La oposición venezolana que participa en el diálogo nacional se prepara para competir unida en las megaelecciones  del 21 Noviembre. La Alianza Democrática que se inició hace ocho meses con cinco organizaciones políticas, hoy está conformada por 21 partidos y movimientos de oposición que se plantean  la ruta electoral como única vía para recuperar los espacios políticos perdidos. A pesar de las críticas de sectores radicales, los líderes de la coalición  advierten que, “alternativas distintas han demostrado ser ineficientes y sólo han contribuido a prolongar la crisis del país”.

Ser o no ser

Al medirse en las elecciones parlamentarias de Diciembre del 2020, los partidos de la Alianza obtuvieron 20 escaños contra 256 de las fuerzas progresistas. Chavismo y oposición han logrado reinstitucionalizar la Asamblea Nacional, por lo que el parlamento es hoy un espacio de debate político de primer orden, lo que ha permitido el nombramiento de un nuevo Consejo Nacional Electoral, bandera de lucha de la oposición venezolana, y por otra parte consenso político contra el bloqueo y las medidas coercitivas contra Venezuela.

El frente opositor anunció que participará en bloque por gobernaciones y alcaldías, así como su disposición de liderar el referéndum revocatorio contra el Presidente Nicolás Maduro. Sin embargo el camino no será fácil, no sólo por la fuerza consolidada del chavismo y su maquinaria electoral que en 21 años sólo ha perdido dos elecciones, sino también por las contradicciones internas dentro de la variada y antagónica oposición.

Aunque la Alianza cuenta con la participación de dos ex candidatos presidenciales Henri Falcón por Vanguardia Progresista y Javier Bertucci de la organización El Cambio, entre ambos obtuvieron casi tres millones de votos en las elecciones presidenciales del 2008, el también ex candidato presidencial por la oposición Henrique Capriles afirma que faltan condiciones para ir a las elecciones aunque no descarta la posibilidad de participar.

Capriles, quien también fue gobernador del Estado Miranda, insiste en que no es suficiente con la conformación de un nuevo Consejo Nacional Electoral ya que considera que no pueden haber candidatos inhabilitados, ni presos políticos, así como opina debe concretarse el tema de la observación internacional.

El vocero de la Fuerza del Cambio también se  pronunció recientemente en apoyo a  la propuesta de Juan Guaidó de reanudar negociaciones con el gobierno de Nicolás Maduro con observación internacional,  aunque ha reiterado que “la oposición no tiene un líder, “nadie que sea un jefe”.

En el debate reiterado en las oposiciones venezolanas sobre participar o no en los procesos electorales, o sentarse a dialogar o no con el gobierno, se mantienen posiciones como la de la coordinadora nacional de Vente Venezuela, María Corina Machado para quien las elecciones de noviembre son “una farsa electoral útil al régimen de Maduro”. Machado cuestiona el acuerdo de salvación nacional propuesto por Guaidó y sostiene que al reconocer el Consejo Nacional Electoral automáticamente la presidencia interina está desconociendo su propia existencia.

Deshojando la margarita, la oposición venezolana  se mantiene dividida entre  participar o sabotear, convocando a la abstención o a situaciones que desestabilicen el país o ilegitimen el proceso electoral.  El chavismo por su parte logro remontar el revés electoral del 2015 y retomó la mayoría de  la Asamblea Nacional en las elecciones de Diciembre del 2020.

La división de la oposición ha marcado todos los últimos procesos electorales, con fuertes críticas y presiones contra quienes participan y llamados a la abstención o a la desobediencia. En el 2017, las fuerzas agrupadas en la Mesa de Unidad Democrática obtuvieron o mantuvieron 29 alcaldías con un total de 2.622.058 votos y 5 de 18 gobernaciones.

Fue también el año de nuevas convocatorias a las guarimbas y actos terroristas, que fueron aplacados ante la contundente votación en Julio para la Asamblea Nacional Constituyente que logro nuclear a bases opositoras cansadas de la violencia. Un año después, el Presidente Nicolás Maduro gana la reelección con el 67,8% de  votación, la oposición participo dividida por una parte con los  candidatos opositores Henri Falcón y Javier Bertucci, y por la otra llamando a la abstención.

Las megaelecciones de este año se desarrollan en el ajedrez que para la oposición supone el cambio de la posición norteamericana y gobiernos aliados en la narrativa de imponer un gobierno paralelo.  Guaidó a quien cada vez reconocen menos como Presidente, pierde vertiginosamente respaldo y sectores de la oposición insisten que su tiempo se acabó. A falta de un liderazgo que unifique a la oposición, las fuerzas de la Alianza Democrática apuestan a sus liderazgos regionales y ya anuncian candidatos.

Otros sectores coquetean con un regreso digno presionando con nuevas mesas de dialogo que los legitimen. Sobre las posibilidades de una mesa amplia de negociación el Presidente Nicolás Maduro propuso tres puntos de inicio; Levantamiento del Bloqueo, Reconocimiento de los Poderes Públicos y Devolución de los bienes y activos de Venezuela en el exterior. En su comunicado la Alianza Democrática destaca «aceptar las mediaciones y colaboraciones de países, grupos de países amigos y organismos multilaterales pero rechazan toda injerencia, tutelaje o amenaza belicista que impongan desde visiones foráneas, estrategias y tácticas no consensuadas en la sociedad venezolana» con lo que claramente se demarca de la propuesta de Guaidó de crear una alianza de frentes democráticos durante la cuarta Cumbre Anual de Democracias en Copenhague, para enfrentar “los regímenes totalitarios amparado en la Carta Democrática o la Responsabilidad de Proteger”. 

Las megaelecciones colocan nuevamente a la oposición en un laberinto multivario construido en estos años, en el que puede seguirse o no el camino correcto para la puerta de salida, o permanecer perdido en sus entrañas.

Anahí Arizmendi