LEGISLAR TELETRABAJO
¿Urge legislar sobre teletrabajo? Una aproximación al escenario en Venezuela

La pandemia por COVID-19 ha lanzado a la calle a millones de trabajadores en el mundo. La necesaria reorganización de la actividad laboral sigue en búsqueda de un equilibrio entre cuarentena y producción. Mientras tanto, el teletrabajo se presenta como una de las alternativas para mantener la actividad productiva, aunque gran parte de la vida económica se desarrolla de forma presencial. En varios países se han aprobado legislaciones especiales y en otros se están discutiendo. En el caso venezolano, la experiencia reciente de formación a distancia colocó los pro y los contra del teletrabajo en el debate. La posibilidad de una ley especial está sobre la mesa.

Incluir ajustes en los contratos

El Acuerdo Marco Europeo sobre Teletrabajo (Bruselas, 16 Julio 2002), define esta actividad como «una forma de organización y/o de realización del trabajo, utilizando las tecnologías de la información en el marco de un contrato o de una relación de trabajo, en la cual un trabajo que podría ser realizado igualmente en los locales de la empresa se efectúa fuera de estos locales de forma regular».

Según un Informe de la Organización Internacional del Trabajo OIT los países donde más se práctica el teletrabajo son Finlandia, Suecia, Países Bajos, Colombia, Japón y Estados Unidos. En el marco de la pandemia algunas naciones como España, alcanzaron cifras históricas, ubicando al teletrabajo en 7,9%. Antes del coronavirus, Colombia y Argentina lideraban la participación regional de trabajadores en esta modalidad laboral y para este año la nación austral aprobó su Ley de Regulación del Teletrabajo.

Experiencias de formación a distancia como el plan «Cada Familia, Una Escuela», aplicado en Venezuela para la culminación del año escolar, colocaron la reflexión en la necesidad de una legislación específica en materia de Teletrabajo. Temas como el tiempo y horario que virtualmente deben dedicar las y los maestros a sus responsabilidades y la atención individual o grupal a las y los alumnos, los costos de la renta telefónica, internet y problemas de conectividad, son preocupaciones comunes con la modalidad de formación a distancia en el ámbito universitario.

Carlos López, Coordinador Nacional de la Federación de Trabajadores Universitarios de Venezuela, destaca que alrededor del 70 por ciento de los 80 mil docentes activos en la universidad pública, cumplieron su semestre en la modalidad de teletrabajo.

Señala que se está trabajando para incluir varias propuestas a través de ajustes en las contrataciones colectivas, y aunque considera que la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, la Ley Orgánica del Trabajo, los Trabajadores y las Trabajadoras (LOTTT) y la Ley Orgánica del Sistema de la Seguridad Social), protegen a todas y todos los trabajadores no descarta la posibilidad de impulsar el debate de una Ley específica sobre Teletrabajo.

El tema adquiere también una perspectiva de género. Las mujeres son más proclives a este esquema laboral que les permite compaginar trabajo y familia. No obstante investigaciones en el contexto del Covid, demuestran que las madres que teletrabajan soportan la mayor parte del estrés del confinamiento, ya que asumen la responsabilidad educativa de sus hijos e incluso colaboran con el teletrabajo de sus parejas. Lo que prende las alarmas sobre la “nueva normalidad” y los derechos de las mujeres.

La Organización Internacional del Trabajo recomienda ocho aspectos que deben considerarse para fomentar la igualdad entre los trabajadores a domicilio y los otros trabajadores: el derecho de los trabajadores a domicilio a constituir o a afiliarse a las organizaciones que escojan y a participar en sus actividades; la protección de la discriminación en el empleo y en la ocupación; la igualdad en materia de remuneración; la edad mínima de admisión al empleo o al trabajo y el derecho a ser incluidos en la protección social. La OIT también considera que deben ser incluidos en los contratos los aspectos vinculados con la protección en materia de seguridad y salud en el trabajo; la protección por los regímenes legales de seguridad social y el acceso a la formación.

Dada la experiencia del teletrabajo en el mundo y el uso laboral de las plataformas digitales y redes de comunicación otros derechos laborales han sido motivo de novedosas legislaciones. Tal es el caso del «Derecho a la desconexión fuera del horario de trabajo» que se conceptúa como la limitación al uso de las tecnologías de la comunicación para garantizar el tiempo de descanso y vacaciones de los trabajadores.

