Jake Sullivan, Consejero de Seguridad Nacional de Joe Biden, en un artículo del Foreign Affairs declaraba que para Estados Unidos «la era de acercamiento con China” había llegado “a un abrupto final».

De manera que es necesario preguntarse si también para los otros países del hemisferio, «la era de acercamiento con China ha llegado a un abrupto final».

En el contexto de las nuevas definiciones de Washington, ¿podrán mantener los países de la región relaciones estrechas con potencias de otros continentes o deben asumir la actual estrategia de seguridad de Washington? ¿Es Venezuela parte del conflicto entre potencias? ¿Debe Latinoamérica agruparse en una alianza para hacer frente a China y Rusia?

POTENCIAS

Ya no hay dudas de que se está ante un conflicto mundial entre grandes potencias. Hay quienes lo interpretan como guerra comercial y otros apuntan hacia una nueva guerra fría. Seguramente, con el tiempo la guerra de hoy adquirirá su propia denominación, como aquella llamada “Gran Guerra” o la otra, la “Segunda Guerra Mundial”.

Se utiliza con mayor frecuencia la referencia a la Guerra Fría porque se cree, o se espera, que no habrá combates militares directos, al menos de gran magnitud, aunque está claro que nada o poco de “ideología” hay en la actual conflictividad.

TUCÍDEDES

Los grandes protagonistas del conflicto mundial son EEUU y su zona de influencia europea, China, Rusia y de alguna manera Irán, y la pugna central es la que opone Beijing a Washington. Estas dos potencias se disputan la supremacía mundial en un pulso que ha sido interpretado desde la perspectiva de “la trampa de Tucídedes”, como lo hace Vladimir Padrino López en una reciente publicación. Con ello, se hace referencia al evento histórico de la guerra del Peloponeso, que sirve para ilustrar la crisis que se genera cuando un poder en ascenso amenaza al poder establecido.

“LOS ALIADOS”

Joe Biden ha dejado claro que China y Rusia son sus enemigos potenciales y ha reiterado la necesidad de forjar alianzas contra estos. Lo ha reafirmado en su visita a Europa y su equipo ha insistido en la “influencia maligna” sobre Latinoamérica y el Caribe. Incluso, hay quienes han intentado hacer una analogía con “los aliados” enfrentados a la Alemania nazi.

EEUU ha establecido un acuerdo con el Reino Unido, Dinamarca y Noruega para vigilar la flota de Rusia en la zona nórdica. Del mismo modo, Londres anunció que se convertiría en un actor en Asia y calificó a Rusia de amenaza. También decidió aumentar su arsenal nuclear a un total de 260 ojivas, como disuasión frente a Rusia y China. Y en la zona del Indo-Pacífico se intenta agrupar a EEUU, la India, Japón y Australia con el mismo fin.

TRUMP

Fue Donald Trump quien estableció el nuevo horizonte estratégico de su país durante su mandato. En 2017, cuando pocos políticos estadounidenses apuntaban en esa dirección, Trump anunció en un discurso ofrecido en el Centro Ronald Reagan de Washington la nueva estrategia de seguridad nacional, en la que se expresa que potencias como Rusia y China se han erigido como poderosos rivales y amenazas.
Luego, a propósito de la pandemia del Covid-19, que se conoció por el brote en la ciudad china de Wuhan, Trump aprovechó la oportunidad para exacerbar los ánimos contra la potencia asiática, acusada de haber desarrollado el virus y de haberlo expandido hacia occidente.

WUHAN

Aunque los demócratas no lo acompañaron en la denominación de “virus chino”, la población sí se sensibilizó y con el paso de los meses, lo que era una orientación de seguridad nacional compartida por unos pocos en el establishment, terminó convirtiéndose en una idea-fuerza de la élite dirigente en su conjunto, hasta el punto de que ya nadie recuerda que fue Trump quien diseñó esa política.

Ahora, en el G-7 y en la Otan, Biden ha apuntado con firmeza contra China como “una creciente amenaza”, y hace poco durante una entrevista televisiva llamó “asesino” al presidente de Rusia, Vladimir Putin.

NO ALINEADOS

De nuevo la interrogante: el cisma de dos campos, de un lado Estados Unidos y sus aliados europeos, con sus matices, y del otro China, Rusia e Irán ¿obligará a los demás países a escoger entre los dos polos?

No necesariamente, si se quiere preservar la independencia nacional y contribuir a una solución del conflicto en términos de una salida negociada que consagre un mundo multipolar. Y es tal vez el momento para la creación de un nuevo movimiento de países no alineados, como aquel iniciado en la conferencia de Bandung.

Leopoldo Puchi / cortesía El Universal