Perú en disputa: aún no se conoce el resultado de la segunda vuelta presidencial.

Este domingo, más de 25 millones de ciudadanos estuvieron llamados a votar para decidir en segunda vuelta presidencial entre el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, y la representante de Fuerza Popular, Keiko Fujimori. 

Hasta el momento, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) reportó el 10 de junio que con el 99,998 % de las actas contabilizadas, Castillo consiguió 50,204 %, que equivale a 8.792.088 votos y Fujimori 49,796 % que suman 8.720.633 de votos. La participación electoral sobrepasó el 76 %.

Este jueves algunas figuras de la política latinoamericana y/o ex presidentes asociados al progresismo como es el caso de Rafael Correa ya felicitaron a Castillo por su triunfo.

Pero Evo Morales, ex presidente de Bolivia, fue enfático al sugerirle abiertamente que no confiara en la OEA ni Luis Almagro. La experiencia de su derrocamiento en 2019 le permite reflexionar sobre la importancia de cuidar uno por uno los votos.

Castillo: la nueva sensación del progresismo

Pedro Castillo, profesor que antes fue vendedor de periódicos, heladero y albañil, tiene 51 años. Se hizo conocido en 2017 porque lideró una huelga de maestros que duró 75 días. En abril pasado, bajo la ignorancia total de los medios de prensa fue candidato junto a otras 17 toldas políticas hasta llegar a esta segunda vuelta presidencial que tiene en vilo al país por la escasa diferencia de votos entre los dos candidatos. 

Paso a paso, Castillo logró calar en la ciudadanía con su apuesta por una Asamblea Constituyente que redactaría una nueva Constitución y por su propuesta de aumentar la presencia del Estado en sectores estratégicos y el fomento de la economía popular. Es el líder del sur andino y de las zonas mineras que arrastran altos niveles de pobreza y desigualdad. 

«No más pobres en un país de ricos» fue el lema con el cual se movió por todo el país buscando votos. 

Si gana, según lo adelantó Pedro Francke- integrante del equipo económico de Perú Libre-, se respetará la autonomía del BCR, se aplicarán salvaguardas para proteger la industria nacional y se fortalecerá el Instituto de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi).

Un plan de trabajo completamente contrapuesto al de Keiko Fujimori, limeña, apoyada por la clase empresarial por promover la inversión y el libre comercio. 

La gobernabilidad en un país polarizado

Luego de la denuncia de fraude electoral que hizo Keiko Fujimori se vislumbra una convivencia democrática controvertida entre las dos toldas políticas más grandes del país. 

El partido político de Pedro Castillo no tiene mayoría parlamentaria. El poder financiero local y los poderes fácticos transnacionales arremeten contra él y si ganara Keiko Fujimori, nadie sabe cómo hará para desprenderse de las denuncias por corrupción y los señalamientos por los 25 años de cárcel que paga su padre Alberto Fujimori condenado por crímenes de lesa humanidad y delitos de corrupción a quien, anticipó, planea indultarlo. 

A esto se asocian los temores de los ciudadanos. Keiko Fujimori -tres veces candidata a la presidencia-podría significar autoritarismo y corrupción mientras Castillo levanta recelos ante su desconocimiento y/o experiencia en la arena política lo que podría llevar a desastre económico y violencia política.

La campaña anticomunista ha sido feroz y hay votantes que votaron por Fujimori comprando la idea que la prensa peruana les vendió: Castillo implicaría ideas socialistas asociadas con Venezuela.

Plebiscito, revocación de cargos, autonomía territorial, reforma del poder judicial son temas volátiles y urgentes de abordar aunque ninguno tan urgente como la situación sanitaria. Perú tiene 180.000 muertos por covid-19 aunque sólo había informado de casi 70.000. A la fecha, un país que hace parte de la Amazonía, pulmón del planeta, no tiene oxígeno para sus pacientes covid.

Aunque el año pasado se endeudó por más de 100 años con un bono por 4.000 millones de dólares, la pobreza alcanza al 30 % de sus habitantes. El 83,9% de los trabajadores menores de 25 años no tienen trabajos formales.

Esa ciudadanía emergente, la Perú invisibilizada, es la que está cambiando el mapa de la República exigiendo a los, aún candidatos presidenciales, deliberación y acercamientos de posturas para evitar la repetición de la historia: en un país que, desde Alberto Fujimori hasta Martín Vizcarra, ha tenido seis presidentes con procesos judiciales, condenas, destituciones del Congreso e incluso el suicidio de uno de ellos- Alan García-, la crisis política siempre está a la vuelta de la esquina.

Marcela Heredia