La importancia de estas elecciones deriva de su propia realización, en la medida en que este hecho apunta hacia la reformulación de los términos en los que se ha desarrollado el conflicto en los últimos años.

Por lo general, la valoración que se le da a un proceso electoral está vinculada con las expectativas sobre la correlación numérica que del evento pudiera surgir, más votos para uno de los competidores, menos posiciones en cargos electivos para otro. Un pulso de ganadores y perdedores como en los duelos deportivos, pero que en estos casos miden influencias y jerarquizan las porciones de poder de las fuerzas políticas representadas en el debate y las votaciones.

Sin embargo, las elecciones que se celebrarán el domingo 21 de noviembre deben ser interpretadas desde otra óptica de valoración porque su significado, en lo esencial, es diferente. En esta oportunidad, la importancia de estas elecciones deriva de su propia realización, en la medida en que este hecho apunta hacia la reformulación de los términos en los que se ha desarrollado el conflicto en los últimos años.

EL REPLIEGUE

De las coordenadas que marcan estas elecciones, vale destacar tres hechos que las preceden. Por un lado, el trauma del derrumbe de la economía nacional y el desvanecimiento de los logros de bienestar social. Por otra parte, el enfrentamiento del gobierno de Donald Trump con el Estado venezolano en términos extremos, cuasi bélicos. Y, finalmente, la derrota de la intervención de Washington, lo que resultó inesperado para sus protagonistas y muchos observadores.

Al fracaso de la estrategia seguida en función del interés geopolítico de EEUU, se le sumó el revés electoral de Trump y el ascenso de Joe Biden, lo que condujo a una reformulación de políticas en términos de un repliegue de las fuerzas sobre el terreno y de un viraje hacia los escenarios institucionales.

EL SIGNIFICADO

El repliegue decidido en Washington se ha traducido en la reincorporación a la actividad electoral de gran parte de los factores internos que acompañaron la estrategia de derrocamiento. También el repliegue, que no es retiro, se ha expresado en el envío de una misión de observación electoral de la Unión Europea, la presencia de un grupo de expertos de la ONU y de una delegación del Centro Carter.

De manera que el significado político de estas elecciones es que concretan en acciones prácticas el repliegue y la nueva estrategia. Así pues, aunque se diga que en estas elecciones no habrá grandes cambios, la verdad es que este hecho representa una enorme modificación de las coordenadas del conflicto político venezolano.

ACTUALIZACIÓN

A su vez, la concreción del repliegue de Washington permitirá que en las negociaciones de México, que seguirán su curso y apenas comienzan, se admita del lado gubernamental la actualización de un funcionamiento institucional fuertemente erosionado no solo por la pugna, sino también por la ausencia de controles y contrapesos, lo que se ha justificado con el argumento de la necesidad de solidaridades automáticas frente a un adversario considerado como implacable.

INCAPACIDAD

Los logros en estas elecciones no se miden solo en votos o en puestos. La verdad es que la oposición ya ganó mucho al reinsertarse, en poco tiempo, en la vía electoral y al acogerse al esquema de pacificación, luego de haber intentado la toma del poder “por otros medios”.

Sus fuerzas no eran tan grandes como se pensaba, al confundir descontento social hacia el Gobierno con fuerza propia. El mismo Elliott Abrams, al evaluar en un artículo las razones de la derrota de la intervención de Estados Unidos en Venezuela, remarca que en aquellos días “la oposición venezolana nunca fue capaz de mostrar a los ciudadanos que la eliminación del régimen conduciría a una mayor prosperidad para el país”.

La oposición, que está más debilitada hoy, al tomar el camino electoral gana la posibilidad de una progresiva recuperación.

REVISIÓN

Igualmente, para el sector gubernamental el éxito de las elecciones debe medirse no solo en el número de gobernadores y alcaldes, sino en las posibilidades que se abren para la revisión de políticas y la reconstrucción de un horizonte en el que una futura alternancia en el Ejecutivo no representaría una derrota mortal, sino un retroceso enmarcado en un acuerdo global construido en negociaciones, de convivencia y cohabitación entre fuerzas adversas.

En fin, para el país, gane quien gane gobernaciones y alcaldías, es un alivio y un éxito que el evento electoral ocurra, y que eso permita que se encamine hacia un proceso de recuperación de su economía y recomposición de las fuerzas políticas dirigentes.

Leopoldo Puchi / Cortesía El Universal