Luis Gavazut

Nuestros recientes informes de Sala Situacional marcan un rumbo interesante: En Venezuela, la preocupación de la población por los problemas estructurales que padecía antes de la pandemia, superan el miedo a un posible contagio por COVID-19.

En tal sentido, Hinterlaces.net consultó con el analista económico Luis Enrique Gavazut, para vislumbrar los posibles escenarios de la economía nacional en un futuro post pandemia, en medio de las diversas dificultades nacionales, que van desde las sanciones coercitivas impuestas por Estados Unidos, hasta las fallas en los servicios públicos del país y el suministro de gasolina.

¿Qué escenarios vislumbra para el país una vez levantada la cuarentena?

Los escenarios no son muy diferentes que los previsibles antes de la cuarentena. A principios de año señalé que mientras se mantenga la producción petrolera en torno a 1 millón de barriles diarios y a un precio en torno a 50-60 dólares el barril, nuestra economía no iba a estar peor que en 2019. Por debajo de esa cota en el volumen de producción, el escenario sería peor. Esto se debe a la dependencia que tiene la economía venezolana de la industria petrolera como prácticamente única fuente de exportaciones rentables. Si a esto se suma el desmoronamiento global del mercado petrolero por culpa de la pandemia por COVID-19, es evidente que la economía venezolana va a empeorar a lo largo de 2020. Sin embargo, ese empeoramiento tal vez no sea tan dramático como aparenta, porque nuestra economía ya de por sí se encuentra en niveles de actividad muy disminuidos y, conforme la actividad económica tiende a cero, el ritmo de la caída se desacelera porque, paradójicamente, ya se ha caído mucho. En otras palabras, dado el tamaño actual de la economía nacional, cada vez queda menos margen para seguir decreciendo.

¿Es pertinente mantener la cuarentena en el país en el ámbito laboral, dada la situación de la economía nacional?

No es pertinente, no es conveniente ni tampoco deseable, pero es una necesidad impuesta por las circunstancias sanitarias globales. Lo ideal sería que la mayor cantidad de personas pudieran mantener, siquiera parcialmente, su actividad económica, sobre todo en el caso de los 4 a 5 millones de personas que viven actualmente de la economía informal (aunque la mayoría de estos desempeñan actividades priorizadas, sobre todo el comercio de alimentos). Aquí influye no solamente la imposibilidad de trabajar, sino además la caída de la demanda y, por ende, de las ventas potenciales. Como parte de una investigación que estoy desarrollando en este momento, comparto algunos elementos:

Sobre la Vulnerabilidad del Empleo frente a la Grave Crisis de 2020

En el Sector Privado Informal

1. Se registran, en 2018, 4.602.595 trabajadores por cuenta propia, equivalentes al 31,43% de toda la población en edad de trabajar, ocupada del país. Es precisamente este grupo ocupacional el más vulnerable a la actual situación de pandemia por COVID-19 y a las medidas que para cuya contención ha instrumentado el gobierno (cuarentena domiciliaria), dado que por regla general se trata de trabajadores que viven de su actividad diaria y cualquier impedimento compromete su subsistencia a muy corto plazo.

2. Los buhoneros y bachaqueros, todos ellos comerciantes informales, pudieran llegar a representar hasta el 61,42% de todos los trabajadores por cuenta propia del sector informal. Es cierto que muchas de estas personas viven al día de su actividad informal, aunque también pudiera ser cierto que muchas otras no tanto así. Es sabido que esta economía en la sombra ha venido generando ganancias exorbitantes, al punto de constituir la base sobre la cual se han montado extensas redes mafiosas de comercio ilegal. Esto lleva a pensar que, aun cuando probablemente no la mayoría, exista un número significativo de estas personas que hayan alcanzado un cierto nivel de acumulación de rentas que les permita afrontar con holgura el confinamiento sanitario que se ha adoptado en el país a raíz de la pandemia de COVID-19.

3. Cabe considerar dentro del sector informal al empleo manufacturero generado por las microempresas (menos de cinco trabajadores) y los talleres artesanales. No obstante, es probable que muchos de ellos se dediquen a actividades esenciales que sí están autorizados a seguir trabajando durante el confinamiento sanitario (alimentos y otros productos esenciales de la cesta básica) y, por ende, pueden continuar generando ingresos.

4. El notorio incremento de formas socioproductivas alternativas (cooperativas y sociedades de personas), la mayoría clasificadas como informales por tener menos de cinco asociados y/o por no ser jurídicamente formales, representa una fuente de trabajo e ingresos para una fracción pequeña de la población en edad de trabajar ocupada (690.158 personas equivalentes a 4,71% de la población ocupada total), pero que se ha venido expandiendo y ha persistido a lo largo del tiempo. Igual que en el caso del empleo manufacturero, esta categoría ocupacional podrá continuar generando ingresos en la medida en que se dediquen a actividades autorizadas.

5. Aun cuando muchos servicios, sobre todo los prestados en el caso de las microempresas y trabajadores por cuenta propia, como por ejemplo barberías, salones de belleza, restaurantes, mecánica automotriz, entre otros muchos, no están incluidos en las actividades esenciales no sometidas a la prohibición por cuarentena, la vinculación de estas microactividades al ámbito de proximidad física de las personas que las realizan, hace prever que, conforme se prolongue el confinamiento sanitario y siempre y cuando existan condiciones de demanda a pequeña escala, comenzarán a prestarse en la sombra. Estas ocupaciones podrán previsiblemente mantener un nivel mínimo de actividad que les proporcione ingresos para sobrellevar la crisis.

