Facebook leyes
Facebook y las leyes antitrust

El gobierno estadounidense interpuso una demanda contra Facebook por monopolio. Esta acción busca forzar a Mark Zuckerberg a vender Instagram y WhatsApp. Jennifer Newstead, consejera general de Facebook, ha anunciado que la empresa cuenta con medios legales para defenderse ante los tribunales. Ahora bien, más allá de las tensas relaciones entre Facebook y el gobierno de los Estados Unidos, este hecho vuelve a poner en tela de juicio el debate sobre la relación entre las regulaciones del Estado, la competencia, el mercado y los monopolios.

Paradójicamente, el moderno conglomerado de redes sociales Facebook será juzgado apelando a una antigua ley antitrusts de 1890. También conocida como la “Ley Sherman”, se trata de un polémico instrumento jurídico que busca sancionar acuerdos anticompetitivos y sobre la cual se asentarán los demandantes de Facebook. Defensores radicales del liberalismo, han cuestionado históricamente esta ley por considerarla una violación del “Derecho de Propiedad” y una obstrucción al libre mercado.

La competencia y el derecho de propiedad constituyen los dos pilares fundamentales de las sociedades de mercado. A lo largo de la historia moderna la teoría económica ha construido innumerables modelos basados en el ideal de la denominada “competencia perfecta”. Según estas teorías la competencia perfecta supone la imposibilidad de oferentes y demandantes de manipular los precios a voluntad, la racionalidad de los agentes económicos, la simetría en la información, la inexistencia de barreras, haciendo del mercado un espacio de concurrencia equilibrada. No obstante, los más recientes hallazgos de las investigaciones científicas sugieren que la realidad del mercado dista mucho de sus idealizaciones.

Desde principios del siglo XXI hay un importante cambio paradigmático en el campo económico, permitiendo poner en cuestión radicalmente la idea de una competencia perfecta. Los premios Nobel del año 2000, Stiglitz, Akerlof y Michael Spence, fueron pioneros en la renovada preocupación sobre la “asimetría de la información” en los mercados. Fueron seguidos por los también premios Nobel Kahneman y Smith (2002) y por Richard Thaler en sus estudios sobre el comportamiento psicológico de los agentes económicos en los que destacan aspectos no racionales en el comportamiento económico.

Asimismo, podemos citar los trabajos sobre los “patrones comerciales” de Krugman y los estudios sobre las regulaciones del mercado de Jean Tirole, en los que se refiere la necesidad de regular las grandes corporaciones y su poder real en determinados mercados. Sin mencionar los renombrados estudios sobre la desigualdad de Piketty, Ha-Joon Chang, entre otros. Todos apuntan hacia un mercado muy diferente al de la teoría clásica, con competencia desleal, asimetrías, ventajas, presiones extraeconómicas y tendencias a la carterización y monopolios parecieran ser la norma en el mercado real.

Sin lugar a dudas, la teoría económica vuelve a revalorizar al Estado con un rol regulador entre los agentes económicos. Por supuesto, no se trata del retorno a los viejos esquemas de planificación económica centralizada, nacionalizaciones o intervenciones directas, sino del Estado como un defensor de los consumidores y un garante de las condiciones para la máxima competitividad. La discusión sobre la aplicación de la antigua Ley Sherman a la compañía Facebook es una prueba irrefutable de esta nueva valoración en la opinión pública y las élites políticas.

Antes bien, ya habían existido algunos antecedentes en la aplicación de esta Ley en 1945, cuando el gobierno estadounidense interpuso una demanda contra la Aluminum Co. Of América. Por otro lado, en los años 60, las agencias federales llevaron a cabo duras acciones legales contra la llamada “Gran Conspiración de la Industria Eléctrica”, en donde los siete principales empresarios de la industria eléctrica pagaron con multas, cárcel y venta de cuotas de sus respectivas empresas a otros competidores.

Aunque la “Ley Sherman” (como la Ley Clayton) tuvo mucha repercusión a mediados del siglo XX, había entrado en desuso en el umbral del siglo XXI. Tal vez el único antecedente reciente de un intento de aplicarla fue en el año 2000, casualmente contra otra empresa informática, en el conocido “caso Microsoft”. Sin embargo, luego de sentencias y apelaciones, este caso se resolvió de manera amistosa bajo un acuerdo menor entre Microsoft y el Departamento de Justicia.

En algún momento tecnoptimistas como el sociólogo Manuel Castells suponían que el internet sería imposible de monopolizar, debido a su relativo fácil acceso y la capacidad de emprendimiento que generaba la existencia de múltiples usuarios interconectados en todo el mudo. El tiempo demostró que el internet y el mundo de las tecnologías de la información y comunicación no escapan a la tendencia universal de hiperconcentración del capital.

Empresas como Facebook o Google no solo están demostrando una rápida capacidad de monopolizar la Web, sino que están siendo acusadas por recurrir a  las viejas prácticas de extorsión “sell or I`ll sink you” (vende o te hundo) contra competidores menores, entre otras conductas de competencia desleal y prácticas empresariales ilícitas. Facebook ya había sido interpelado desde el famoso caso “Cambridge Analytica”, debido al uso, venta y manipulación de datos personales. Esto abrió un debate novedoso con respecto a los emergentes “monopolios de los datos” y la necesidad del resguardo y respeto a los usuarios de estas plataformas. Ahora, también Facebook es interpelado por prácticas de carterización y monopolio clásico.

Queda en evidencia que las economías digitales serán el epicentro de las tensiones del capitalismo en el siglo XXI y el ciberespacio el lugar central de la disputa entre lo público, lo privado, los derechos de propiedad y los derechos del consumidor. Por otra parte, se pone de relieve la relación cada vez más tensa entre las regulaciones del Estado y los grandes emporios de la TIC. Esto no supone un debate exclusivo sobre eficiencia económica o intereses contrapuestos, sino que es un debate profundamente ético sobre el rumbo de nuestras sociedades y las características deseables para las nuevas dinámicas económicas y sociales que regirán al mundo.

Damian Alifa