desarrollo bajo los mismos parámetros de las repetitivas rupturas históricas: “La desaparición del régimen actual, cuando ésta se produzca, conllevará a su vez a un nuevo proyecto nacional virginal, a un comenzar de cero”. Es decir, no se avanzará hacia una síntesis y desarrollo pleno de las potencialidades, sino hacia un quiebre épico.

ALTERNANCIA

En realidad, no estamos obligatoriamente condenados a esta fatalidad del eterno retorno, por lo que el texto de Toro Hardy tiene pertinencia y valor como advertencia. Es posible otra evolución de los acontecimientos con mayores grados de madurez, que permita consolidar un modelo de convivencia entre intereses políticos y sociales contradictorios.

A una evolución en esta dirección contribuye la existencia de una correlación de fuerzas equilibrada, que no permite a ninguno de los intereses presentes en la sociedad imponerse completamente, de manera que es más adecuado recurrir a la expresión de alternancia en las posiciones del Ejecutivo, que apelar a una ruptura con el sistema o régimen vigente.

FREDDY GUEVARA

En recientes declaraciones, Freddy Guevara ha dado muestras de que sí es posible evolucionar hacia un esquema distinto al de las rupturas históricas: «No se trata de ignorar, no se trata de desconocer la historia, no se trata de hacernos los locos y pensar que ahora todos vamos a ser amiguitos, se trata de entender que ya se acabó la época en la cual una parte de las fuerzas políticas puede pensar que puede desplazar y eliminar a la otra».

La declaración no tiene el aire de un simple repliegue táctico, sino del reconocimiento de que no fue correcto el seguir el camino insurreccional cuando era viable el sendero institucional y electoral.

Del lado gubernamental también ha habido cambios y se visualiza el proceso político como una transformación que combina rupturas y continuidad, más que como una toma de la Bastilla. El sufragio universal y la economía mixta como bases del sistema permiten que los intereses contradictorios encuentren la posibilidad de alcanzar la madurez hasta ahora inalcanzable.

MADUREZ

Por supuesto, el conflicto venezolano no se reduce a su dimensión interna, sino que está envuelto en una contradicción entre el interés de Venezuela de ser soberana y el interés de Estados Unidos de que haga parte de su dispositivo geopolítico, lo que ha conducido a una exacerbación extrema de las tensiones, a la declaratoria de “amenaza inusual y extraordinaria” y a las sanciones.

Para avanzar en la resolución de esta contradicción, Venezuela pudiera reafirmar los principios de Vietnam, que guían su política de defensa: “Vietnam no se unirá a ninguna alianza militar, no se asociará con una de las partes para oponerse a otra y no permitirá que ningún país extranjero establezca una base militar”.

Y del lado estadounidense, sería necesario cerrar el capítulo de la doctrina Monroe, que hasta ahora define los parámetros de su relación con la región. Es decir, que su élite dirigente evolucione hacia un grado de madurez que deje atrás el supremacismo en sus relaciones con Latinoamérica. Así podremos “caminar juntos y respetarnos”.

Leopoldo Puchi / Cortesía El Universal