6. Caso distinto, lamentablemente, es el de los deportes y diversiones, que abarcan la miríada de emprendimientos que en años recientes ha proliferado en el ámbito cultural y recreativo, como restaurantes, bares, agrupaciones musicales y culturales en general, entre otros. Todas estas actividades no podrán seguir obteniendo ingresos hasta tanto no se levante significativamente el confinamiento sanitario y la situación económica de los consumidores potenciales permita sostener un mínimo de demanda que los siga haciendo económicamente viables.

7. Las personas en ocupaciones del sector primario (agropecuarias, caza, pesca, forestal y afines), se presume que pueden sobrevivir incluso a pesar de que sus ingresos disminuyan, porque tienen acceso directo a los alimentos que ellas mismas producen.

8. Los transportistas, por su parte, podrán continuar generando ingresos porque es una actividad autorizada, pero solo una parte de ellos, tomando en consideración la caída en el suministro de combustible y la caída de la demanda debida al confinamiento sanitario.

En el Sector Privado Formal

1. El Gobierno se ha comprometido a pagar las nóminas de las empresas formales y posiblemente también de las microempresas que logren registrarse y ser objeto de ese beneficio, las cuales puede preverse que sean muchas. Sin embargo, es sabido que numerosas empresas –incluso pequeñas- pagan a sus trabajadores remuneraciones dolarizadas mucho mayores que la escala salarial en bolívares que el gobierno reconocerá. Estas empresas no podrán continuar haciéndolo debido a su paralización por las medidas de control de la pandemia COVID-19, lo cual implica una precarización inminente de las rentas percibidas por los hogares a los que pertenecen las personas ocupadas en el sector privado formal.

2. No obstante, las rentas acumuladas en esos hogares, la posibilidad del teletrabajo –justamente en las ocupaciones de nivel directivo y de mayor profesionalización- al igual que el universo de empresas que sí pueden continuar funcionando durante el confinamiento sanitario, en las áreas de producción agropecuaria primaria y secundaria, industria farmacéutica, transporte, logística de distribución y servicios de comercialización en esas áreas, al igual que los servicios de salud, transporte colectivo, telecomunicaciones, e incluso los restaurantes que puedan continuar rentablemente despachando a distancia (que sí están autorizados a trabajar), constituyen importantes excepciones a la precarización previsible de la remuneración laboral en el sector privado formal.

¿Cuál es el rol del desabastecimiento de gasolina en este panorama?

Muy grave. Sin gasolina es imposible mantener las actividades económicas, incluso las más esenciales. Es imperativo que el Gobierno nacional resuelva este problema con prontitud o las consecuencias sociales, económicas y, por ende, políticas, no se harán esperar. Es imposible mantener la estabilidad del Gobierno sin gasolina. La intervención de Irán me parece muy positiva, no solo para salir de esta coyuntura, sino para fundamentar en ella y en su ejemplo histórico la superación de nuestra actual dependencia económica.

¿Es posible reanimar la industria nacional, si efectivamente se reactiva la refinación de gasolina?

La energía es fundamental para cualquier actividad económica, incluyendo la actividad industrial. Sin embargo, no es por la falta de gasolina que la actividad industrial en Venezuela se ha venido desmantelando a lo largo de los últimos años. La causa es la falta de inversión. La inversión privada en Venezuela depende de las expectativas que tienen los empresarios acerca de la disponibilidad y garantías de un buen retorno en divisas sobre sus inversiones. El Estado no puede garantizar ese retorno mientras no cuente con un ingreso fiscal en divisas suficiente para inyectarlas a la economía nacional (dado que el sector privado no exporta y, por ende, ha sido históricamente incapaz de generar divisas que alimenten la oferta del mercado cambiario nacional). Tan es así, que los venezolanos tienen posiciones internacionales en divisas muy altas (en torno a 170.000 millones de dólares solo en activos líquidos), pero ese capital no será invertido mínimamente en el desarrollo de las fuerzas productivas del país hasta tanto el gobierno no les garantice un suministro suficiente de divisas baratas que les permitan seguir acrecentando sus posiciones internacionales en activos líquidos y otras inversiones en el extranjero. Solo un cambio de mentalidad y una apuesta sincera por Venezuela puede hacer que esos capitales privados sean invertidos en el país en ausencia de renta petrolera. La otra opción es que sea el Estado quien acometa la inversión productiva nacional e impulse el desarrollo de nuestras propias capacidades en ciencia y tecnología, única salida viable frente a las medidas coercitivas unilaterales impuestas por la hegemonía atlántica sobre nuestro país.

¿Se puede hablar de una recuperación económica en el contexto del bloqueo estadounidense, a mediano plazo?

Definitivamente sí. Pienso que en Venezuela tenemos absolutamente todo lo que necesitamos para superar la dependencia económica. No solo nuestros recursos físicos en abundancia, sino también nuestro capital humano crecientemente profesionalizado y preparado, incluso para afrontar los retos de la era digital. Todo depende, en mi opinión, de que el Gobierno asuma que no hay incentivo posible que atraiga la inversión de los privados en Venezuela como no sea el reparto a manos llenas de las divisas baratas del Estado. Por lo tanto, cuanto antes se convenza de que el camino a seguir es el del desarrollo de nuestras propias capacidades en ciencia y tecnología, tanto antes saldremos adelante sin que el bloqueo impuesto por la Hegemonía Atlántica pueda impedirlo. Pienso que Irán es un excelente ejemplo a seguir para nosotros.

Jessica Sosa