Entre los elementos comunes en materia legislativa sobre este derecho, se encuentran el establecimiento de limitaciones al uso de las tecnologías de la comunicación (mensajerías y correos electrónicos en su mayor medida) para garantizar el tiempo de descanso y vacaciones de los trabajadores.

En legislaciones como la española se establece que «el empleador, previa audiencia de los representantes de los trabajadores, elaborará una política interna dirigida a trabajadores, incluidos los que ocupen puestos directivos, en la que definirán las modalidades de ejercicio del derecho a la desconexión y las acciones de formación y de sensibilización del personal sobre un uso razonable de las herramientas tecnológicas que evite el riesgo de fatiga informática. En particular, se preservará el derecho a la desconexión digital en los supuestos de realización total o parcial del trabajo a distancia así como en el domicilio del empleado vinculado al uso con fines laborales de herramientas tecnológicas».

Teletrabajo con visión social

Aunque no hay cifras sobre cuántas personas pueden estar trabajando bajo el esquema del teletrabajo durante la pandemia, la OIT estima que 27% de los trabajadores en los países de altos ingresos podrían teletrabajar desde su casa. Una oportunidad para adaptar nuevas modalidades laborales en una coyuntura que, según cifras de la organización, redujo en 60 por ciento el ingreso de 1600 millones de trabajadores de la economía informal y ocasionó la pérdida de 105 millones de empleos.

Entre las ventajas que se le atribuyen a esta modalidad se encuentran la conciliación de horarios familiares y laborales, mayor autonomía y flexibilidad, ahorros de servicios y suministros para la empresa y mayores niveles de productividad.

No obstante, el trabajo a distancia como consecuencia del coronavirus, plantea debates en foros internacionales tales como: las líneas entre la jornada laboral y el tiempo libre lo que ocasiona un aumento del estrés y la posibilidad de riesgos para la salud mental; la sensación de aislamiento y perdida de objetivos para algunos trabajadores, la imposibilidad de las aulas virtuales de suplantar el reconocimiento social del trabajo, así como las desigualdades laborales que se generan ante el acceso o no a la tecnología digital.

Respecto a las secuelas físicas, una empresa británica creó un modelo de empleada a distancia a futuro, si no se adecuan las rutinas que hasta ahora se practican con el también denominado homeworking.

En el ámbito financiero, el «Foro Internacional sobre Teletrabajo en las TIC y los Servicios Financieros», organizado por la OIT el año pasado, identificó problemas relacionados con ciberseguridad, privacidad y exposición a información confidencial y problemas psicosociales relacionados con el aislamiento y la dificultad de establecer límites entre la vida laboral y familiar.

En el 2014, y ante el ausentismo laboral como consecuencia de las guarimbas de la convocatoria a «La Salida», en Venezuela, desde la Comisión Nacional de Telecomunicaciones, Conatel, se avanzó en un enfoque del teletrabajo como una política de estado que permitiera liberar tiempo para las y los trabajadores y responder a realidades diversas como las ausencias de los trabajadores por problemas de transporte, salud, responsabilidades en el cuido de personas con necesidades especiales, entre otras.

El periodista William Castillo, Presidente entonces del organismo, destaca como positiva la experiencia con varios trabajadores, que al combinar unos días de teletrabajo y otros presenciales, con apoyo y seguimiento efectivo en sus tareas, incrementaron su calidad de vida y productividad laboral. La experiencia fue sistematizada y presentada en su momento al Ministerio de Planificación, como un aporte a lo que podría ser una política pública que combata el trabajo alienante y fortalezca derechos laborales.

Castillo considera que se pueden construir alternativas de nuevos esquemas laborales, que contrasten la visión capitalista del teletrabajo en Estados Unidos y Europa, que tercerizan procesos, para contratar trabajadores por ejemplo desde Asia, a menor costo y sin responsabilidades en materia de seguridad social.

«La pandemia nos obliga a toda la sociedad venezolana a un debate serio, sin perjuicios y sin falsa ilusiones, sobre la posibilidad, desde una perspectiva social, de que una parte del trabajo en la administración pública y en los procesos administrativos de las empresas, se realicen bajo otros esquemas laborales. La ANC podría propiciar un dialogo amplio con argumentos técnicos y sociales, sobre lo que podría ser una oportunidad para liberar tiempo para la vida y combatir la alienación del trabajo».

Ante la presencia del Covid el teletrabajo sigue creciendo. Empleadores y trabajadores apuntan hacia la necesidad de establecer reglas claras en una forma laboral que ha demostrado fortalezas y debilidades.

Anahí Arizmendi