López Obrador
La propuesta de López Obrador

El sábado 24 de julio, durante un acto conmemorativo del natalicio del Libertador Simón Bolívar, en la antesala de la reunión de la CELAC, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador propuso sustituir a la Organización de Estados Americanos (OEA) “por un organismo verdaderamente autónomo, no lacayo de nadie”.

“La propuesta es, ni más ni menos, que construir algo semejante a la Unión Europea, pero apegado a nuestra historia, a nuestra realidad y a nuestras identidades”, acotó López Obrador.

De inmediato se conocieron reacciones, algunas de respaldo a la iniciativa, como la del presidente boliviano, Luis Arce, y otras de rechazo, como la de la canciller colombiana, Marta Lucía Ramírez.

DISYUNTIVA

Ahora bien, la propuesta de López Obrador no se refiere a un simple asunto organizacional o a un organigrama. Las instituciones, como se sabe, consagran y sistematizan relaciones. En realidad, lo que se plantea es la adopción de una nueva visión política y económica de la región y de sus relaciones con Estados Unidos, desde una óptica nada convencional, puesto que apunta a reformular los lazos de interdependencia, pero en términos distintos a los que han existido hasta ahora.

En este sentido, López Obrador dijo: “ya es momento de una nueva convivencia entre todos los países de América (…) Hay que hacer a un lado la disyuntiva de integrarnos a Estados Unidos o de oponernos en forma defensiva”.

De manera que es desde esta óptica que se crearía una nueva organización regional. Una redefinición de vínculos geopolíticos en América, que pudiera ser acompañada por Washington, si los sectores progresistas de ese país logran desprenderse de la visión de predominio que también los arropa.

FIDEL CASTRO

No es la primera vez que desde Latinoamérica se realiza este planteamiento para una cooperación en términos diferentes a los de la subordinación. Esta fue la prédica inicial de Fidel Castro, expuesta en su discurso pronunciado ante el denominado Consejo Económico de los 21, en Buenos Aires, el 2 de mayo de 1959.

Estimaba Castro que el desarrollo económico era un asunto básico para América Latina, y que para resolverlo era indispensable la integración de un mercado latinoamericano y establecer con Estados Unidos una relación de beneficio mutuo. Para aquel momento, dijo Castro, los técnicos de la delegación cubana habían calculado que se necesitaba una financiación de 30 000 millones de dólares en un plazo de 10 años.

“¿Y cómo podemos obtenerla?”, se preguntó en su discurso, y la respuesta que dio fue: “Podemos obtenerla solo de Estados Unidos y solo mediante financiamiento público”. Y explicó que así había actuado EEUU en Europa y en el Cercano Oriente, pero no en el hemisferio.

Lo que nosotros estamos planteando no es algo que afecte los intereses económicos de Estados Unidos (…) El comercio entre nuestros pueblos y Estados Unidos aumentará en la misma medida en que nuestros pueblos se desarrollen”. Y sentenció: “Es de conveniencia no para uno, sino para todos”.

PERSUASIÓN

El líder cubano pensó en mayo de 1959 que era posible alcanzar una relación de cooperación: “Si nosotros argumentamos correctamente y sin temor (…) la opinión pública y el gobierno de Estados Unidos se persuadirán de estas verdades”. Y destacó que apenas unos días antes “tres senadores norteamericanos habían dado algunos pasos en ese sentido”.

Ahora es el turno de López Obrador, quien confía que en esta ocasión sí puedan reformularse las relaciones entre Latinoamérica y Estados Unidos en términos de cooperación, puesto que considera que “en la actualidad hay condiciones inmejorables para alcanzar este propósito de respetarnos y caminar juntos”.

OEA

Ya conocemos cómo evolucionaron los acontecimientos después de aquel discurso de Fidel Castro en el que expresó que la argumentación lograría el objetivo de persuadir. Ahora son otros tiempos, de una multipolaridad en la que destaca el crecimiento “desproporcionado” de China, al decir de López Obrador, quien propone, de nuevo en 2021, “dialogar con los gobernantes estadounidenses y convencerlos y persuadirlos de que una nueva relación entre los países de América es posible”.

Quizás esta nueva realidad sea más persuasiva que aquella de la bipolaridad de la Guerra Fría. En todo caso, y por el momento, los gobiernos de distinto signo deberían aprovechar la ocasión para sustituir a la OEA, porque si hay algo cierto, es que el modelo “está agotado, no tiene futuro ni salida y ya no beneficia a nadie”.

Leopoldo Puchi / Cortesía El Universal