La Guaira, Venezuela. A dos semanas de los sismos que sacudieron al país, el padre José Numa Molina, sacerdote jesuita y acompañante espiritual de Ciudad Caribia, ofreció en Análisis Situacional una reflexión sobre la fe, el duelo y la reconstrucción tras la tragedia.
«La esperanza no se espera, se provoca»
Consultado sobre si es posible seguir creyendo en Dios frente al dolor, el padre Numa fue categórico: la fe funciona como un bastón que permite atravesar los momentos más oscuros. Para el sacerdote, Dios no es responsable de la tragedia, sino que «sufre con el pobre» y acompaña a quienes atraviesan la pérdida.
Sobre la esperanza, insistió en que no se trata de una actitud pasiva, sino de un compromiso activo: cada persona construye, con sus acciones diarias, la posibilidad de un mañana mejor.
El rostro de Dios en los rescatistas
El sacerdote destacó la labor de los equipos de rescate, tanto nacionales como internacionales, y puso especial énfasis en los rescatistas comunitarios que trabajaron «sin esperar nada a cambio». Según relató, de los 137 edificios de Ciudad Caribia solo siete resultaron colapsados, todos clasificados en color amarillo y aptos para reconstrucción, sin víctimas fatales en esa comunidad.
Un llamado contra la desinformación
El padre Numa cuestionó a quienes, según dijo, han buscado sacar provecho político de la tragedia difundiendo rumores y noticias falsas, y llamó a actuar con responsabilidad antes de reenviar información no verificada. Como ejemplo mencionó, a título de anécdota personal, un caso de desinformación originado desde Panamá.
La metáfora de la orquesta
El sacerdote cerró su intervención con una imagen: así como miles de músicos lograron una sinfonía perfecta tocando cada uno su instrumento, Venezuela solo podrá reconstruirse si cada comunidad —»por edificio, por calle, por urbanización»— aporta su parte desde la solidaridad y el encuentro.










