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Bielorrusia: La lucha política en el corazón de Europa

El domingo 9 de agosto se celebraron las elecciones presidenciales en Bielorrusia. De acuerdo a la Comisión Electoral Central, el actual mandatario Alexander Lukashenko, ganó la contienda luego de obtener el 80,08% de los votos. Su principal competidora, la opositora pro-occidental Svetlana Tijanóvskaya habría obtenido el 10,09% de los votos.

Tijanóvskaya dio a conocer a través un comunicado que no reconoce los resultados y que están listos para iniciar una serie de protestas a largo plazo, presentó una denuncia ante la Comisión Electoral Central para exigir la invalidez de los resultados, solicitar un recuento de votos, o la repetición de la elección. Por último el ministro de exteriores del país vecino Lituania, indicó que Tijanóvskaya se encontraba en la nación Báltica.

Inicio de las protestas y configuración de fuerzas

Apenas finalizada la elección y habiendo definido la oposición bielorrusa su posición, miles de personas comenzaron a congregarse en la ciudad capital Minsk para manifestarse contra los resultados electorales. Los gobiernos de Estados Unidos y Alemania, algunos portavoces de la Unión Europea y un Comunicado conjunto de Polonia y Lituania marcan el apoyo hacia la oposición bielorrusa y generan dudas sobre la transparencia de los comicios. Por su parte los gobiernos de Rusia, China, Venezuela enviaron sus respectivas felicitaciones al presidente Lukashenko por su reelección.

Bielorrusia es un país de 9,5 millones de habitantes y 207.600Km2 de superficie. Se encuentra ubicado en el medio de una disputa geopolítica muy importante en Europa donde occidente, comandando por EE.UU., UE y la OTAN buscan continuar el avance hacia el este para ejercer presión sobre la Federación Rusa, siendo los acontecimientos del año 2014 en Ucrania conocidos como EuroMaidán la última ofensiva exitosa de occidente. Al respecto, el ex-asesor de Seguridad Nacional de EE.UU. Zbigniew Brzezinski argumentaba lo siguiente: “(…) Aunque eso llevará tiempo, no es demasiado pronto para que Occidente (que entretanto deberá reforzar sus vínculos económicos y de seguridad con Kiev) empiece a considerar la década del 2005-2015 como una franja de tiempo razonable para iniciar la progresiva inclusión de Ucrania, reduciendo con ello el riesgo de que los ucranianos teman que la expansión de Europa se detenga en la frontera polacoucraniana”.

Rusia y Bielorrusia son países que comparten altos niveles de interdependencia económica, así como estrechos vínculos en materia de flujo y movilidad de personas en sus fronteras, idioma, cultura y otros. No es de extrañar entonces que el presidente ruso Vladimir Putin haya instado a Lukashenko a profundizar el proceso de integración regional en el marco de la Unión Económica Euroasiática y la Comunidad de Estados Independientes «así como los vínculos políticos y militares en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva». Buscando de esta manera seguir manteniendo a Bielorrusia en la esfera de influencia de Moscú.

Importancia del eje Kiev, Varsovia y Vilna

Ucrania, Polonia y Lituania conforman un eje que sostiene el frente de presión sobre Rusia en Europa conocido como el triángulo de Lublin. Ya hemos visto cómo desde el Euromaidán se consumó el viraje de Ucrania hacia occidente, sin embargo, la solución a los conflictos en la región del Donbás están lejos de resolverse hasta el momento, lo cual impide que la postura y retórica de Ucrania hacia Moscú vaya en una línea más dura. Polonia es, en el seno de la Unión Europea, uno de los actores con una postura incluso agresiva, al punto que recibirá sin inconvenientes parte del contingente de tropas estadounidenses que saldrán de Alemania, y es uno de los principales países cuya retórica se centra en la amenaza rusa. Lituania, de los tres países bálticos, es el que tiene una línea y postura más pro-occidental y afín a la Unión Europea. En el marco de las protestas en Bielorrusia el triángulo de Lublin se pronunció a través de un comunicado haciendo un llamado a las autoridades bielorrusas para respetar los derechos fundamentales de la población. De cara al futuro esta plataforma articulará políticas y cada vez más ejercerá presión sobre Bielorrusia para que al igual que Ucrania haga un viraje hacia el oeste e inicie un proceso de apertura, acercamiento e integración con la Unión Europea. Vemos entonces, que Bielorrusia y su cercanía términos estratégicos con Moscú le brindan un contrapeso ante la agenda de expansión de la OTAN.

Retos para el nuevo mandato de Lukashenko

Posterior a la disolución del bloque soviético, en el año 1996 la Federación Rusa y la República de Bielorrusia firmaron un tratado de Unión Económica con miras a fortalecer ambas economías, posteriormente en el año 1999 firmaron un Tratado de Unión para federar ambas naciones en un mismo Estado. Este proceso no siguió con la misma celeridad durante la primera década del siglo XXI, las asimetrías de ambas economías y diferencias en cuanto algunos enfoques del proceso lo han retrasado más de lo que se pensaba aún y cuando la aprobación por parte de la ciudadanía no había variado mucho desde el periodo soviético. Respecto a esto, Stephen White en un estudio plantea: “En un referéndum realizado en 1991 para consultar la continuación de la Unión de Repúblicas en el espacio Soviético y cuya participación fue del 80%, más del 76% votó a favor; Los bielorrusos (83%) se mostraron incluso más entusiastas que los ucranianos (70%) y los rusos (71%), y los votantes de Asia Central fueron más entusiastas que cualquiera de ellos”.

En medio de este juego regional de poder que configura muchas cosas de cara al equilibrio de la Política Internacional, el presidente Alexander Lukashenko también deberá buscar y encontrar fórmulas de equilibrios para que Bielorrusia pueda mantener y conservar una política propia e independiente a pesar de las exigencias, demandas y ofrecimientos de ambos bloques de poder.

Por su parte, la oposición bielorrusa insiste en desconocer los resultados de las elecciones, reconocer a Svetlana Tijanóvskaya en la presidencia de la República y conformar un “Comité de Salvación Nacional”. Controlar esta situación sería una de las prioridades para el nuevo mandato de Lukashenko, pero los retos y desafíos que plantea el entorno son mucho más grandes y más apremiantes. Si Bielorrusia quiere mantener voz propia en el gran enfrentamiento estratégico de las grandes potencias Euroasiáticas con EE.UU. y Europa, podría ver el ejemplo que Irán e incluso Turquía le están dando al resto del mundo.

Juan Sanabria