La economía de EEUU en la era Trump

“Volveremos a ser grandes”, fue la frase que marcó la campaña y posterior victoria de Donald Trump en Estados Unidos en enero de 2017. En la actualidad la debacle en la economía del país norteamericano convierte aquella promesa en simple retórica.

Para el economista Nelson Ford, a quien hinterlaces.net consultó sobre la política económica de Trump, el presidente está de espaldas a la población más empobrecida, que según el Banco Mundial (BM) supera el 12% en el país, al contar con 40 millones de personas que viven por debajo de la línea de la pobreza

Esta opinión concuerda con un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), publicado en octubre de 2019, según el cual las políticas económicas de Trump «parecen deliberadamente diseñadas para eliminar las protecciones básicas de los más pobres, castigar a aquellos que no están en el empleo y convertir incluso la atención médica básica en un privilegio que se gana, en lugar de un derecho de ciudadanía».

Nelson Ford: nadie imaginó que una pandemia pudiese generar una recesión económica global

A esta compleja realidad se suma la paralización del país producto del COVID-19, que aumenta los niveles de desocupación, pero también pone en riesgo la economía del sector industrial. Para el especialista ni los premios Nobel de economía “se imaginaban que una pandemia pudiera generar un desequilibrio de una recesión económica global, pensaron que la estructura monetarista iba a conseguir mecanismos de ajuste”.

Sin embargo previo a la masificación del virus, el país alcanzaba un crecimiento anual de 4% y su Producto Interno Bruto (PIB) pasó de 19,5 billones en el año 2017 a 21,4 billones en 2019, pero ¿qué hay detrás de esas cifras y a costa de qué los números de la economía según Trump habrían podido elevarse? 

Detrás del telón de las cifras

El magnate que busca la reelección, ha gobernado EEUU como si administrara una gran empresa, entre sus polémicas acciones desde que llegó al poder, se cuenta la llamada “guerra comercial” que inició en marzo de 2018, al imponer aranceles a productos chinos, en al menos 50 mil millones de dólares.

Donald Trump, estructuró los niveles de negociación a través de un esquema de guerra fría, trasladando los aranceles, que son los catalizadores del comercio exterior, al plano político”, comenta Ford. 

Pero China no es el único país con quien Trump entró en conflicto, sus vecinos mexicanos debían pagar la construcción de un muro; al no lograr este objetivo, presentó un presupuesto de más de 5.700 millones de dólares para tal fin, pero la propuesta fue rechazada y generó el cierre parcial del gobierno a finales de 2018.

China es uno de los mayores tenedores de bonos de la deuda pública estadounidense

Ford enfatiza en que si Trump no “replantea la economía”, sus decisiones en torno a los países que adversa por sus políticas de orden progresistas, entre ellos: Irán, Venezuela y China, “se podría generar un caos al planeta”, al ser China uno de los principales tenedores de deuda pública estadounidense.

La simplificación en la legislación fiscal, fue una de las promesas que cumplió al exonerar de impuestos a los empresarios, lo que generó un déficit público de 2.2 Billones de dólares, cifra que queda registrada como histórica en la deuda con la Reserva Federal.

La repatriación de capitales en paraísos fiscales también suman, el presidente no sólo eliminó los impuestos corporativos, sino que propuso a la compañías estadounidenses traer de vuelta su dinero a cambio de un impuesto único de 10%.

Trump fortaleció la producción de hidrocarburos a base del fracking

Dominio energético a costa de calentamiento global

Su arrebato por elevar el PIB del país le ha llevado a apostar por la producción de hidrocarburos con base en el fracking, actividad que había sido rechazada por Barack Obama debido a la alta contaminación que genera su explotación.

De esta forma, no sólo dio la espalda a la cuota de compromiso para frenar el cambio climático, sino que retiró al país del histórico Acuerdo de París, tras asegurar que estas medidas eran la causa en la pérdidas económicas y empleos para el país.

Para Donald Trump el desarrollo de EEUU pasa por lograr que se concrete el dominio energético, por ello ha sido agresivo en el respaldo a la industria energética local y ha comprado la totalidad del esquisto que se produce en la nación. 

“Le he dado instrucciones al Secretario de Energía para que compre, a muy buen precio, grandes cantidades de petróleo crudo para almacenar en la Reserva Estratégica de los Estados Unidos (…) ahorrando a los contribuyentes estadounidenses miles de millones de dólares”, dijo en marzo pasado. La orden se cumplió.

COVID-19 y promesas no cumplidas

El cumplimiento de las promesas que hizo Donald Trump a inicios de su campaña electoral, es indispensable para que el magnate pueda continuar en en el Despacho Oval, pero los más de 1,23 millones de contagiados y las 71.921 muertes por COVID-19 que se registran hasta el momento, le dificultan esta tarea.

La crisis sanitaria y el poco tiempo para maniobrar en función de recuperar una economía golpeada por el coronavirus, lleva a Trump a desesperarse por levantar la cuarentena y restaurar la producción; pero de retomar la actividad económica, el número de contagios se elevaría de manera exponencial, pero en este episodio de su gobierno, el presidente de nuevo se inclina por las corporaciones y da la espalda a las políticas sociales.

La crisis sanitaria sólo pone en evidencia que las decisiones del presidente para mantenerse en el poder, han estado marcadas por una parcialización a favor de las clases privilegiadas y de espaldas a políticas sociales.

Emily Caro