Joe Biden patotero
Joe Biden, otro presidente patotero

Con Joe Biden, 2021 se convierte en el año del repliegue, el año en que se intenta dar un viraje en relación al esquema ideado en la administración Trump.

Aproximarse a un balance del año que finaliza significa evaluar cuánto y cómo se modificó la situación inicial del conflicto en sus dos dimensiones, la interna y la que opone al Estado venezolano al estadounidense. Se trata de estimar en qué medida los acontecimientos y los cambios han permitido disminuir tensiones, lograr mayores grados de estabilidad y mejoras en las condiciones de vida de la población. También determinar si el camino recorrido en estos meses ha sentado las bases para continuar avanzando. Como los conflictos obedecen al choque de los intereses distintos de cada una de las partes, el horizonte inmediato no es el que desaparezcan, sino la construcción de fórmulas que permitan la convivencia por medio del manejo adecuado de las diferencias y la satisfacción de las necesidades de los factores en pugna.

INTERESES

El año se inició con el ascenso en Estados Unidos de un nuevo presidente, Joe Biden, que hereda, en relación a Venezuela, el fracaso de una estrategia diseñada para una “caída y mesa limpia”. Donald Trump y su equipo aspiraban lograr no solo una satisfacción de los intereses de Washington, sino que concebían esa meta de forma avasallante, total. Se trataba no solo del retorno de Venezuela a su “zona de influencia”, sino que se apuntaba a un mayor grado de subordinación que en períodos anteriores, porque sería el resultado de una intervención directa, en la que se había comprometido la propia Casa Blanca.

REPLIEGUE

Con Biden, 2021 se convierte en el año del repliegue, el año en que se intenta dar un viraje en relación al esquema ideado en la administración Trump. Aunque los intereses de Washington sobre Venezuela no desaparecen, se abre así la posibilidad de una negociación en la que ambas partes puedan encontrar satisfacción, al menos parcialmente.

Sin embargo, no ha sido mucho lo que se ha avanzado en esta dirección, entre otras cosas porque a la dirigencia estadounidense le cuesta admitir que tiene intereses geopolíticos en relación a Venezuela y que eso es un motivo del conflicto. Quizás esto se explica por razones de reputación, pero sobre todo porque no se considera conveniente –en particular los demócratas– que los intereses se muestren de forma descarnada, sino sublimados en discursos sobre valores democráticos o derechos humanos.

AVANCES

En otros casos, como el del conflicto con Cuba, se han adelantado negociaciones directas, como las que se realizaron durante el gobierno de Barack Obama. Pero en relación a Venezuela se ha adoptado un esquema de negociaciones indirectas, salvo en momentos puntuales como las gestiones de Richard Grenell, enviado de Trump, y Rogers Carstens, enviado de Biden para el asunto de estadounidenses procesados en el país. Ahora bien, el inicio de esas negociaciones indirectas, a través de mensajeros, y la creación del espacio de México es ya un avance positivo de 2021, que ha sido posible por el repliegue decidido por Biden.

Existía la expectativa de que en 2021 se aliviarían las sanciones y Washington dejaría de lado progresivamente la táctica del poder dual. Pero el bloqueo a la venta de materias primas a través de las órdenes ejecutivas ha continuado a lo largo del año, aunque con una aplicación menos intensa. Y no parece que existiera disposición, en lo inmediato, de retornar los fondos ni Citgo ni la sede de la embajada en Washington. 

EN LO INTERNO

En la dimensión interna del conflicto hubo avances en tres direcciones: adopción de una política económica que ha detenido la caída; la pacificación, reincorporación a la vía electoral de la mayoría de factores de oposición y algunos pasos, todavía incipientes, de reinstitucionalización.

En lo económico se siente una reanimación de la actividad privada, que cobra un peso mayor, una vez que la renta petrolera, aun con alguna recuperación, no juega el mismo rol que con anterioridad. Las facilidades, disminución de controles y regulaciones han contribuido a una estabilización macroeconómica que continuará brindando confianza si se mantiene la apertura.

En lo político, destaca la designación del nuevo CNE y la celebración de elecciones de gobernadores y alcaldes a las que compitieron la mayoría de los factores partidistas, con una participación  de votantes más elevada de lo que se esperaba.
Queda pendiente para 2022 un acuerdo en las negociaciones de México que facilite la alternancia en el Ejecutivo sin rupturas del sistema y garantice la cohabitación a mediano y largo plazo de las fuerzas en pugna.

Leopoldo Puchi/Cortesía El Universal